jueves, 6 de agosto de 2015

Ciudadanos quiere imponer una escuela laicista y mixta


La formación de Albert Rivera confirma su pretensión de eliminar los conciertos educativos que incluyan la educación diferenciada por sexos. Así lo ha declarado Matías Alonso, número tres del partido, en una entrevista para el programa de Intereconomía ‘Mediodía en Directo’. Además, el también diputado autonómico del Parlamento de Cataluña ha señalado que el sistema educativo que se propondrá desde Ciudadanos será laico, excluyendo así a todas aquellas familias que deseen una educación confesional.

Ciudadanos sigue, de esta forma, la estela del PSOE en Andalucía, formación que también ha intentado hacer viable esta propuesta hasta que el Tribunal Superior de Justicia andaluz decidió fallar a favor de la libertad de los padres. Desde la formación socialista se empeñan en tachar al modelo de antipedagógico porque "rompe con el principio de igualdad que debe prevalecer en la enseñanza sostenida con fondos públicos", tal y como señaló en un comunicado la Consejería de Educación de la Comunidad.

Ya lo adelantó Albert Rivera

"Que se lo pague cada uno". Es la frase decisiva con la que el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, sentenciaba en una entrevista concedida a El Periódico de Catalunya el eterno debate educación diferenciada -la que separa a niños y niñas-) sí, educación diferenciada no. La suya es la postura del no o, desde luego, del no con dinero público. En concreto, cuando se le pregunta si deben seguir recibiendo subvenciones las escuelas que diferencian a los alumnos por sexo, el joven político señala que respeta mucho a quien confíe en otros métodos para educar a sus hijos, "pero que se lo pague cada uno. La educación de servicio público, la que pagamos todos, debe reflejar el modelo de la sociedad, en la que todos vivimos conjuntamente.”

En esta posición, el de Ciudadanos se alinea con la izquierda más radical, que ha perseguido siempre desde el poder estos conciertos educativos, tratando de imponer un modelo ideológico único en las escuelas.
Es el mismo argumento, el de Rivera, de quienes quieren aislar el castellano en Cataluña y apuestan por una educación pública en catalán y, quien quiera otra cosa, que se la pague. Pero, ¿se sostiene este argumento? Lo cierto es que la Declaración Universal de Derechos Humanos recoge, en el artículo 26, que "los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos”. En España, este reconocimiento se concreta en el artículo 27 de la Constitución, que establece que la educación básica es obligatoria y gratuita y que los poderes públicos deben garantizar "el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones". Con la ley en la mano, el Estado está obligado a ofrecer una educación pública y gratuita, pero cómo ha de ser esa educación es un derecho que recae sobre los padres. De ahí que la Justicia española, ante la insistencia de los gobiernos de izquierda por erradicar este modelo, haya reconocido siempre la constitucionalidad de la educación diferenciada y la oportunidad de que el Estado la subvencione, siempre que ésta trate por igual a niños y niñas, tal como explica a Gaceta.es la Asociación Europea de Educación Diferenciada.

Reconocimiento de la educación diferenciada

Tanto la ONU como la UNESCO junto con diferentes instituciones internacionales han señalado los beneficios de la educación diferenciada. Tanto es así que en países como Francia, Italia, Alemania, Inglaterra, Bélgica y Noruega comienzan a proliferar los colegios con este tipo de sistema educativo. Según los expertos, este modelo garantiza el éxito escolar, otorga más oportunidades a los estudiantes, favorece la cohesión social y mejora el clima en las clases, entre otros motivos.
La formación naranja apuesta así por la educación laica y mixta obligando a los padres a que tengan que llevar a sus hijos a un colegio privado si quieren que reciba una educación diferenciada o confesional. Sin embargo, Ciudadanos incumpliría el principio constitucional de libertad de enseñanza y el artículo 26.3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. 
Asimismo, sorprende que Ciudadanos haya apostado por una medida tan radical imponiendo un sistema de educación mixto y laicista, mostrando el reverso del sistema educativo franquista en el que los padres que apostaban por una educación laica tenían que pagar por ella.

Podemos y los enchufes: el efecto de votar al que reclama más poder para los políticos

La formación de ultraizquierda abunda en el mismo nepotismo que la 'casta'

 

   
El año pasado apareció Podemos a modo de alternativa frente a la vieja política. Durante meses se han hartado de llamar “casta” a los representantes de los grandes partidos.
Si pides más gasto público, más Estado y banca pública, entonces pides corrupción
Podemos: la jeta de despotricar contra la corrupción con Venezuela como referente
Pactando con corruptos y subordinando el bien de España a sus intereses
Sin embargo, desde las pasadas Elecciones Locales y Autonómicas del 24 de mayo, Podemos no ha tenido reparos en abrazarse a parte de esa “casta”, concretamente al PSOE, a pesar de que el partido fundado por Pablo Iglesias -me refiero al ferrolano- acumula casos de corrupción cuyo importe se cuenta en miles de millones de euros. Igual que los grandes partidos, Podemos no ha tenido reparos en pactar con el nacionalismo, incluso con las marcas electorales de ETA. Siguiendo los pasos que dieron antaño el PSOE y el PP, que han subordinado tantas veces el interés y el bienestar de toda la Nación a sus intereses partidistas, Podemos ha llegado a ofrecer la ruptura de España y el derribo de nuestra Constitución como pago al apoyo electoral del nacionalismo. Al igual que la “casta” a la que tanto viene criticando, al igual que el PP y el PSOE, Podemos no tiene reparos en sacrificar el bien común para su propio beneficio. Es más de lo mismo.
Podemos y sus marcas, un medio de colocar a amigos y familiares
De igual forma que lo han hecho durante años los grandes partidos, estas últimas semanas hemos visto los descarados “enchufes” de los políticos de Podemos y de sus marcas patrocinadas: Ada Colau enchufando a su novio, su número dos enchufando a su pareja, Manuela Carmena enchufando al marido de su sobrina, y “Kichi” -alcalde podemita de Cádiz- enchufando a cuatro compis del partido después de una farsa de concurso público a la que se presentaron más de 400 aspirantes que, bendita ingenuidad, debieron pensar que la política del “dedazo” había acabado.
¿No bastaba con votar a un político que fuese bueno?
Algunos se sentirán contrariados por esta serie de enchufes. ¿Cómo ha podido ocurrir, si los de Podemos eran “los buenos”? Y en esa pregunta está la clave de todo este tinglado de nepotismo en el que se ha convertido nuestro Estado: si toda posibilidad de regeneración pasa por confiar en la bondad de un político, sin limitar su poder, entonces tenemos más de lo mismo, es decir, más enchufes y más golfos que hipotecan el futuro de España a cambio de que partidos minoritarios les den su apoyo para así hacerse con la poltrona y mantenerse en ella, a cualquier precio.
Si das más poder al político, le das más oportunidades de corromperse
El hoy líder de Podemos ya dijo en 2013 que la existencia de medios privados, según él, ataca la libertad de expresión, que es como decir que la presencia de personas de diversas razas en nuestra sociedad es una muestra de racismo. Con ello dejó muy claro que Podemos, igual que los grandes partidos, no aspira a limitar el poder político, sino a ampliarlo aún más, ejerciendo un mayor control sobre la sociedad y, en consecuencia, erosionando aún más nuestros derechos y libertades. Cuando se da a los políticos todos los medios para ejercer un poder cada vez más ilimitado, lo que se tiene es una clase política cada vez más corrupta, a la que no le tiembla la mano a la hora de enchufar a amigos o familiares a costa del contribuyente, y que no duda en perjudicar a toda la Nación sin con ello obtiene más poder o más tiempo en el mismo. Entérense ya, señores votantes de Podemos: ustedes votan “casta”, y una casta tan mala o peor que la otra, porque Podemos aboga por expandir el poder del Estado aún más que los demás, y expandir ese poder implica expandir las posibilidades de que los políticos se corrompan.

