Mostrando entradas con la etiqueta JOSÉ CALVO POYATO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta JOSÉ CALVO POYATO. Mostrar todas las entradas

lunes, 28 de mayo de 2018

UN TÍTERE XENÓFOBO

Nos dice el diccionario de la Real Academia Española que “títere” es, en su primera acepción, un muñeco que se mueve por hilos o por medio de otro procedimiento. En su segunda acepción afirma que es persona que se deja manejar y, en lenguaje coloquial indica que se utiliza para referirse a persona que actúa con ligereza o sin fundamento. Dicho diccionario indica que el término xenófobo se emplea para referirse a una persona que siente o manifiesta xenofobia, es decir, aversión exagerada a los extranjeros.
¿Es el flamante presidente de la Generalitat un títere xenófobo como lo han calificado en algunos medios de comunicación?
Si títere es persona que actúa sin fundamento o es la que se deja manejar, no parece que haya muchas dudas. Poco fundamento tienen las afirmaciones de Joaquín Torra cuando se ha referido a España y a los españoles, sin hacer distinciones, todos en un mismo lote, tildándolos con calificativos obscenos. Ha afirmado que “España ha sido un país exportador de miseria, material y espiritualmente hablando. Todo lo que ha sido tocado por los españoles ha sido fuente de discriminaciones raciales… a sus hijos les ha dejado la peor de las herencias, una identidad contrahecha, una memoria estirpada y subordinación mental” Tales perlas no merecen mayores comentarios, pero resulta evidente su carencia de fundamento. Otras “perlas”, referidas a todo un pueblo, son aún más insultantes. En ellas expresa su pensamiento sobre la materia y fueron borradas cuando se planteó la posibilidad de que Puigdemont había dado su nombre como elegible por los independentistas. Pero quedó el rastro. Por lo tanto no hay muchas dudas de que dice cosas sin fundamento y que es persona que actúa con ligereza por lo que en lugar de sostener lo que afirma, lo borra tratando de ocultarlo. Respecto a que es  persona que se deja manejar, todo apunta en esa dirección. Ha dicho en su discurso de investidura que el presidente es el fugado de la justicia, lo que lo coloca en posición vicaria. Por si ello no fuera suficiente, su primera decisión como presidente ha sido trasladarse a Berlín para visitar a quien considera el presidente. ¿Para consultarle la formación de gobierno? ¿Para recibir instrucciones? ¿Para rendirle pleitesía?
Por lo que respecta a ser xenófobo. Tampoco existen dudas si tenemos en cuenta las afirmaciones que hace sobre los españoles –a los que nos considera extranjeros-, lo que incluye a los magrebíes, a los negros con quienes nos relaciona despectivamente desde una perspectiva racial. He aquí una de sus reflexiones: “Sales a la calle y nada indica que lo sea la calle de tus padres o de tus abuelos. El castellano avanza implacable, voraz, rapidísimo…y te hablan de cosas que nada tienen que ver contigo y tu mundo; el talento es perseguido y expulsado de todas partes….” Se ha referido a los españoles de forma indeseable como el mayor de los xenófobos. Ha dicho de los catalanes que hablan castellano son “víboras, hienas, bestias conforma humana”
Sentado su carácter de títere y xenófobo de persona que ocupa un cargo público, como representante del estado español en una comunidad autónoma, lo mínimo que habría que exigirle al tal Torra es que dimita de forma inmediata. Quien tiene semejantes ideas no puede gobernar ni una comunidad de vecinos.
¿Se imaginan que se le exigiría a cualquier otro político, sin distinción de ideologías, que sostuviera lo que afirma este sujeto?







