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domingo, 26 de abril de 2020

LA ÚLTIMA VICTORIA DE AMANCIO


De lo verdaderamente importante a los detalles personales, la coherencia de los líderes del movimiento populista tiende a lo zarrapastroso, por llamar de alguna manera al imposible matrimonio entre su discurso y su comportamiento.
Por ejemplo, hace cuatro meses Iglesias prometía «por su conciencia y honor» guardar «lealtad al Rey» y sin embargo, una vez sentado en su despacho de La Moncloa, la emprendió en público contra Don Felipe anhelando una república.
Tan grave falta a su solemne promesa ha pasado desapercibida, quizá porque ya estemos curados de espanto y casi nada en el dirigente populista llama la atención. Seguramente, y con un presidente del Gobierno cabal, o Iglesias rectificaba o a los cinco minutos de aquel tuit del 14 de abril ya tenía que estar con Irene en el chalé de Galapagar y no en La Moncloa. Pero tenemos a Sánchez…
Pasemos por tanto a los detalles. Ahí sí que no ha pasado inadvertido esta semana que después de desgañitarse contra Amancio Ortega sepamos que Iglesias se viste de Zara. Así quedaba demostrado en el forro de la chaqueta que llevó el otro día al Congreso, dos tallas por encima de la suya (como es habitual en él) pero de Zara, con lo que el discursito que se trae contra el empresario gallego quedaba deshecho y su emisor, en ridículo ante toda España.
No es el único, muchos miembros del orfeón anti-Amancio están en las mismas. Irene Montero, que comparte chalé y esa fobia con el padre de sus hijos, ha sido retratada con bolsas de la firma Stradivarius (también de Inditex), aunque trate de ocultar el «pecado» en las fotos poniendo un monigote para que pase desapercibido que también se rinde a Ortega.
Otro conspicuo anti-Amancio es Rufián, para muchos un ejemplar único del «bocachanclismo ibérico» y que lleva años intentando burlarse de él (ya saben, habló el mudo y dijo lo que pudo) criticando el compromiso social de quien lleva donados cientos de millones a la sanidad. Eso sí, según termina cada tuit contra el empresario, se pone su abriguito de Zara de temporada, que es fiel a la marca.
La ultraizquierda, separatista o no, no aguanta un set en el partido de la coherencia. Todo el edificio de su discurso social, político o económico se levanta sobre tardoadolescentes columnas de plastilina.
¿Recuerdan a Ramón Espinar con dos botellas de Coca-Cola en la bandeja del Senado tras pedir el boicot al refresco? ¿Y a aquel presunto Robin Hood maño, Santisteve, pasando al Ayuntamiento hasta la gomina del pelo?
¿Y a Echenique, que pagaba en B y no tenía dado de alta a su único empleado mientras pontificaba contra el compromiso fiscal de Ortega, que tiene en la Seguridad Social a sus 48.000 empleados, a los que paga en A?
¿Y a la ministra de Trabajo, gran defensora de la sanidad pública que contrata los test de sus funcionarios a una clínica privada? ¿Y al chaval de la beca-black? ¿Y Monedero y sus dinerales chavistas? El filón es inagotable.
Estos días Inditex ha donado 63 millones (miles de respiradores, millones de mascarillas, centenares de camas, decenas de miles de batas para sanitarios…) y puesto a disposición del Gobierno su red logística para traer material por valor de 430 millones.
Toneladas de solidaridad en la peor y más trascendental hora de España. Mientras, Iglesias y su tropa parlotean contra él… vestidos de Zara. Esa es la victoria definitiva de un gigante de la prosperidad, primer donante del país, sobre unos diminutos adanes cuya coherencia anda aún en cueros.
Álvaro Martínez ( ABC )

martes, 21 de abril de 2020

Cuando el proveedor de material sanitario se llama Inditex

La logística y contactos del gigante textil en China ha suplido el vacío del Gobierno durante los primeros días de la crisis sanitaria. Experiencia, anticipación y relaciones fluidas con los fabricantes chinos han sido la clave.