COLUMNAS A LA SOMBRA DE AGOSTO

Pablo Iglesias.
PD
 
 

Alfonso Merlos hace sangre con el retroceso de Podemos: "¿Dónde se halla el ascenso de estos ufanos chicos, los plusmarquistas de la arrogancia antisistema y del optimismo de Barrio Sésamo?"

Antonio Lucas: "Las fuerzas menguantes de Pablo Iglesias lo han contado todo tan deprisa y tan en tele que en este momento no saben qué contar, más allá de no contar con Grecia"

 
Variaditas de temas vienen las columnas de este 6 de agosto de 2015. El CIS, el sobrinísimo político de Manuela Carmena, Luis Cueto o las horas contadas que parece tener la jueza Alaya para seguir al frente de la investigación del gran fraude de este país, los ERE fraudulentos en Andalucía:
Arrancamos con el ABC y con la columna de Luis Ventoso. El articulista enfría cualquier ánimo que pudiera haber en el seno del Partido Popular respecto a la encuesta del CIS publicada el 5 de agosto de 2015. Sí, Rajoy ganaría las elecciones, pero su victoria sería aún más amarga (Pedrojota Ramírez dixit) que la de José María Aznar en 1996:
La encuesta del CIS merece ser considerada. El motivo que la convierte en la más fiable es sencillo: el Estado se gasta la pasta, con 2.500 entrevistas en persona y a domicilio, lo que arroja un margen de error del +/- 2% (las de los diarios suelen quedarse en mil entrevistas telefónicas y el error supera el 3%). Tras estudiarse bien la de ayer, Rajoy caminará meditabundo cuando hoy se levante al alba para su marcha rápida en bermudas por los pagos vírgenes de Doñana. Los datos no le dan para enfriar el champán. Incluso podrían dibujar sus últimas vacaciones en el palacio presidencial de las Marismillas.
Precisa que:
Cierto que el PP ha aumentado su ventaja sobre el PSOE: de 1,3 a 3,3 puntos. Y es verdad también que el partido del gran Sánchez tiene un pulso anémico: empeora en casi cuatro puntos el memorable castañazo de Rubalcaba en 2011. Pero el PP se puede volver a encontrar a fin de año con su amarga paradoja de mayo: una victoria insuficiente, honrosa, pero que al final lo desaloja del poder. El vicesecretario popular Maíllo, encargado de valorar el CIS, hizo bien evitando todo triunfalismo. Se limitó a un cauto «hay partido».
La victoria de Rajoy en 2011 fue de una contundencia excepcional, por el lógico hartazgo con Zapatero. Pero lo perdido por el PP en esta legislatura es mucho: Rajoy sigue 16,4 puntos por debajo de su espectacular mayoría absoluta. Y eso a pesar de que el trabajo de campo de la encuesta se llevó a cabo cuando ya se visualizaban los estragos del populismo de izquierdas, con el corralito griego y los vidriosos pactos Podemos-PSOE. Para visualizar el alcance del problema de Rajoy basta con señalar que el CIS le concede un resultado 11,2 puntos peor que cuando perdió con Zapatero en 2008 (aunque entonces todavía no le había brotado el callo de Ciudadanos y gozaba del monopolio del centro-derecha).
Y mete más el dedo en la llaga monclovita:
Si quiere amargarse del todo su espléndida mañana en Doñana, el presidente puede echar la cuenta que hemos hecho todos los aficionadillos: la suma de PP y Ciudadanos supone el 39,3% del voto, según el CIS, mientras que la de PSOE y Podemos arroja un 40,6%, que alcanza un 44,3% con la marchita IU. Hoy ya no cabe engaño: si a Pedro y Pablo les salen las cuentas, realojarán a Mariano en su piso de Aravaca aunque haya sido el más votado.
Concluye que:
Una economía en manos de Pedro y Pablo sería una verbena con resaca de las crudas. A Rajoy solo le queda esa carta: «O yo, o ya saben...». Si cala, seguirá. Pero para ello necesita más llegada audiovisual y un empresariado a la inglesa, valiente y comprometido con el que mal que bien es ya el único partido pro negocios.
Por su parte, Mayte Alcaraz pone el acento en el sobrinísimo político de la alcaldesa de Madrid:
Con la marcha de Antonio Miguel Carmona de la Portavocía municipal del PSOE, en Madrid solo parecen quedar voces femeninas: las de Manuela Carmena (Ahora Madrid), Esperanza Aguirre (PP), Purificación Causapié (PSOE) y Begoña Villacís (Ciudadanos). Sin embargo, en el Palacio de Cibeles quien más manda no es una mujer. Es Luis Cueto Álvarez de Sotomayor. El jefe de Gabinete ostenta muchos cargos en el ayuntamiento. Pero su distintivo mayor es que controla la agenda de la alcaldesa. Sin su firma, no hay visita, convocatoria, cita o encuentro de Carmena que llegue a buen fin. Hasta los más estrechos colaboradores de la regidora han de recibir el salvoconducto del oficialmente responsable de tres secretarías técnicas municipales, pero, en la práctica, alcalde en la sombra de Madrid.