lunes, 2 de abril de 2018

lunes, 26 de febrero de 2018

LAZOS AMARILLOS


La historia de los llamados solidarios comenzó a finales de la década de los setenta del siglo pasado. Penney Laigen, inspirándose en una canción titulada “Tie a yellow ribbon” (Amarra un lazo amarillo) utilizó un lazo de este color para reivindicar el apoyo a su esposo y otros rehenes norteamericanos cuando la embajada de los Estados Unidos en Teherán fue asaltada en 1979. Algunos años después los activistas en la lucha contra el sida, utilizaron un lazo rojo para mostrar su solidaridad con quienes habían contraído la enfermedad y sufrían un amplio rechazo social. Recibieron un impulso notable cuando el actor Jeremy Iron colocó uno en la solapa de su traje. A partir de ese momento no hay causa que no haya tenido su lazo.
Desde octubre del pasado año, los independentistas catalanes utilizan un lazo amarillo como señal de protesta, en un primer momento, por la aplicación del artículo 155 de la constitución para poner freno a las fechorías legislativas que estaban cometiendo. Poco después el lazo amarillo -en realidad el color amarillo utilizado en bufandas, pañuelos de cuello o anoraks, según la temperatura ambiental- se transformó en un símbolo de protesta por el encarcelamiento de presuntos delincuentes, a los que ellos, en la ensoñación irreal que suele acompañar al proceso independentista, consideran presos políticos.
Hay quien se pregunta el porqué del color amarillo y la respuesta es cuando menos compleja. Una de las explicaciones que se ha difundido es la de que es debido a que ese era color de los llamados maulets, los partidarios del archiduque Carlos de Austria en la guerra de Sucesión -la ensoñación independentista sostiene que fue de Secesión- y que luchaban para que se convirtiera en Carlos III. En el transcurso de aquella contienda se acuñaron monedas en Cataluña en las que podía leerse la leyenda “Carolus III Hispaniarum Rex Gratia Dei”. El color de la enseña de la casa de Austria era el amarillo sobre el que lucía un águila negra bicéfala. Esa fue, por ejemplo, la enseña que ondeó en Gibraltar durante unas horas, cuando en 1704 la plaza fue entregada por su gobernador don Diego de Salinas al príncipe Jorge de Hesse Darmstadt como representante del archiduque Carlos de Austria. Pero acto seguido el astuto almirante Rooke, que mandaba la flota que había bombardeado la plaza forzando su rendición, la sustituyó por la enseña inglesa y, en un auténtico acto de piratería histórica, tomo posesión del Peñón en nombre de la reina Ana.
El lazo amarillo puede verse expuesto en escaparates de comercios o pintado en muros de centros educativos y fachadas de edificios públicos. Si  tuviera alguna relación con el color que identificaba a los maulets en su lucha contra los borbónicos, partidarios de Felipe V, a los que llamaban botiflers -esta expresión se ha utilizado en círculos independentistas para referirse a los contrarios a la independencia- resultaría que es en su origen un color monárquico, el que identificaba a los partidarios de la casa de Austria en el transcurso de la guerra de Sucesión. Un color, sin duda poco acorde para la proclamación de la república independiente de Cataluña. Más le hubiera servido el color morado que en la II República sustituyó una de las bandas rojas de la bandera de España. Aunque al morado tiene fuertes tintes castellanos. Morada era la enseña de los comuneros de Castilla derrotados en Villalar por las tropas leales a Carlos I.


sábado, 17 de febrero de 2018

La segunda puerta




La segunda puerta podría ser el sugerente título de una novela negra. Haría pensar al lector en la existencia de una primera y, desde luego, a poco que se le envuelva en los efectos adecuados, se convierte en inquietante lo que se oculta tras una puerta. No es exactamente una novela negra, pero tiene algunos ribetes del género lo que está deparando la segunda puerta de la Mezquita-Catedral de Córdoba.
La segunda puerta ha sido objeto de debates, de informes poco ortodoxos desde una perspectiva histórica, de declaraciones inadecuadas por parte de la directora del Comité Español del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios Histórico-Artísticos y, como no podía ser de otro modo, de rifirrafes políticos. Todo ello por el deseo del Cabildo catedralicio -propietario del inmueble por la donación hecha por Fernando III al conquistar Córdoba en 1236 sin que nadie a lo largo de los siglos transcurridos haya dicho esta boca es mía- de que pudiera quedar expedita la puerta original del monumento, cerrado por una celosía en los años setenta del pasado siglo. Después de muchos dimes y de más diretes, el cabildo obtenía la preceptiva licencia para llevar a cabo la apertura, bajo unas estrictas condiciones.
La retirada de la celosía ha hecho posible efectuar un estudio arqueológico de los estratos del suelo y ha permitido descubrir el hallazgo de dos muros y el pavimento de una edificación anterior a la construcción musulmana. Los datos obtenidos señalan que puede situarse cronológicamente en el siglo VI, cuando Córdoba era una de las ciudades más importantes de la monarquía visigoda, no sólo por su papel destacado en la Bética, sino porque en las décadas anteriores a la invasión musulmana en Córdoba se urdieron conjuras, se tejieron alianzas o se anudaron acuerdos que influyeron en el conjunto de la monarquía visigoda.
Lo que el estudio arqueológico ha revelado es una sucesión de pavimentos que van desde el que se debe a la intervención de Félix Hernández hace algo menos de un siglo, restos de una estructura del templo cristianizado en el siglo XV, de la mezquita de la época de los omeyas -Abderrahman III y I- y restos relacionados con dos tumbas de un complejo episcopal de la época visigoda, cuyo centro sería la basílica de San Vicente, y que según las crónicas musulmanas serían expropiado a los mozárabes a mediados del siglo VIII.
Hay un detalle, poco conocido, sobre la existencia de un templo cristiano anterior a la construcción de la mezquita musulmana y que recogió Ocaña Jiménez en un artículo titulado «Precisiones sobre la historia de laMezquita de Córdoba». Se refiere a la petición realizada, allá por el año 1080 por parte el monarca castellano-leonés, Alfonso VI, que estaba por estos lares imponiendo tributos al sevillano Al Mutamid, para que su esposa, Constanza de Borgoña que estaba embarazada, pudiese entrar en la mezquita cordobesa para dar a luz «en cierta parte del costado occidental del templo islámico, la cual había sido indicada por las dignidades eclesiásticas de su corte como correspondiente el emplazamiento de la iglesia sobre la que los musulmanes construyeran la Gran Aljama».
En torno a la basílica de San Vicente se han tejido toda clase de leyendas que han llevado a cuestionar su existencia. Sin embargo, fuentes algo más que literarias y hallazgos arqueológicos revelan que la historia de la Mezquita-Catedral es mucho más compleja de lo que a primera vista pudiera parecer. La segunda puerta parece estar dando más juego de lo que alguno suponía.
(Publicada en ABC Córdoba el 17 de febrero de 2018 en esta dirección)