El reconocimiento lo hizo en las últimas semanas Alberto Núñez Feijóo sin que hubiera que tirarle mucho de la lengua. «Si no fuera por los aviones de Inditex, no habría mascarillas en España, es de recibo y me siento muy satisfecho» de reconocer «que hay una empresa gallega que está siendo clave», un gigante con sede en el extrarradio de La Coruña, en el polígono de Sabón (Arteixo). La multinacional que preside Pablo Isla se ha convertido en el asidero milagroso de muchas administraciones públicas, empresas y hospitales no solo para abrir un canal de transportes desde China, sino incluso para hallar proveedores fiables y de calidad en un momento clave y de enorme tensión en el mercado de los materiales sanitarios y de seguridad. Cuando saltó la emergencia sanitaria, Inditex hizo pública su disposición de poner al servicio de las autoridades su red logística para importar desde Asia aquello que fuera necesario. Y está siendo fundamental.«Sin Inditex, no habría habido mascarillas en España durante los primeros ocho o nueve días de la crisis», asegura a ABC una voz relevante de la Administración.
Que le pregunten, si no, a la Xunta de Galicia, que comparte proveedores con la multinacional. El gobierno gallego ha recibido casi 14 millones de mascarillas procedentes de China adquiridas con sus propios fondos, además de otras 200.000 donadas por Inditex y el grupo empresarial Caamaño. Y el modus operandi es siempre el mismo: avión fletado por el gigante textil que aterriza en su plataforma logística de Zaragoza, camiones de reparto rumbo a Galicia. En los próximos días llegarán más. Desde que se decretó el estado de alarma y hasta el pasado 3 de abril, Inditex reconocía haber transportado 35 millones de unidades de material sanitario (mascarillas, respiradores, batas, etc,) para distintas administraciones públicas en diez convoyes. Mantiene abierta una ruta semanal desde el país asiático, y sin aparentes problemas de aduanas para cargar sus aviones, al contrario que el Ministerio de Sanidad, que ha visto paralizada mercancía en origen por falta de autorizaciones, cuando no directamente extraviada. ¿Por qué lo que al Gobierno de España se le atraganta para una multinacional como Inditex es una tarea aparentemente sencilla?
Son dos claves: experiencia y previsión. Inditex aterrizó en China hace más de tres lustros no solo como un mercado para vender sus productos sino, y esto es lo más importante, para producir en el territorio. En la actualidad, la matriz de Zara dispone de casi 600 tiendas (que emplean a unas 16.000 personas) y una red de 425 proveedores y 1.866 fábricas en el país, con más de 400.000 trabajadores dependientes de los encargos de la compañía, aunque no son exclusivistas. Esta cadena de suministro es la que le permite sondear una nación de la extensión de la china y encontrar lo que necesita cuando da el salto a un sector que no es el suyo, como el de procurar material sanitario.
Inditex sabe a qué puertas llamar, porque además conoce a los principales actores (empresariales y políticos, indistinguibles en la mayoría de las ocasiones) del país. Su nombre le precede. Pocas empresas de nuestro país (por no decir ninguna) poseen ese «know-how». En 2015, Pablo Isla se reunía con el ministro chino de Medio Ambiente, Jining Chen, y comprometía reformas en sus tiendas para aumentar la sostenibilidad. Cuatro años después, cuando Isla volvió a encontrarse con Chen, este era alcalde de Pekín. El presidente de Inditex se ha entrevistado con varios ministros del régimen chino a lo largo de los últimos años. La relación entre empresa y autoridades es institucionalmente cordial.