Explica por qué decidió meter Carmena a Cueto a presidir Ifema:
Lo cierto es que mimando mimando a su sobrino estaba la alcaldesa cuando alguien le sopló al oído que 120.000 razones mantenían a José María Álvarez del Manzano al frente de la institución ferial de Madrid. De Ifema hizo llamar al exalcalde, al que desde entonces sentenció de muerte. Ahora es Luis Cueto el encargado de representar al Gobierno local en esta institución. Pero Cueto no ha desembarcado en el recinto ferial para colgarse otra medalla en la solapa, por más que moleste la condecoración a Maestre e Higueras, sino para otear qué se cuece allí desde tiempos de Gallardón. Y lo que ha visto parece que no le gusta.
Y como Cueto sabe de la Administración más que toda la lista de Ahora Madrid junta, no solo quiere asaltar Ifema, sino todos los entes públicos en los que el ayuntamiento tenga algo que decir. Porque la guerra por borrar cualquier resto del PP en las instituciones municipales ha comenzado. El sobrino de la alcaldesa es el encargado de detallarle quién, cómo y cuándo manda y ha de dejar de hacerlo. Cueto decide.
Y remacha que, pese a todos estos despropósitos, el partido de Pablo Iglesias poco ha bajado en el CIS:
Y digo yo, si Carmena va a poner en marcha a partir de septiembre una nueva web para que los vecinos hagan de concejales y el que parte el bacalao en el ayuntamiento es su pariente, ¿para qué queremos alcaldesa? Entre el nepotismo y la indolencia, poco ha bajado en el CIS de ayer Podemos.
Ignacio Camacho se centra en cómo Alaya va a ser sacada fuera de la pista que le conduciría a resolver el farragoso asunto de los ERE fraudulentos en Andalucía. Apunta que ha sido la propia jueza la que se ha pegado solita un tiro en el pie:
No la van a tumbar: la sacarán de la pista aprovechando, como los judocas, la inercia de su propio impulso. El descarrilamiento de Mercedes Alaya como instructora del sumario de los ERE está a punto y tal vez se consume este mismo verano. Con paciencia, tesón y esmero político, el aparato susanista ha logrado su objetivo estratégico de desactivar la macrocausa del fraude. Y lo ha hecho a partir de una decisión de la propia magistrada.
Detalla que ha sido la propia magistrada la que ha generado esta situación al pedir traslado a la Audiencia Nacional:
Fue Alaya la que solicitó el traslado a la Audiencia, y en ese momento pulsó el botón que accionaba el mecanismo para neutralizarla. Para ello la presidenta de la Junta decidió mantener al exfiscal Emilio de Llera en la Consejería de Justicia de su nuevo Gobierno, pese a que reunía el perfil más idóneo para presidir el Parlamento. De Llera, que sabe moverse en las bambalinas político-judiciales y conoce muy bien el mapa de la causa, es la pieza clave en la compleja partida de ajedrez que va a culminar en el apartamiento de la jueza. Ha hecho un encaje de ajuste fino y tiene listo el movimiento del jaque-mate.

Y remata que:
Esta estrategia paciente utiliza en contra de Alaya su propio método (?) de trabajo. Sus contradicciones, sus errores, sus decisiones espasmódicas y sobre todo su empeño indelegable, su terquedad en mantener bajo control un entramado procesal que a todas luces no podía abarcar. Durante cinco años, con una determinación de titanio, ha logrado poner patas arriba al régimen andaluz, hacer visible su trastienda clientelar y empapelar a su reciente nomenclatura jerárquica. Y luego, tal vez hastiada de su papel de heroína solitaria, lo ha echado todo abajo con una decisión de estricta índole personal, relacionada con el progreso de su carrera. Ha regalado el arma para liquidarla y ha abierto ella misma la brecha por la que van a desmontarle el tinglado.
En La Razón, Alfonso Merlos, como buen miembro del batallón de guardia de la Moncloa que diría nuestro querido El Fumador, ve con más optimismo los resultados del CIS:
Las políticas que se ha visto impelido a emprender el gobierno han sido difíciles y comprometidas, están dando resultados y generando seguridad. La ecuación parece sencilla pero, en el escenario más adverso, el Partido Popular ha conseguido rehacerse internamente y empezar a recuperar la confianza que parcialmente había perdido.