domingo, 11 de febrero de 2018

Silencios significativos

11feb 2018
febrero 11, 2018

Silencios significativos | JoséCalvoPoyato


Pablo Iglesias, el líder de Podemos, está viviendo, de un tiempo a esta parte, lo que se denomina horas bajas. No sólo por los problemas internos que tiene en su formación, dada su tendencia a imponer su voluntad y planteamientos, incluso por encima de los órganos de su propio partido, sino porque los últimos acontecimientos pintan bastos. Su largo silencio tras los malos resultados de los llamados “comunes”, la marca podemita en Cataluña, en las elecciones del pasado 21 de diciembre, fue explicado por alguno de sus conmilitones porque estábamos en Navidad. Pobre excusa solo explicable por no encontrar mejor argumento para su desaparición mediática. Tampoco hizo acto de presencia para valorar las últimas encuestas -saben aquellos que siguen esta columna la poca credibilidad que me ofrecen- que apuntan a una caída continuada y pronunciada de la intención de voto que le pronostican a Podemos.
Tras ese largo silencio su presencia en los medios de comunicación ha centrado su discurso en dos direcciones principales: la corrupción del Partido Popular -algo verdaderamente clamoroso- y sus ataques a la monarquía como forma de organización del Estado y en particular a quien la encarna, el rey Felipe VI. Todo apunta a que estos últimos ataques son el recambio al habérsele gastado discurso de la mala situación del país que resultaba cada vez más insostenible. Los datos que se acumulan un mes tras otro señalan lo contrario. En sus ataques contra la monarquía llega a desbarrar refiriéndose el costo de cincuenta mil euros de un Toisón con motivo de su imposición a la princesa de Asturias. Ignorancia histórica -no es ni mucho menos la primera vez que Iglesias resbala en ese terreno- o mala fe, caso de saber que quienes reciben los toisones, en número máximo de sesenta, según las reglas de la Orden, han de devolverlo al fallecer y son los que se utilizan para las nuevas imposiciones. El de la Princesa de Asturias es el que perteneció a su bisabuelo, don Juan de Borbón, conde de Barcelona.
Pero los silencios de Iglesias también resultan significativos ante las verdaderas fechorías políticas que Nicolás Maduro comete en Venezuela donde hay presos políticos, se urden procesos electorales amañados, la policía bolivariana reprime con violencia inusitada las manifestaciones de los opositores al régimen chavista. Silencio ante las largas colas que han de soportar los venezolanos para proveerse de productos básicos. Silencio ante los asesinatos políticos. También resultan ominosos sus silencios ante lo que ocurre en el Irán de los ayatolás. Silencio ante las multitudinarias manifestaciones de protesta por la falta de libertades. Silencio ante la represión gubernamental. Silencio ante las detenciones de decenas de mujeres que, haciendo gala de un valor extraordinario, se manifiestan con el velo en la mano en los lugares más transitados de Teherán y otras ciudades iraníes, pidiendo que se les libre de tener que usarlo obligatoriamente.
Esos silencios del líder podemita se prolongan en el tiempo, van mucho más allá de los que circunstancialmente le han impuesto los malos resultados electorales, las pésimas perspectivas y la contestación interna en su propio partido. Se trata de silencios cómplices con dos regímenes donde las libertades brillan por su ausencia. Nos preguntamos si será una consecuencia de los recursos que Pablo Iglesias recibe a través de programas de televisión y asesoramientos varios relacionados con los gobiernos venezolano e iraní. Si la respuesta es afirmativa son silencios ominosos y preocupantes.
Juzgue el lector.