Logística

«Inditex tiene logística y contactos, que en estos momentos son más importantes que la chequera», asegura un conocedor del mercado sanitario, «y por supuesto, liquidez tiene de sobra porque los fabricantes solo trabajan con dinero por delante». Si de algo sabe Pablo Isla es, precisamente, de logística, una de las cualidades que le hicieron destacar en Altadis y por las que acabó fichando por la multinacional gallega. Las fuentes consultadas atribuyen también un papel protagonista al presidente de Inditex en China, Yago Vera Cuartero, a la hora de articular la respuesta de la compañía textil a la emergencia del momento actual. Además, como testigo privilegiado del brote del coronavirus en Wuhan a finales de 2019 (se vio obligada a cerrar todas sus tiendas en China), la compañía fue capaz de anticiparse a lo que podía pasar en Europa. Tuvo más previsión que muchos gobiernos europeos.
Dentro de esos actores, el grupo textil ha reconocido que en esta búsqueda de dotación sanitaria ha contado con la colaboración de la Universidad de Tsinghua, el centro educativo más prestigioso del país y donde se forma su élite, situado entre los 50 mejores del mundo según el último ranking Shanghai. Por ponerlo en contexto, la mejor universidad española (la de Barcelona) está entre los puestos 100 y 150 de ese listado. En la centenaria Tsinghua, a las afueras de Pekín, Inditex colabora no solo en un grado sobre gestión empresarial de la industria de la moda sino también con un ambicioso programa de becas. En un país donde las influencias y la confianza son un aval más importante que los ceros de la cuenta corriente, Inditex llamó a puertas y fue capaz de encontrar respuesta al otro lado.
Pero Inditex no se encontraba a oscuras en el ámbito sanitario, sin duda derivado de los vasos comunicantes que la unen con la Fundación Amancio Ortega. En los últimos años, esta institución que sufraga el fundador y principal accionista de la multinacional (lo que le permite lucir entre las mayores fortunas del mundo) ha venido realizando donaciones millonarias de equipos de alta tecnología para la lucha contra el cáncer a las distintas sanidades públicas autonómicas, siempre de manera coordinada y atendiendo a sus peticiones. Este diálogo con las Comunidades fraguó un canal de comunicación para conocer sus debilidades y fortalezas, y llegados al momento presente, saber desde el primer minuto qué ofrecer. Durante aquellos meses, Pablo Iglesias y Podemos recorrían España durante las últimas campañas electorales manifestando que «una democracia digna no acepta limosnas de millonarios» o «España no es una república bananera ni una dictadura que dependa de que un señorito venga dando cosas». Los aviones del millonario son los que han traído las mascarillas que el Gobierno del vicepresidente segundo era incapaz de importar cuando se desató la emergencia sanitaria.
Y tampoco ha pecado de novato. Pudiera temerse que los proveedores hubieran aprovechado la bisoñez del comprador para colocarle material sanitario sin las correspondientes garantías (véase unos test de diagnóstico ineficaces) o certificaciones de las autoridades chinas. Aquí, de nuevo, Inditex puso sobre el terreno a su personal para garantizar que las mascarillas o batas que se adquirían gozaban de todos los permisos. No hay margen para el error, y menos aún en el actual contexto. En la compañía hay un dicho: «se supone que lo que haces, lo haces bien».

domingo, 3 de noviembre de 2019

Los números de la verdad de Amancio Ortega que destrozan a Pablo Iglesias

Podemos ataca al patriarca de Inditex para inaugurar su campaña electoral, una persecución que dura dos años y esconde la realidad del empresario: éstas son las cifras de su negocio.
Pablo Iglesias ha "declarado la guerra" a Amancio Ortega, patriarca de Inditex, para estrenar su campaña electoral. Es un viejo mantra de Podemos, que su líder resucita para movilizar a sus votantes y esparce la idea de que el "señorito" gallego, como le llamó en la noche del jueves, tapa con filantropía o caridad su insuficiente contribución vía impuestos.

Ya en mayo pasado hizo lo mismo Pablo Echenique, autor de una reflexión brutal: "Lo más grave no es que Amancio Ortega gane en un año lo que ganan 150000 trabajadores cobrando el SMI. Lo más grave (y obsceno moralmente) es que eso ocurra mientras lideramos la pobreza infantil en Europa. Sorprende lo poco cristiana que es la derecha cuando hablamos de €". 

El desprecio llueve sobre mojado, y comenzó paradójicamente cuando Ortega invirtió millones de euros en regalar tecnología para el tratamiento del cáncer a múltiples centros hospitalarios públicos, un gesto filantrópico aplaudido por los pacientes pero detestado por ciertos partidos políticos. ¿Pero de verdad Inditex paga pocos impuestos, retribuye mal a sus plantillas y se aprovecha del llamado capitalismo salvaje?
Las cifras dicen lo contrario y avergüenzan a Podemos a escasos días del 10N: el pago de impuestos, la inversión y la creación de empleo de calidad aparecen retratados sin margen de duda en las cuentas oficiales de la compañía. Y son espectaculares, según los datos recogidos por ESdiario.