Y pone el acento en el retroceso de Ciudadanos y Podemos:
La tendencia es meritoria. Y es la que aparece en un retrato -el del CIS- de guarismos elocuentes. ¿Dónde está ese bipartidismo en retroceso, derrotado, alejado de la intención mayoritaria de voto de los españoles? ¿Dónde queda el trasvase de sufragios unidireccional del partido de Rajoy al de Rivera, esa fuga masiva, esa vía de agua imposible de contener desde Génova? ¿Dónde se halla el ascenso meteórico e irreversible de los ufanos chicos de Podemos, los plusmarquistas de la arrogancia antisistema y del optimismo de Barrio Sésamo?
Finaliza asegurando que:
Desde la izquierda extrema se ha vendido la piel del oso antes de haberlo cazado. Y el oso no sólo está vivo y con capacidad de defenderse, sino que es percibido como una pieza injustamente tiroteada por la artillería de una propaganda presuntamente regeneradora.
Y en El Mundo, Antonio Lucas se muestra escéptico e irónico con la encuesta del CIS:
La vena gorda del cambio parece que se desinfla, según el último horóscopo del CIS, y el bipartidismo vuelve como regresan algunas modas que nunca se fueron del todo. Será, al parecer, un bipartidismo interracial con guarnición de periféricos. El PSOE y el PP suben como opciones claras. Y lo más desconcertante: sensatas. Pero la sensatez en los asuntos del voto esconde pereza, temor al desafío, resignación y hasta un puntito de derrota. La sensatez electoral es la prolongación ambigua del Gobierno. De cualquier gobierno.
Incide en esa escasa fiabilidad de los sondeos:
La encuesta del CIS tiene la fiabilidad de las encuestas. O sea: depende de cómo pilles al interrogado. La encuesta y la urna son herramientas distintas con resultados desiguales. No se responde al teléfono como se vota. A un colega lo llamaron para un sondeo y les dijo que él era de «opción requeté». El encuestador, al no ver contemplada la opción en su plantilla, le ofreció la opción del PP. Así me lo contó y le creí. Eso también es una encuesta, algo distraído de contestar. Una petaca de indecisiones, mentiras y desvalimientos donde opina hasta el tío de la abstención.
Subraya los errores de los partidos emergentes:
El bipartidismo tiene algo de vicio que nos corrobora en lo nuestro. La sospecha de que somos un pueblo muy entregado al entusiasmo de hacer planes hasta que el furor decae y volvemos a arreglarnos bien con las ideas de toda la vida, comprobando con alivio que vuelve a no cambiar nada.
Algo normal cuando no existe (de momento) alternativa inflamable. La troupe de Albert Rivera juega fuerte para ser segundo en lo que sea (que es la forma más directa de tomarle la postura al fracaso); y las fuerzas menguantes de Pablo Iglesias lo han contado todo tan deprisa y tan en tele que en este momento no saben qué contar, más allá de no contar con Grecia.

Y remacha:
El horizonte de las generales está perdiendo sex appeal. Con la mierda incesante de la corrupción ya contamos. Y con la unión de fuerzas de la izquierda, también. Pero no es eso. Ni tampoco el malabarismo ficticio de la recuperación. Si el bipartidismo es indestructible será que se agotó antes nuestra cordura que su soberbia. Por eso confían en la sensatez nacional. Como aulló la distinguida Rita Barberá: «¡Qué hostia, qué hostia!». Al tiempo.

"La politización del patriotismo"


Muchos somos los que sabemos que hoy en día en la sociedad española es algo difícil sentirse patriota y manifestar un amor totalmente normal hacia nuestro país sin ser insultado. Obviamente, sólo una minoría muy ruidosa nos impide esto, una minoría que, al parecer, relaciona el patriotismo con el fascismo. Hace poco, vimos como unos radicales de izquierda (comunistas) intentaban impedir a unos ciudadanos de "España Generosa", cuyas intenciones no eran más que reivindicar el amor hacia su tierra, (que también es de susodichos extremistas), izar una bandera española. Todo esto puede verse en la página web de estas personas, en un vídeo donde apreciamos insultos, menosprecio y sobretodo, la repetición de la palabra "fascista" numerosas veces. 

Ahora bien, ¿por qué "fascismo"? 
Si hay algo que caracteriza a una persona de izquierdas no muy moderada es el odio sin precedentes a cualquiera que sea de derechas o, simplemente, se siente representado con la bandera de España.



Todos estos extremistas relacionan el patriotismo con la ultra derecha, como si fuera algo malo. Y es que, este sentimiento "antiespañol" (cosa extraña porque también ellos lo son) no es nada nuevo. Desde los últimos días de la dictadura del General Franco, se ha podido notar cómo el PSOE ha intentado transmitir este sentimiento a la sociedad española, un claro ejemplo es la ausencia de la bandera nacional en todos sus actos y suprimir "España" por simplemente "el país". Y si obviamente el PSOE (que se supone, está en la centralidad política) ha cargado contra nuestro país, ¿se imaginan qué ha hecho el PCE o extremistas de izquierda en solitario?

Además de quemar nuestros símbolos, nos odian, critican, insultan y nos tachan de fascistas.

Recuperemos nuestro hilo inicial y expliquemos el por qué. Para el progre de a pie, el ser un fascista es lo peor del mundo, relacionado con asesinos sin seso que disfrutan con su matanza y además, no respetan ninguna otra ideología. Además, como Franco era de derechas y muy patriota, se relaciona a éste con todo aquél que sienta lo mismo por su patria (que, repito, es lo normal).

Lo que desconocen estos comunistas, es que, sin duda alguna, el comunismo es inmensamente peor que el fascismo. Gracias al comunismo, más de cien millones de personas han muerto, además de dejar en la absoluta pobreza a otros millones más, por supuesto. Mientras que el fascismo ha quitado la vida a menos del cuarto de la mitad del total de inocentes castigados por esta deplorable ideología.

Obviamente, la actitud de fascistas es totalmente criticable, pero bastante mejor que la de comunistas.

Y dicho esto, me pregunto por qué hay tanto progresista que vive en el pasado, que llama fascista y ve raro que alguien diga "Viva España" (eso sí, en el mundial de fútbol todos patriotas). La sociedad española del siglo XXI es totalmente diferente a la del XX. Ya apenas hay franquistas y la extrema derecha está en su peor momento, por lo que eso de tachar de "facha" a todo el mundo, si me permiten la expresión, es una absurda estupidez.

¿Es una casualidad que esta estupidez esté, generalmente, repartida entre republicanos e izquierdistas? No.
  

Y tras haber escrito tanto, hago un llamamiento a la coherencia, no tenemos que sentirnos avergonzados de nuestro país, no debemos politizar el sentimiento patriótico. España no sólo es una península, dos archipiélagos y dos ciudades autónomas, España somos nosotros, nuestros amigos, familiares y tierra. Ser español no es sinónimo de ser de derechas o izquierdas, ser republicano no es exclusivo de progresistas. Seamos como absolutamente todos los demás países y sintámonos españoles, con orgullo y sin ocultarlo. Unámonos, porque lo que quieren hacer los extremos es fragmentarnos, que poco a poco, la situación actual se parece más a la del 36 y seguro estoy que nadie de ustedes quiere verse en tal siniestro.