sábado, 10 de febrero de 2018

Un aniversario fatídico



Un aniversario fatídico | JoséCalvoPoyato


No es oro todo lo que reluce. Los esplendores de la Córdoba califal echan una especie de manto sobre los muchos momentos sombríos por los que pasó la Córdoba de los Omeyas, que van mucho más allá del desastre de la fitna -nombre con el que se conoce a la etapa de descomposición del califato andalusí-, que acabó con los esplendores del califato y las turbas arrasando Medina Azahara. Destrucción que completaría el rigorismo de los almorávides.
En el año 818 el emir Al-Hakam I ordenaba pasar a sangre y fuego el conocido como arrabal de Saqunda, uno de los barrios más populosos de la Córdoba que todavía se encontraba lejos de los esplendores califales. Saqunda se encontraba más allá de la ribera derecha del Guadalquivir y estaba conectado a lo que eran los barrios principales, el de la Axerquía y la Medina, por el viejo puente construido por los romanos sobre el río. El conocido como el motín del arrabal está recogido en diferentes crónicas musulmanas, entre ella en la de Ibn Hayyan, conocida como al Muqtabis. Nos cuenta este autor que «la masa de cordobeses volvió a tener fricciones con el emir, haciendo fintas a su lanza, a maltratarlo y censurar su conducta, redoblándose su maldad en esto en el año 202 [de la hégira], pues se engolfaron en ello: no dejaban de murmurar, sus cabecillas recurrían a coloquios nocturnos en las mezquitas para ocultarse del sultán, contra quien conspiraban…». La interpretación que se ha hecho de la extraña expresión «haciendo fintas a su lanza» ha sido la de «hacer guiños a sus hijas», lo que, sin duda, supone una grave ofensa. Lo que nos dice este texto de Ibn Hayyan es que no era la primera vez que había protestas populares -«volvió a tener fricciones»- y que Al-Hakam I no gozaba del favor de sus súbditos. El malestar entre los cordobeses se debía, entre otras cosas, a que estaban sometidos a una fuerte presión fiscal. Tampoco gozaba el emir del favor de los ulemas. Nos dice Ibn Hayyan que los «cabecillas recurrían a coloquios nocturnos en las mezquitas». No debe extrañarnos porque el emir era poco cumplidor de la normativa coránica. Entre otras cosas le tenía una notable afición al vino y no solía acudir a la mezquita al rezo de los viernes. Los imanes, cuando llamaban a la oración desde los alminares de las mezquitas, lo invitaban a rezar llamándole borracho. No es de extrañar, por tanto, que fuera en las mezquitas donde se tramase el motín de Saqunda.
Los conjurados aprovecharon un enfrentamiento en el zoco entre un artesano y unos soldados para desatar la rebelión. Para hacer frente a los amotinados, que habían llegado hasta las puertas del alcázar, el emir ordenó a sus tropas que cruzasen el río y arrasasen Saqunda. Las viviendas y mezquitas del populoso arrabal fueron incendiadas. Una parte de sus vecinos pereció en aquella fatídica jornada, muchos otros fueron detenidos y ejecutados. Alguna crónica indica que más de trescientos fueron crucificados boca abajo. La mayoría de los supervivientes, temiendo las iras del emir, abandonaron Córdoba instalándose en Fez y otras ciudades del norte de África. Otros llegaron en su exilio hasta Alejandría de donde pasaron a Creta.
Hace ahora mil doscientos años de aquello. Un aniversario fatídicoporque no es oro todo lo que reluce, como piensan algunos.
(Publicada en ABC Córdoba el 7 de febrero de 2018 en esta dirección)

miércoles, 24 de enero de 2018

Dando alas al tópico

Fueron los viajeros románticos –alguno no tan románticos- los que dieron alas a algunos de los tópicos que más daño han hecho a la imagen de Andalucía que, en gran medida se convertía en la imagen de España en el exterior. Próspero Merimée con su “Carmen” no nos hizo ningún favor, aunque al menos de boquilla se decía amigo de España y enamorado de sus tradiciones. Algunos actos lo desmienten como el papel que adoptó cuando aparecieron en Francia las coronas votivas visigodas halladas en el pago de Guarrazar de la localidad toledana de Gadamur y fueron reclamadas por el gobierno de España, allá por el año 1859. Merimée se mostró en contra de que las sorprendentes piezas de orfebrería visigoda retornaran a España. Ese tópico decimonónico acuñado por Richard Ford, George Borrow, Washington Irving o el propio Merimée, presentaba una Andalucía -España por añadidura- de toreros patilludos, flamencos desgarbados, gentes ociosas sólo dispuestas a tocar guitarras y acompañar con palmas, ventas camineras mugrientas, bandoleros en las serranías…
Ese tópico, referido a Andalucía, echó raíces en otras partes de España. Sin ir más lejos en el adoctrinamiento vivido en Cataluña se presenta a las gentes del sur como vagos por naturaleza, aquí se tiene poco amor al trabajo y, en consecuencia se vive del trabajo de los demás, ha sido uno de los pilares del “España nos roba” y que ha contado con algunas de las afirmaciones, verdaderamente injuriosas, lanzadas por el corrupto Jordi Pujol en su libro “La inmigració, problema i esparança de Catalunya”, publicado en 1958 y reeditado en 1976. En  más de una ocasión han salido afirmaciones de la boca de alguno de sus más representativos políticos que han supuesto un insulto a los andaluces.
Luchar contra el tópico no resulta fácil. Por eso la decisión de que los funcionarios públicos andaluces completen su jornada laboral en casa para burlar una sentencia del Tribunal Constitucional que obliga a que las horas semanales trabajadas sean 37´5 dar alas a ese tópico en lugar de esforzarse por combatirlo. Pero en los enfrentamientos de la Junta de Andalucía con el gobierno de España cuando está en manos del PP-otra cosa muy diferente encontramos cuando España está gobernada por el PSOE-, parece ser que todo vale, incluido tirar por el suelo la imagen de Andalucía y los andaluces.
Buscarle las vueltas para mantener una jornada de 35 horas contra el criterio del más alto tribunal del Estado es una mala cosa. No sólo desde el punto de vista de respeto a la ley, principio básico en todo sistema democrático, sino por la propia imagen de Andalucía. Más aún si entre las horas computables de la jornada laboral doméstica se encuentra el “mindfulness”, denominación que recibe una especie de meditación budista. Muchos funcionarios se sienten ofendidos porque la guasa, el pitorreo, las burlas y las bromas han hecho acto de presencia, como era de esperar.
Con decisiones como esta del “mindfulness” más allá de sortear por procedimientos torticeros una sentencia judicial, lo que la Junta de Andalucía está haciendo es darle alas al tópico. Aquí son burlas, en otras partes de España pueden añadirle otra clase de comentarios que despiertan justa cólera e indignación de tanta gente que por estos lares trabaja como en cualquier otra parte para ganarse el pan nuestro de cada día, sin tiempo para respirar y sin “mindfulness”.

