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domingo, 19 de febrero de 2023

Sánchez confía en que el TC 'arregle' la negativa del Supremo a rebajar la malversación de los líderes del 'procés'

 

La única vía para que la reforma del Código Penal del Gobierno beneficie a sus socios separatistas es que Junqueras y el resto de condenados recurran en amparo ante el Constitucional.


Pedro Sánchez, con Oriol Junqueras en el Congreso de los DiputadosFoto: GTRES / Edición: El Debate
Corren malos tiempos para la agenda reformista de un Gobierno que, necesitado de extremismos, independentismos y populismos para agotar la legislatura, se proponía revisar el Código Penal a la medida de los líderes del procés y salvar, con ello, sus últimos Presupuestos Generales del Estado. Sin embargo, el revés judicial que ha supuesto para los planes de Pedro Sánchez la decisión del Supremo de confirmar, esta misma semana, la inhabilitación de Oriol Junqueras, el líder de Esquerra (ERC) durante ocho años más, hasta el 2031, obligará al Ejecutivo socialista a pensar en una vía alternativa con la que enmendar su nuevo «error» legislativo. Y, lo más efectivo, desde un punto de vista judicial, es que los condenados recurran la sentencia del Alto Tribunal, en amparo, ante un Constitucional controlado por el rodillo de la mayoría de izquierdas, siete magistrados contra cuatro, impuesto desde la Moncloa.
De ahí las prisas de Sánchez por desbloquear la renovación de un órgano que, no siendo Poder Judicial, tendrá la última palabra en algunas de las causas más políticas del Gobierno, tal y como durante varios meses ha ido avanzando El Debate. No en vano, uno de los objetivos principales de la contrarreforma con la que el PSOE Podemos retiraron el veto impuesto meses antes a los nombramientos del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) era no sólo el de consumar el vuelco ideológico de la Corte de Garantías, sino colocar a Cándido Conde-Pumpido al frente de la misma para 'arreglar' las cuestiones más polémicas.
No en vano, las prisas del PSOE por contentar a sus socios de investidura para obtener su apoyo en los últimas cuentas públicas presentadas, recibía un importante revés protagonizado, una vez más, por el Supremo. Y es que enarbolando su propia jurisprudencia, al igual que había hecho la Fiscalía en un primer momento, el Alto Tribunal ha mantenido intacta la forma agravada del delito de malversación.
Un escenario que, en contra de lo deseado por el Ejecutivo, no sólo encareció la posible vuelta a España de Carles Puigdemont sino que impide el regreso anticipado a la primera línea política de los indultados como Oriol Junqueras quien seguirá apartado de la primera línea de la política, como mínimo hasta 2031.
La clave está en que el Supremo ha venido considerando, tradicionalmente, que el «lucro personal» utilizado por el Gobierno para justificar la rebaja de la malversación no es aplicable, de ningún modo, a los cabecillas políticos del procés. Es decir, la nueva redacción del delito es «plenamente aplicable» a los líderes separatistas, fugados o no, «en la medida en que la sustracción y la apropiación» de los fondos públicos «no presenten un significado sustantivamente diferente del comportamiento que se busca reprimir».
«La Jurisprudencia viene sosteniendo, desde hace más de medio siglo, que el propósito de enriquecimiento no es el único posible para la realización del tipo de los delitos de apropiación. En particular el delito de malversación es claro que no puede ser de otra manera, dado que el tipo penal no requiere el enriquecimiento del autor, sino, en todo caso, la disminución ilícita de los caudales públicos o bienes asimilados a éstos», fijaba el TS en uno de sus últimos autos de procesamiento.
EL DEBATE

lunes, 1 de junio de 2020

CESIONES QUE DAÑAN AL ESTADO




El presidente del Gobierno confirmó ayer, tras una nueva vieoconferencia de presidentes, que pedirá al Congreso autorización para la sexta prórroga del estado de alarma. Tras ceder a las exigencias de los separatistas, Sánchez se ha garantizado el apoyo para extender un recurso que le procura unos poderes especiales.
En lugar de finiquitar esta anomalía constitucional, sustituyendo la alarma por la legislación ordinaria que garantiza la preservación del control epidemiológico, sigue decidido a prolongar al máximo un marco legal que cercena derechos fundamentales como el de circulación.
No cabe esperar ya un gesto de responsabilidad por parte del Gobierno socialcomunista, refractario desde el principio -por cálculo partidista- a asumir un plan b a la legislación de emergencia. Pero sí hay que consignar el giro, uno más de Sánchez, al pactar esta prórroga con sus socios de investidura.
La vuelta al redil de la moción de censura, de la que hoy se cumplen dos años, descoloca a Ciudadanos, que se abrió a apoyar la alarma en las dos últimas votaciones.
La formación que lidera Inés Arrimadas tendrá que sopesar si sigue confiando en un presidente sin palabra y decidido a mantener su hoja de ruta al lado de la izquierda radical y populista, los golpistas del procés y los herederos de ETA.
La prolongación del estado de alarma, avanzada ya la desescalada, no responde a criterios técnicos o científicos, sino al ansia del Gobierno de perpetuar este instrumento. Es evidente que los datos relativos a la pandemia se han relajado de forma clara. Por tanto, lo preceptivo es pilotar un regreso, gradual y ágil, a la normalidad.
No solo para restaurar una contexto institucional ordinario, sino para coadyuvar en la recuperación económica. No obstante, resulta verdaderamente nocivo para los intereses generales que Sánchez siga echado en brazos de quienes no tienen mayor horizonte que destruir la nación. Con el PNV ha acordado traspasar la gestión del ingreso mínimo vital al País Vasco y Navarra.
Así, ratifica a los nacionalistas vascos como interlocutores del Gobierno foral, lo que resulta inadmisible. Ante ERC ha cedido en volver en julio a la mesa bilateral y extraparlamentaria con la Generalitat, además de dejar en manos de las comunidades la fase final hasta culminar en el 21 de junio, cuando los españoles recuperen la libertad de moverse por todo el territorio nacional.
Sánchez, que en una semana ha mutado de la «cogobernanza» a prometer la «gobernanza absoluta» a las CCAA, ha convertido la desescalada en una subasta autonómica, consintiendo privilegios y provocando la razonable queja de presidentes como Díaz Ayuso o Moreno Bonilla.
El Estado sale muy debilitado de este cambalache. Y todo para extender la alarma, una herramienta que ya es prescindible, y para satisfacción política y personal del propio Sánchez. Pésimo bagaje mientras el país se hunde.
El Mundo