La tramposa comodidad del antisistema

Una de las costumbres más curiosas de una parte de la sociedad española es que se empeña en cuestionar la democracia y el capitalismo, sin proponer nada concreto como alternativa.
Hay, por doquier, voces que intentan convencernos de que el capitalismo ha generado una sociedad donde los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres, y ese latiguillo se repite una y otra vez a pesar de que la pobreza en el mundo se ha reducido en un 80% desde 1970, un proceso que ha ido a la par del aumento de la libertad económica y de la globalización. Pero incluso obviando ese hecho, hay que preguntarse qué proponen a cambio los antisistemas. Llevo años debatiendo con anticapitalistas de todo tipo, que consideran que el libre mercado es el peor de los males, pero muchos no quieren concretar cuál es la alternativa que proponen: ¿tan mala es que ni siquiera se atreven a sugerirla? En el caso de la izquierda las alternativas son bien conocidas: desde el marxismo-leninismo que consiguió hundir las sociedades sometidas a dictaduras comunistas, hasta el llamado “socialismo del siglo XXI” que está arruinando a Argentina y Venezuela. Desde cierta derecha se critica al capitalismo, con frecuencia, desde la nostalgia de las viejas sociedades agrarias, la añoranza del gremialismo medieval o la apelación al comunitarismo o al cooperativismo, como si fuesen la garantía de un mundo feliz en su dimensión económica. ¿Cómo aplicar tales modelos a un mundo globalizado en pleno siglo XXI sin hacernos retroceder muchos años en avances tecnológicos? La nostalgia de pasados idealizados rara vez acierta a concretarlos.
En el terreno político, nunca el mundo ha disfrutado de tantos espacios de democracia, con todos sus defectos, por supuesto. ¿Qué proponen nuestros antisistemas como alternativa frente a lo que unos llaman democracia burguesa, y otros etiquetan como un liberalismo al que atribuyen connotaciones pecaminosas? Pues si en el caso económico rara vez se atreven a decir qué es lo que se proponen, en el ámbito político aún son más recatados. Ciertamente, que un pueblo no siempre rebosante de cultura elija en las urnas a sus gobernantes no es un modelo perfecto. Estoy dispuesto incluso a aceptar que es la peor idea que se nos puede haber ocurrido, siempre que añadamos el matiz que señaló Winston Churchill en 1947:
“Muchas formas de gobierno han sido juzgadas y serán juzgadas en este mundo de pecado e infortunio. Nadie pretende que la democracia sea perfecta u omnisciente. De hecho, se ha dicho que la democracia es la peor forma de gobierno, si exceptuamos todas las demás formas que han sido probadas de vez en cuando.”
Hay otros modelos, claro: dictaduras comunistas, dictaduras fascistas, monarquías tradicionales, monarquías absolutas, repúblicas aristocráticas, dictaduras teocráticas… Sigo esperando impaciente a que los críticos de la democracia concreten qué es lo que proponen a cambio. ¿Tan malo es que no se atreven a decirlo? Ya sé que es más cómodo moverse en el terreno de la crítica que en la concreción de alternativas, pero cuando se hace eso por costumbre, ocultando una y otra vez qué es lo que se propone a cambio, entonces ya estamos ante algo peor que la comodidad: estamos ante una trampa que implica ocultar lo que se quiere porque es peor que aquello que se critica.

lunes, 3 de agosto de 2015

España funciona, el Estado no

Todos los años, los españoles nos sometemos al masoquista ejercicio de leer la lista de las mejores universidades del mundo. Tan solo para comprobar, un año más, que entre las cien primeras no aparece ninguna española. Como detalle chusco, hace unas semanas varios periódicos andaluces celebraban alborozados, en un titular, que la Universidad de Sevilla ocupa el puesto 398 a nivel mundial.
Inevitablemente, al leer esos rankings, los españoles nos convencemos de que las universidades españolas son una mierda y muchos concluyen que España, por tanto, también lo es. Para sacudirnos un poco el masoquismo de encima, déjenme que les hable de otras listas.
Nuestras universidades, en efecto, no están entre las mejores, pero España y los españoles sí aparecen en un lugar destacado en muchas otras listas de excelencia:
- España se encuentra entre los 15 países del mundo con mayor registro de patentes.
- España es el tercer país del mundo en número de turistas por año, a no mucha distancia de Francia y Estados Unidos.
- Te vas a cualquier lista de los 100 mejores deportistas de todos los tiempos y en ella aparecen Rafael Nadal o Miguel Induráin.
- Entre los diez mejores equipos de fútbol del mundo hay actualmente cuatro españoles: Barcelona, Real Madrid, Sevilla y Atlético de Madrid.
- Uno se va a la lista Billboard de las 100 canciones de más éxito de todos los tiempos y se encuentra en el número 7 la canción Macarena, de Los Del Río, por delante de cualquier canción de los Beatles.
- Si compruebas la lista de cantantes que más discos han vendido en la Historia, allí aparece Julio Iglesias en el puesto 31: más de 120 millones de discos.
- Acudiendo a la lista de The Guardian de las 100 mejores novelas de todos los tiempos, ves que la encabeza El Quijote.
- Te vas a la lista Forbes de hombres más ricos del mundo y te encuentras a Amancio Ortega, el dueño de Zara, en el número 4.
- Si, en lugar de eso, vas a la lista Forbes de mayores empresas, allí están el Banco de Santander en el puesto 31 y Telefónica en el 86.
- Y, si queremos centrarnos en el ámbito académico, entre las 20 mejores escuelas de negocios del mundo, hay tres españolas.
Por tanto, España y los españoles destacan, y destacan mucho, en numerosos campos de actividad. El problema, por tanto, no es de España, sino específicamente de sus universidades.
¿Cuál es la diferencia entre esos campos de actividad en los que los españoles no tiene problemas para sobresalir, y el mundo universitario? Pues que en esos sectores donde los españoles destacan, la actividad es fundamentalmente privada: para sobresalir como cantante, o compositor, o novelista, o empresario de la moda, o gerente de una escuela de negocios, lo único que hay que hacer es crear un producto por el que la gente esté dispuesta a pagar dinero. Ahí no hay trampa ni cartón: si tu canción es una mierda, no venderás un pimiento, por mucho que seas primo de no sé qué personaje importante o amigo de no sé qué otro. Los contactos ayudan, pero la excelencia en el producto o servicio es imprescindible para el éxito.
En el mundo universitario español, por el contrario, como en tantos otros sectores intervenidos por el estado, el éxito y la progresión profesional están mediatizados por consideraciones que nada tienen que ver con la excelencia en el producto o servicio. Para obtener una plaza o subsistir en un departamento universitario, importa mucho más bailarle el agua a tus superiores y a tus pares, o hacer lobby político, que tu mérito real. Para obtener financiación para tu universidad o tu departamento, necesitas estar a bien con el político de turno. El amiguismo y la endogamia son el pan nuestro de cada día, la búsqueda de financiación estatal (y no de nuevos clientes) es la manera de subsistir y, como resultado de todo ello, la mediocridad se convierte en norma.
Perdónenme todos esos excelentes investigadores y profesores que pueblan nuestras universidades, que también los hay. No pretendo generalizar. Solo digo que muchas personas de mérito huyen de las universidades como de la peste, hastiadas de los juegos políticos y la falta de valoración de los méritos reales.
España funciona. Y los españoles demuestran en numerosos campos que son, al menos, tan innovadores, profesionales, sacrificados y trabajadores como cualquiera. Pero allí donde llega la larga mano del Estado, todo se vuelve burocracia, corrupción y anquilosamiento.
Si las universidades españolas funcionaran como un negocio, y no como un dispensador de puestos de funcionario, nos metíamos entre las cien primeras universidades con solo chasquear los dedos.
¿No sería hora de pedir que el Estado sacara sus sucias manos de las Universidades y las dejara funcionar?