José Calvo Poyato

jueves, 4 de enero de 2018

Prófugo bananero

La espiral de delirio en la que se instaló Puigdemont hace ya algún tiempo es digna de análisis. No me refiero, ni mucho menos a su huida metido en el maletero de un coche para cruzar la frontera, en su huida a Bruselas para no tener que dar cuenta ante la justicia de sus delictivos actos. Tampoco a la falta de temple que se le ha de suponer a un presidente de la Generalitat, cuando fue incapaz de resistir la presión de las redes sociales o los denuestos de Marta Rovira la que algunos consideraban la musa -luego ha resultado un fiasco en toda regla- de Esquerra Republicana. Me refiero a su reacción en esos tensos momentos, octubre del año pasado, cuando después de haber decidido convocar elecciones en Cataluña como salda al enredo que había formado, optó por proclamar la simbólica independencia a la que se refirió, cuando perdió la épica que gastaba desde el atril, la expresidenta del Parlamento de Cataluña, Carmen Forcadell. En aquellas fechas Puigdemont exigía al gobierno de España, la inmunidad para él y para algunos de los más conspicuos independentistas, el perdón de sus delitos. Lo pedía al ser consciente de que había delinquido de forma grave y acabaría ante la justicia, por eso huyó a Bruselas. Su petición era la propia de quien tiene un concepto bananero del Estado. La de alguien que no cree en la separación de poderes, que caracteriza a los estados democráticos. Era la manifestación más palpable de su desconocimiento de la esencia de uno de los principios fundamentales en los que se asienta una democracia. Su ignorancia acerca de que hace más de dos siglos y medio Charles Luis de Secondat, barón de Montesquieu la dejaba establecida, en su "El espíritu de las leyes", que vio la luz en 1748. Lo que planteaba revela su concepto de lo que puede ser esa república a la que alude en su confrontación con España, ignorando que en un estado democrático eso que pedía no es posible porque no está en manos del ejecutivo, sino en las de los jueces. Es la separación de poderes.
Ahora, tras las elecciones del pasado 21 de diciembre, cuando con su huida a Bruselas ha añadido a sus presuntos -concedámosle el derecho a la presunción de inocencia, ya que pese a las evidencias no ha sido sentenciado- delitos el de prófugo de la justicia, exige, para una supuesta negociación con el presidente del gobierno, garantías de inmunidad caso de que regrese España, como alternativa a la "boutade" de plantear la celebración de dicha reunión en cualquier otro país de la Unión Europea. Puigdemont actúa otra vez partiendo de un concepto bananero del poder. Como si la garantía de no ser detenido en cuanto pise suelo español fuese algo que estuviera en manos del poder ejecutivo.
Esa ensoñación en la que vive es, en gran medida, la consecuencia de haber violado de forma sistemática las leyes por las que se rige un Estado de derecho. Haber silenciado de forma dictatorial a la oposición parlamentaria y haber conculcado las leyes que le permitían ejercer el cargo en Cataluña como un presidente bananero.
Si sueña con organizar un estado según ese pensamiento bananero -la separación de poderes está dinamitada en los apuntes de la agenda de José María Jové, mano derecha de Junqueras, incautada por la Guardia Civil-, los independentistas catalanes tienen un serio problema para dar vida a la republiqueta a que aspiran.
 
 

jueves, 21 de diciembre de 2017

¿Y ahora…?