Amancio Ortega donó un sorprendente regalo a una pequeña aldea necesitada

Inditex registró un beneficio neto de 3.368 millones de euros en su año fiscal 2017-2018 (del 1 de febrero de 2017 al 31 de enero de 2018, el último conocido en su totalidad), lo que supone un incremento del 7% respecto al ejercicio anterior.
Sólo en España Inditex paga más de 1.600 millones en impuestos, el 2% de todo lo que se recauda por Sociedades
Las ventas del grupo se situaron en 25.336 millones de euros, un 9% más, mientras que el resultado bruto de explotación (Ebitda) se situó en 5.277 millones de euros, frente a los 5.083 millones de un año antes, un 4% más.
Las ventas a tiendas comparables crecieron un 5%, sobre el crecimiento del 10% del ejercicio anterior, con crecimientos positivos en todas las áreas geográficas y en todas las cadenas. Las ventas a tipo de cambio constante crecieron un 10%.
 


El resultado neto de explotación (Ebit) alcanzó 4.314 millones de euros, lo que supone un incremento del 7% (+12% a tipo de cambio constante). Inditex elevó las ventas de sus plataformas online un 41% en su ejercicio fiscal 2017-2018, lo que supone el 10% del total de las ventas del grupo y el 12% de los mercados en los que existe tienda online, según ha anunciado la compañía textil, quien comunica por primera vez la facturación por Internet, que alcanza una cifra superior a los 2.530 millones de euros.

Millones para los empleados
Durante el ejercicio, el grupo invirtió 1.800 millones de euros, que se traducen en un "notable" impulso a su modelo integrado y sostenible de tiendas físicas y online.
En la misma línea estratégica de integración, la compañía ha culminado el proceso de incorporación del negocio online de las diferentes marcas en cada país a las sociedades filiales de sus respectivos mercados en los que hay presencia física.
El grupo tiene ya más de 7.000 tiendas por todo el mundo, cotiza en bolsa y da un bonus a casi 90.000 empleados


El grupo distribuye con cargo a 2017 más de 562 millones de euros entre todos los trabajadores que integran la compañía, que se sumarán a sus respectivos salarios. En concreto, 520 millones se corresponden con primas y retribución variable, a los que se sumarán en abril otros 42 millones de euros del Plan Extraordinario de Participación Directa de los Empleados en el Crecimiento de los Beneficios.
Este plan reparte el 10% del incremento del beneficio neto, por lo que este año la cantidad a distribuir sería de 21 millones de euros, que el grupo va a incrementar además en otros 21 millones. Esta remuneración se distribuye cada año entre aproximadamente las 88.000 personas que tengan más de dos años de antigüedad en la empresa el día 31 de marzo de 2018.
Los jóvenes sí quieren ser Amancio Ortega

Pago de impuestos
Inditex ha contribuido fiscalmente a la Tesorería de los países en los que desarrolla su actividad con 5.959 millones de euros en el año 2017, un 6% más que el año anterior. De ellos, 2.711 millones fueron impuestos directos, un 7% más que en el ejercicio anterior. La contribución relativa al impuesto sobre el beneficio del Grupo ascendió a 985 millones de euros, con una tasa efectiva del 22,5% a nivel mundial.
 
https://youtu.be/tf6pYM4FZbE

En España, la aportación de Inditex al Estado ha superado los 1.612 millones de euros en este ejercicio, en concepto tanto de impuestos directos (1.010 millones) como de los recaudados (602) como consecuencia de la actividad económica de la empresa.
El Impuesto de Sociedades supuso 504 millones de euros, lo que supone más del 2% de lo recaudado por la Agencia Tributaria en esta materia. De esta forma, la contribución de Inditex a las arcas del Estado en España por este impuesto supera los 2.000 millones de euros en los últimos cinco años.
En resumen, frente a los mensajes destructivos de Iglesias e Echenique, la realidad de Ortega es bien distinta: de él dependen miles de empleos de calidad, su contribución fiscal es casi insuperable por ninguna otra marca y, además, dedica voluntariamente parte de su fortuna a ayudar al prójimo en materias tan decisivas como la asistencia sanitaria.