sábado, 1 de agosto de 2015

Cien negritos

 

por PEDRO J. RAMÍREZ
Cien negritos se fueron a cenar; el Faraón Aznar renunció al poder, se asfixió bajo el manto de armiño de su gloria y quedaron noventa y nueve.
Noventa y nueve negritos estuvieron despiertos hasta muy tarde; Jaime Mayor se quedó dormido y entonces quedaron noventa y ocho.
Noventa y ocho negritos viajaron por el mundo; Rodrigo Rato decidió anidar en Washington y quedaron noventa y siete.
Noventa y siete negritos cortaron leña; Álvarez Cascos se partió en dos y quedaron noventa y seis.
Noventa y seis negritos jugaron con una colmena; una abeja le picó a Juanjo Lucas y quedaron noventa y cinco.
Noventa y cinco negritos estudiaron Diplomacia; Federico Trillo se hizo embajador y quedaron noventa y cuatro.
Noventa y cuatro negritos fueron al mar;  un arenque rojo se tragó a Manolo Pizarro y quedaron noventa y tres.
Noventa y tres negritos pasearon por el zoo; un gran oso atacó a Eduardo Zaplana y quedaron noventa y dos.
Noventa y dos negritos se sentaron al sol; Ángel Acebes se tostó demasiado y sólo quedaron noventa y uno.
Noventa y un negritos se conformaron con la versión oficial del 11M; Jaime Ignacio del Burgo se empeñó en buscar la verdad y sólo quedaron noventa.
Noventa negritos se asustaron ante ETA; María San Gil cerró filas con las víctimas, la llamaron loca y sólo quedaron ochenta y nueve.
Ochenta y nueve negritos se postraron ante el jefe; Gabriel Elorriaga escribió un artículo -“no es este, no es este”- y sólo quedaron ochenta y ocho.
Ochenta y ocho negritos aprendieron catalán en la intimidad; Josep Piqué se empeñó en practicarlo y sólo quedaron ochenta y siete.
Ochenta y siete negritos se acercaron a Valencia; Juan Costa ardió en una falla cual ninot y sólo quedaron ochenta y seis.
Ochenta y seis negritos dijeron que sí a todo; Gustavo de Arístegui rechazó el trágala, lo mandaron a la India y sólo quedaron ochenta y cinco.
Ochenta y cinco negritos se olvidaron de pensar; Fernando Maura se marchó a UPyD y sólo quedaron ochenta y cuatro.
Ochenta y cuatro negritos se zamparon un pastel; Paco Correa se dio un atracón de época y sólo quedaron ochenta y tres.
Ochenta y tres negritos trasladaron maletines; a Pablo Crespo le pillaron con el de Galicia y sólo quedaron ochenta y dos.
Ochenta y dos negritos viajaron por Europa; Gerardo Galeote abrió una cuenta en Luxemburgo y sólo quedaron ochenta y uno.
Ochenta y un negritos organizaron eventos deportivos; Alberto López Viejo batió demasiados records y sólo quedaron ochenta.
Ochenta negritos circularon por la carretera; Jesús Sepúlveda se subió a un Jaguar y sólo quedaron setenta y nueve.
Ilustración: Javier Muñoz
Setenta y nueve negritos se lo llevaron crudo; Arturo González Panero rodó como una albóndiga y sólo quedaron setenta y ocho.
Setenta y ocho negritos jugaron al urbanismo; Benjamín Martín Vasco se embauló 300.000 del ala por Arganda y solo quedaron setenta y siete.
Setenta y siete negritos se fueron de compras; a Alfonso Bosch le sorprendieron gastando con identidad falsa y solo quedaron setenta y seis.
Setenta y seis negritos se enredaron en una correa; Jesús Merino se estranguló al intentar zafarse y sólo quedaron setenta y cinco.
Setenta y cinco negritos cobraron sobresueldos; Luis Bárcenas escondió el parné en Suiza, cuando se fue de la lengua lo metieron en el trullo y sólo quedaron setenta y cuatro.
Setenta y cuatro negritos pasaron por la caja B; Álvaro Lapuerta lo visó todo pero, tan mayor como estaba, tuvo un accidente raro y sólo quedaron setenta y tres.
Setenta y tres negritos merodearon cerca del tarro de mermelada; Ángel Sanchís se acercó demasiadas veces y sólo quedaron setenta y dos.
Setenta y dos negritos organizaron actos electorales; Álvaro Pérez, al ver al jefe tan cerca, tropezó con su bigote y sólo quedaron setenta y uno.
Setenta y un negritos fueron a la sastrería; Paco Camps se desentendió de las facturas y sólo quedaron setenta.
Setenta negritos financiaron ilegalmente al partido; a Vicente Rambla lo cogieron en el mercado de naranjas y sólo quedaron sesenta y nueve.
Sesenta y nueve negritos fueron imputados; Victor Campos firmó que era culpable y sólo quedaron sesenta y ocho.
Sesenta y ocho negritos disfrutaron de la huerta; Valcárcel se dio un hartón, se marchó a Estraburgo y sólo quedaron sesenta y siete.
Sesenta y siete negritos pasaron por la cocina; David Serra cayó despanzurrado dentro de la marmita y sólo quedaron sesenta y seis.
Sesenta y seis negritos recibieron al Papa; Pedro García firmó el contrato que convirtió las bendiciones en negocio y sólo quedaron sesenta y cinco.
Sesenta y cinco negritos aceptaron regalos de quien no debían; a Ricardo Costa le lucieron mucho en la muñeca y sólo quedaron sesenta y cuatro.