La denostada transición que, como decía el otro día Paco Robles, tenemos que reivindicar y no quedarnos callados frente a quienes la detestan, fue posible, en buena medida, gracias al apoyo de una sociedad movilizada. Una sociedad dispuesta a reivindicar sus planteamientos en la calle. Una sociedad que se movilizaba hasta por pequeñas cuestiones vecinales. También en Andalucía. Las manifestaciones formaban parte de la vida cotidiana de aquellos años en los que España pasó de ser una dictadura a una democracia homologable en Europa, la que quedaba a este lado de lo que Churchill denominó como el Telón de Acero. La que estaba al otro lado no podía homologar absolutamente nada, al enseñorear otra oscura dictadura todas las tierras que se extendían desde el oeste de los Urales hasta el mencionado Telón de Acero, que marcaba la línea divisoria entre la Europa libre y el paraíso comunista del que la gente quería salir corriendo y por lo que se habían levantado vergonzosos muros, como el de Berlín, para evitarlo.
Susana Díaz, la presidenta de Andalucía, ante al gatuperio político que está cocinándose – el nuevo cupo vasco es un anticipo palpable de ello-, habla de movilizar a los andaluces. Considera que las costuras del Estado están a punto de ceder ante las pretensiones de los independentistas catalanes. La  asimetría que algunos idearon en la transición con la distinción entre nacionalidades y regiones, fue dinamitada desde aquella Andalucía con capacidad de movilización el 28 de febrero de 1980. El resultado fue lo que vino en denominarse como “café para todos”, algo que sentó mal a los que apostaban por dejar establecido lo que consideraban un hecho diferencial porque se consideraban superiores. Susana Díaz pretende dinamitar desde Andalucía el federalismo asimétrico que está en la mente del sanchismo que hoy domina el PSOE en España.
Sin embargo, nos separan ya algunos años de aquella época de movilizaciones. Son dos las generaciones que han surgido después de aquella transición cuyas consecuencias han sido que España, aunque incubando graves problemas, ha vivido cuatro de las mejores décadas de su historia. La sociedad andaluza, pese a las lacras que ha mantenido en este tiempo –altas tasas de paro, elevados índices de  fracaso escolar, baja renta per cápita en el conjunto de España…- , tiene hoy poco que ver con la de aquellos años. No es la misma. Una de las diferencias es que está desmovilizada como consecuencia, en gran medida, de la actuación durante estas décadas de mandato del PSOE en las que uno de los objetivos ha sido ha sido la de aplicar anestesia a la sociedad andaluza. Lo ha hecho a base de subvenciones, de dádivas a sindicatos y organizaciones empresariales y con los eres fraudulentos. Ha propiciado con ello una sociedad civil raquítica y sometida al poder. La sociedad andaluza es presa de un muermo como pone de manifiesto la escasa capacidad de movilización, incluidos los partidos políticos y las centrales sindicales. Esas son, entre otras, las consecuencias del adormecimiento practicado desde el poder.
La realidad de la política de la Andalucía de este momento vive en la desmotivación y la apatía social. A  Susana Díaz no va a resultarle fácil esa movilización, si es que se decide a llevarla a cabo. Los tiempos han cambiado y algunos de estos cambios propiciados por un poder que ha estado mejor anestesiando voluntades y adormeciendo conciencias, van a dificultar lo que ahora se pretende.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Supremacistas falsarios

La existencia de supremacistas en Cataluña no es una novedad, ni tampoco son exclusivas de quienes habitan las tierras del nordeste peninsular, otrora pobladas por tribus íberas, como los ilergetes, o los layetanos. Tribus emparentadas con otras que se asentaban en la zona norte y sur de la cabecera del actual Guadalquivir, como eran los oretanos y bastetanos. En la actualidad el número de supremacistas catalanes ha crecido de forma notable y denominan, despectivamente, como charnegos a sus parientes de otro tiempo. Esos aires de superioridad -hay quien sostiene que es una forma de enmascarar un notable complejo de inferioridad- que manifiestan están asentados, como todo planteamiento supremacista, sobre unas bases falsas.
Para otros supremacistas está relacionado con un determinado Rh que otorga a su sangre unas cualidades que la hacen más valiosa que las del resto de los mortales, a los que, también despectivamente, llaman charnegos. Para otros esa diferencia es genética -pese al sustrato íbero que hay en el genotipo de muchas de las gentes que habitan las tierras peninsulares- y confiere un determinado fenotipo a su imagen. Curiosamente, a alguno de los defensores de ser portadores de una genética superior la naturaleza no le ha otorgado el mejor de los perfiles para los cánones de belleza imperantes. Hay, en fin, quienes sostienen que sus planteamientos ideológicos, sustentados sobre tan deleznables fundamentos, son los de la bondad mientras los de aquellos que no comulgan con dichos planteamientos encarnan la maldad.
Me he referido en otras ocasiones -no me resisto a hacerlo de nuevo- a quienes tratan de sustentar ese supremacismo en el pasado histórico. Es lo que hacen los indocumentados del llamado Instituto de la Nueva Historia subvencionado, como tantas otras organizaciones dedicadas a la difusión del ideario supremacista catalán, por la Generalidad. Tales indocumentados niegan que los conquistadores españoles en las Indias pudieran ser extremeños -evidentemente eran catalanes- porque se trataba de gentes pequeñas y bajitas. Sólido argumento que se sostiene tanto como la catalanidad de Leonardo da Vinci, que era natural de Vic. Tanto como la  localización de Tartessos en Cataluña -ya existía con anterioridad a la llegada de los romanos a la península Ibérica- porque, como su propio nombre indica, era el territorio cuyo centro ocupa Tortosa. Tanto como que fue del puerto de Pals (Gerona) de donde salieron los barcos, tripulados por catalanes, que emprendieron en 1492 la travesía del Atlántico y descubrieron un nuevo continente. Añadan a esa sarta de memeces y mentiras que eran catalanes quienes en 1453 defendieron Constantinopla del ataque de los otomanos o que el Siglo de Oro tiene sus fundamentos en Cataluña. Imagínense a Quevedo (castellano), Góngora (andaluz), Gracián (aragonés), Cervantes (castellano) Lope (castellano), Tirso (castellano), Calderón (castellano), Velázquez (andaluz), Murillo (andaluz), Zurbarán (extremeño), Martínez Montañés (andaluz), Gregorio Fernández (castellano), Pedro de Mena (andaluz), Juan de Mesa (andaluz) o Alonso Cano (andaluz) comiendo butifarra en la masía tras dejar la pluma, los pinceles o la gubia. Imagínenselos cogidos de las manos bailando sardanas -invento de un andaluz en el siglo XIX- a la caída de la tarde. Imagínenselos participando en la formación de castillos humanos el domingo después de salir de misa en la plaza mayor de Olot, Tarrasa o Manresa. La estulticia de algunos puede alcanzar cotas inimaginables. Si ello se une a planteamientos supremacistas, adobados de mentiras y falsedades, resulta execrable. Los integrantes del Instituto de la Nueva Historia lo hacen con los impuestos de todos.

Situación no deseable


 




La situación en que queda el Parlamento de Andalucía, presidida por Juan Pablo Durán en su condición de presidente de dicha institución, podemos considerarla como no deseable. Ello es consecuencia de lo que ha salido a la luz en ABC en relación con la adjudicación de un contrato. Todo apunta a que ha habido mucha opacidad y numerosos indicios señalan que dicha adjudicación no está exenta de una actitud de nepotismo por parte de su presidente. El contrato en cuestión tenía como finalidad promocionar la efeméride del 4 de diciembre, al cumplirse los cuarenta años del 4 de diciembre de 1977 en que centenares de miles de andaluces pidieron autonomía. Señalemos que la promoción en los medios de comunicación, al menos los tradicionales, ha sido prácticamente nula. El contrato fue adjudicado a una empresa denominada «El Cañonazo Transmedia» por un importe de 16.994,87 euros IVA incluido.
El problema ha surgido al conocerse que en dicha empresa trabaja un sobrino del presidente del Parlamento, siendo dicha institución la que lo adjudicaba. Las explicaciones de Juan Pablo Durán a la Mesa del Parlamento no han aclarado su comportamiento en este asunto. El hecho de que trabaje en la empresa adjudicataria no es algo que per se suponga un obstáculo para la contratación, al tratarse de una relación familiar que no lo es de primer o segundo grado. Pero la misma legislación que permite la adjudicación de contratos a familiares en segundo o tercer grado, señala que, con esa relación de parentesco, si alguien forma parte de la institución que adjudica el contrato debe hacerlo constar y además abstenerse de tomar parte en la decisión. Algo que Juan Pablo Durán no hizo. Pero la oscuridad de la contratación no acaba ahí. En la documentación que ha sido entregada a los miembros de la Mesa del Parlamento puede comprobarse que la difusión del video promocional del 4 de diciembre comenzó antes de que se cumplieran los trámites preceptivos de la adjudicación.
Mal asunto porque ese dato lleva a pensar que el procedimiento estaba viciado y la adjudicación a «El Cañonazo Trasmedia» podía estar decidida de antemano. Añádase a ello que la mencionada documentación presenta numerosas lagunas tales como que en la memoria justificativa no aparezca detallado el contenido de la campaña, que no se señalen cuales son los elementos promocionales ni su duración y tampoco el número de inserciones de que consta la promoción. Eso sí, aparece de forma explícita la capacidad técnica de la empresa en la que trabaja el sobrino de Juan Pablo Durán. Todo apunta a que se trata de una verdadera chapuza porque en el aire queda la pregunta de quién indicó a «El Cañonazo Transmedia» que eran los adjudicatarios antes de que hubiera adjudicación.
Cuestiones como ésta no deberían salpicar al presidente de una institución como el Parlamento nunca. Pero menos aún en un tiempo en que la política es denostada por muchos ciudadanos, que incluso la consideran un grave problema. En un tiempo en que se ha generalizado, injustamente, que los políticos estén bajo sospecha y que se ha extendido un rechazo que lleva a afirmaciones tan burdas como «todos son iguales». Una situación como la que salpica al presidente del Parlamento de Andalucía no ayudan, precisamente, a recuperar la dignidad de un servicio público donde la ejemplaridad ha de ser norma de obligado cumplimiento.
JoséCalvoPoyato