Sesenta y cuatro negritos ayudaron a que la familia que reza unida permaneciera unida; Juan Cotino se pasó de avemarías –y de testaferros- y sólo quedaron sesenta y tres.
Sesenta y tres negritos contribuyeron a las ONG; Rafael Blasco pensó que la caridad bien entendida empezaba por uno mismo y sólo quedaron sesenta y dos.
Sesenta y dos negritos firmaron contratos irregulares; Milagrosa Martínez se puso un pañuelo de Loewe y sólo quedaron sesenta y uno.
Sesenta y un negritos viajaron de gorrilla; Luis Díaz Alperi cogió una insolación en Creta y sólo quedaron sesenta.
Sesenta negritos se pusieron gafas negras; a Carlos Fabra le tocó demasiadas veces la lotería y sólo quedaron cincuenta y nueve.
Cincuenta y nueve negritos se embarcaron de vacaciones; José Joaquín Ripoll se subió al yate que no debía y sólo quedaron cincuenta y ocho.
Cincuenta y ocho negritos fueron fashion victims; la alcaldesita Sonia Castedo se divirtió en pijama con su protector y protegido y sólo quedaron cincuenta y siete.
Cincuenta y siete negritos pasaron de la política a las cajas; José Luis Olivas dio créditos raros, se emborrachó con ron cubano y sólo quedaron cincuenta y seis.
Cincuenta y seis negritos salieron a cazar; a Serafín Castellano se le disparó el rifle por la culata y sólo quedaron cincuenta y cinco.
Cincuenta y cinco negritos se enamoraron del dinero; Alfonso Rus contó los billetes con luz y sonido y sólo quedaron cincuenta y cuatro.
Cincuenta y cuatro negritos buscaron la trampa de la ley; Jaume Matas se saltó las reglas para contratar discursos, lo mandaron a prisión y sólo quedaron cincuenta y tres.
Cincuenta y tres negritos cometieron irregularidades urbanísticas;  a Eugenio Hidalgo, alcalde de Andratx, se le cayó encima su chalé y sólo quedaron cincuenta y dos.
Cincuenta y dos negritos cobraron comisiones; Antonia Ordinas las escondió en una lata de Cola Cao y cuando tuvo que desenterrarla ante la poli sólo quedaron cincuenta y uno.
Cincuenta y un negritos protegieron a los apandadores; al conseller Cardona le pillaron repartiéndose el botín, le metieron dieciséis años y sólo quedaron cincuenta.
Cincuenta negritos se fueron al prostíbulo; Rodrigo de Santos pagó con la tarjeta municipal y sólo quedaron cuarenta y nueve.
Cuarenta y nueve negritos apoquinaron al instituto Noos;  Pepote Ballester no regateó nada y sólo quedaron cuarenta y ocho.
Cuarenta y ocho negritos tomaron copas de más; Nacho Uriarte estrelló alegre su coche y sólo quedaron cuarenta y siete.
Cuarenta y siete negritos navegaron entre insidias; Daniel Sirera escribió “este partido es una mierda” y sólo quedaron cuarenta y seis.
Cuarenta y seis negritos se hicieron los simpáticos; Montse Nebrera se burló del habla andaluza y sólo quedaron cuarenta y cinco.
Cuarenta y cinco negritos asumieron graves riesgos; Regina Otaola dio la cara en Lizarza, se retiró decepcionada y sólo quedaron cuarenta y cuatro.
Cuarenta y cuatro negritos pidieron debates y primarias;  a Alejo Vidal Quadras le pusieron puente de plata y sólo quedaron cuarenta y tres.
Cuarenta y tres negritos cosecharon fracasos electorales; Antonio Basagoiti asumió con ejemplaridad el suyo y sólo quedaron cuarenta y dos.
Cuarenta y dos negritos se sintieron traicionados; el heroico Ortega Lara se marchó sin siquiera merecer ser oído en la Moncloa y sólo quedaron cuarenta y uno.
Cuarenta y un negritos denunciaron las promesas incumplidas; Santi Abascal escribió una carta de despedida, fundó Vox y sólo quedaron cuarenta.
Cuarenta negritos fueron envejeciendo; una mañana se murió don Manuel el Fundador y sólo quedaron treinta y nueve.
Treinta y nueve negritos levitaron al ganar por mayoría absoluta; Javier Arenas se pasó de listo, desmovilizó a los suyos y sólo quedaron treinta y ocho.
Treinta y ocho negritos tiraron victoriosos por la calle de en medio; a Ana Mato le atropelló el Jaguar que se le escapó del armario y sólo quedaron treinta y siete.
Treinta y siete negritos aplicaron su programa; a Javier Fernández Lasquetty le atropelló la “marea blanca”, se marchó a Guatemala y sólo quedaron treinta y seis.
Treinta y seis negritos tuvieron mala suerte; a Mercedes de la Merced se la llevó la enfermedad y sólo quedaron treinta y cinco.
Treinta y cinco negritos se creyeron impunes; Miguel Blesa las hizo de todos los colores hasta llegar al black y sólo quedaron treinta y cuatro.
Treinta y cuatro negritos fueron excluidos de la primera fila del poder; González Pons se quedó compuesto y sin ministerio y sólo quedaron treinta y tres.
Treinta y tres negritos prefirieron irse a ganar dinero; Michavila se metió en un buen despacho y sólo quedaron treinta y dos.