sábado, 9 de diciembre de 2017

INDICIOS DE MANIPULACIÓN

Al proceso orquestado por los independentistas catalanes, largo en el tiempo,  hay que reconocerle algunas virtudes organizativas. Las que les han permitido, entre otras cosas, adueñarse de la calle y mantener durante años arrinconados a quienes no compartían sus planteamientos. Han calculado, con una más que aceptable precisión, los pasos que necesitaban ir dando, siendo pocas las cosas que dejaban al azar. Es cierto que contaban con dos impagables ventajas. La primera la actitud de los gobiernos de España, tanto los del PSOE como del PP, de mirar para otro lado cuando se estaban echando los cimientos del problema que hoy existe. No han querido ver situaciones de adoctrinamiento en los colegios que, en algún caso, ha llegado a actitudes propias del nazismo más repulsivo, como el marcar con un punto en la frente a los niños que no hablaban catalán en las escuelas. La segunda, que los pasos del proceso se han dado, por lo general, en la penumbra, algo que les permitía caminar por donde resultaba más conveniente, según fuera la reacción del Estado. Añádase a ello la sarta de mentiras, bien dosificadas, para estimular la emotividad de un elevado porcentaje de catalanes que, aunque con luz y taquígrafos, siguen practicando. En las últimas semanas hablan de una declaración de independencia simbólica, algo propio de la Señorita Pepis. La republica catalana no es más que una republiqueta, que dice mi admirado Amorós. Acatan el artículo 155 de la Constitución porque así les conviene para dejar de ser “presos políticos” y salir de la cárcel. En un ejercicio que para muchos es una verdadera tomadura de pelo. Al mismo tiempo no han tenido el menor empacho en insultar a España. La han llamado ladrona, han silbado a su himno y a la más alta magistratura del Estado. España es un país totalitario que los oprime y ser español es sinónimo de facha. Hay que reconocer que no han dado puntada sin hilo a lo largo del proceso.
Desde hace algunos días vienen planteando dos cuestiones que, conocidas sus actuaciones, son indicios de que traman un nuevo gatuperio. Desde las filas independentistas se viene pidiendo la aceptación de los resultados electorales del 21 de diciembre. Plantean, subliminalmente, que los resultados serán favorables a sus tesis y siembran la duda de que  España vaya a aceptarlos. Lo repiten sin que desde las filas constitucionalistas, cuyos errores son de bulto, se les requiera para que sean ellos quienes los acepten. Hay razones para pensar que no lo harían si son derrotados, después de sus actitudes totalitarias silenciando en el parlamento a quienes no comparten sus principios. Siendo ellos quienes vulneran las leyes o celebran referéndums donde no hay garantía de limpieza electoral. Siendo ellos quienes han manipulado de forma bochornosa un proceso electoral. Es un indicio que los independentistas pongan en cuestión el respeto a las urnas. Una segunda cuestión es la afirmación que se hace, desde Esquerra Republicana, sobre montar un recuento paralelo de los resultados electorales. Con los antecedentes del uno de octubre, es indicio de que su pretensión, caso de que las urnas del 21 de diciembre arrojen unos resultados que no convienen a sus planteamientos, sea ponerlos en cuestión.
Más que indicios son casi evidencias de lo que en la sombra, una vez más, están orquestando. El proceso de engaños… continúa. Ahora con Junqueras, Forn y los llamados “jordis” en la cárcel, ¿qué estrategia urdirán para sacarle partido?

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Unidos somos más

El título quizá induzca a algún lector a confusión. No voy a referirme a la cuestión que llena páginas de periódicos, es objeto de trabajo de los analistas políticos y asunto que preocupa a buena parte de los españoles. No voy a referirme al problema creado por el secesionismo catalán y sus planteamientos de separarse del Estado del que forman parte desde hace más de quinientos años, con una argumentación llena de mentiras y cargada de una emotividad fuera de lugar, pero contra la que resulta muy difícil argumentar con planteamientos de racionalidad. A lo que quiero referirme es a la hermosa tarea emprendida hace algunos años y que ha ido sumando a un número creciente de cordobeses, como en el resto de España. Esos cordobeses, ejemplo de solidaridad llegan este año a los tres mil. Me quiero referir al Banco de Alimentos y a la recolección que, como Gran Recogida, han llevado a cabo en centros comerciales y tiendas de alimentación -en el presente año son centenar y medio- de cosas que nos parecen tan simples son los garbanzos, las lentejas, el arroz, al azúcar, la harina, la leche o el aceite y un largo etcétera, pero que suponen para las familias el sustento de la alimentación.

El objetivo de la campaña en Córdoba y su provincia es el de superar los doscientos ochenta mil kilogramos de alimentos recolectados el año pasado y llegar a los trescientos mil.  Hace sólo unos años podía parecer casi una quimera hoy es posible, más aún probable porque iniciativas como los bancos de alimentos generan una fuerte corriente de solidaridad. La prueba está en que no ha parado de crecer en sus años de existencia y duplicado las cifras de lo conseguido en el 2011, cuando en lo más duro de la crisis arrancaba este proyecto, convertido hoy en ejemplo de solidaridad.

El lema de la campaña lanzada por los bancos de alimentos de  Andalucía es el que da título a la columna de hoy: “Unidos somos más”, una verdad sin paliativos porque la suma de voluntades da como resultado una voluntad mayor y porque la unidad ha sido siempre más fuerte que la división. Además, estamos en puertas de una fecha como la Navidad que, si bien, se configura en nuestro tiempo sobre parámetros muy diferentes a como era concebida hasta hace poco, no deja de ser familiar y entrañable. Hoy es, más allá de  planteamientos religiosos, una fiesta de consumo y de gasto, a veces descontrolado, estimulado por una apabullante publicidad que nos incita a las compras como elemento consustancial de la felicidad. Pero la Navidad, pese a quienes la critican como  tiempo de forzadas reuniones profesionales o familiares y de hipócritas deseos de felicidad, son momentos en los que la solidaridad alcanza cotas más elevadas que en otras fechas del año. Una solidaridad que, en forma de sencillos alimentos en una sociedad sofisticada, tiene historias de ida y vuelta, personas que un día tuvieron necesidad de ser atendidos y son hoy voluntarios que ayudan a que los demás tengan lo que ellos necesitaron.

El “Unidos somos más” de los bancos de alimentos es todo un símbolo de cómo hacer frente a necesidades de los más desfavorecidos y resolver problemas que no se solucionan desde las instancias públicas, que es a quienes corresponde en el llamado Estado del bienestar. Al mismo tiempo pone de manifiesto la importancia de la sociedad civil.