Treinta y dos negritos hicieron lo que pudieron en sus cargos; Arias Cañete gestionó bien, patinó en la campaña europea y sólo quedaron treinta y uno.
Treinta y un negritos se indignaron por la amnesia del poder; Consuelo Ordóñez lo dijo alto y claro y sólo quedaron treinta.
Treinta negritos pasearon por la muralla; Santiago Cervera metió la mano en un agujero y sólo quedaron veintinueve.
Veintinueve negritos guardaron secretos inconfesables; a Cristobal Páez le dieron el mejor de los finiquitos y sólo quedaron veintiocho.
Veintiocho negritos sabían más de la cuenta; a José Manuel Molina lo mandaron a Kinshasa y sólo quedaron veintisiete.
Veintisiete negritos salieron a captar apoyos; a Ana Botella se le indigestó una“relaxing cup of coffee in the Plaza Mayor” y sólo quedaron veintiséis.
Veintiséis negritos compraron propiedades; Ignacio González recurrió a un testaferro para camuflar su ático y sólo quedaron veinticinco.
Veinticinco negritos se quedaron colgados de la brocha; Leopoldo González Echenique dimitió por un quítame allá esos 130 millones y sólo quedaron veinticuatro.
Veinticuatro negritos fueron azotados por la ira; a Isabel Carrasco la mataron a tiros y sólo quedaron veintitrés.
Veintitrés negritos recibieron tarjetas de crédito a juego con su alma; Ricardo Romero de Tejada hizo honor a su fama y sólo quedaron veintidós.
Veintidós negritos volvieron a las andadas; a Paco Granados, tanto fue el cántaro a la fuente, le metieron en el trullo y sólo quedaron veintiuno.
Veintiún negritos se hicieron diputados “para tocarse los huevos”; José Miguel Moreno lo reconoció mientras le grababan y sólo quedaron veinte.
Veinte negritos escribieron los versos más tristes esta noche; el gran vate Gallardón se negó a observar la rima y sólo quedaron diecinueve.
Diecinueve negritos buscaron la mayoría absoluta; a Esperanza Aguirre le hicieron la cama desde dentro y, como le faltó un escaño, sólo quedaron dieciocho.
Dieciocho negritos querían perpetuarse en sus poltronas; Rita Barberá tuvo un caloret y sólo quedaron diecisiete.
Diecisiete negritos limpiaron la cloaca;  Alberto Fabra sucumbió en el empeño tras la enésima zancadilla y sólo quedaron dieciséis.
Dieciséis negritos ardieron por amor; Monago, el buen bombero, apagó su fuego en Canarias gratis total y solo quedaron quince.
Quince negritos buscaron remedio en la farmacia; a José Ramón Bauzá le dieron cuchillo de palo y sólo quedaron catorce.
Catorce negritos quedaron encerrados en el ascensor; a León de la Riva se le apareció una Leire turgente y del soponcio solo quedaron trece.
Trece negritos subieron a la Giralda; Jose Ignacio Zoido perdió pie y solo quedaron doce.
Doce negritos se fueron de Carnaval; Teófila Martínez se dio de bruces con la charanga del Kichi y sólo quedaron once.
Once negritos visitaron a la Virgen del Pilar; Luisa Fernanda Rudi se enganchó en el manto y sólo quedaron diez.
Diez negritos se reunieron en una bodega; Pedro Sanz organizó su sucesión -sacrificando a su delfín- y sólo quedaron nueve.
Nueve negritos perdieron la sonrisa; la de Juan Ignacio Diego se la zampó Revilla y sólo quedaron ocho.
Ocho negritos intentaron borrar huellas en Génova; Maria Dolores de las Mentiras resbaló en una simulación de finiquito en diferido y sólo quedaron siete.
Siete negritos dieron la cara para que se la rompieran; a Carlos Floriano le explicaron que el problema de comunicación era él y sólo quedaron seis.
Seis negritos se cayeron al pozo demoscópico; a José Ignacio Wert, cansado de vivir ahí, le mandaron, con alevosía agosteña, de luna de miel a la OCDE y sólo quedaron cinco.
Cinco negritos se arrimaron a la Púnica; Salvador Victoria hizo lo que le mandó su jefe y cuando le pillaron sólo quedaron cuatro.
Cuatro negritos medio pasaban por ahí; Lucía Figar fue imputada por firmar un contrato y sólo quedaron tres.
Tres negritos pidieron otro liderazgo; a Cayetana Álvarez de Toledo, vox clamantis in deserto, le pusieron bola negra y sólo quedaron dos.
Dos negritos se reunieron en Moncloa; a Alicia Sánchez Camacho la convencieron de que bebiera la cicuta pues el desastre catalán era cosa suya y ya sólo quedó uno.
Un negrito se quedó más solo que la una; después de dejar tirados a todos sus amigos, deshacerse de todos sus rivales y desviar a los demás todas sus culpas; doce años después de ser ungido por el dedo errado de Aznar y cosechar dos derrotas; cuatro años después de recibir, dilapidar y traicionar un mandato rotundo de los españoles; dos años después de mentir como un bellaco al parlamento, Mariano Rajoy se ahorcó de su cuarta candidatura a la Moncloa y pronto, de aquel PP refundado en 1990 que aglutinó a todo el centro-derecha y tanto sirvió a la democracia, ya no quedará ninguno.