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domingo, 20 de octubre de 2019

EL ARTÍCULO DE USSÍA (Como siempre magistral, Alfonso)

«Se han equivocado, señora ministra. Mingorrubio se va a convertir en el epicentro de las visitas de aquellos que nunca fueron franquistas y ustedes se han inventado»
«Son ustedes los creadores del franquismo renovado, de los hijos de aquellos que, a favor o en contra, vivieron durante su mandato»
Ha dicho la señora ministra Dolores Delgado, la más pija de las antiguas alumnas del colegio Alameda de Osuna, remanso de Baltasar Garzón, divertida comensal sobre los manteles de Villarejo, acuñadora del contundente «maricón» dedicado a su compañero de Gobierno Fernández Marlaska, ha dicho –repito–, que la exhumación del cadáver de Franco significa la «primera victoria de la España vencida». Su frase, solemne y pedante, es una sandez, señora ministra.
Vencer a unos huesos que llevan alejados de la vida 44 años, no es una victoria. Es, en el caso que nos ocupa, una derrota del sentido común. Con esos huesos que ustedes, con la inestimable colaboración de una Santa Sede liderada por un peronista montonero y de un Arzobispo de Madrid más blando y melifluo que una gominola de kiwi, han demostrado su ilimitada cobardía. Una victoria jamás es cobarde. Por otra parte, ustedes con su torpeza, han resucitado a quien vivió sobre esos huesos. Profanan un enterramiento custodiado por la Iglesia en una basílica, violan la «res sacra», y deciden, sin la autorización de su familia, donde esos huesos van a ser inhumados. Y hablan de la primera victoria de la España vencida. Sabemos que otro, y muy diferente, es el objetivo de este combate contra un muerto. El objetivo mide más que la tumba, se alza sobre el valle de Cualgamuros y representa lo que Tierno Galván, que era un intelectual de la izquierda culta, definió como el «símbolo de la paz». Me refiero a la Cruz, Dolores Delgado, mucho más grande que aquella que llevaba sobre su pecho el Padre Bartolomé Fernández Vicens y Fiol, su director espiritual en el colegio Alameda de Osuna. –Dolores, Dolores, no me seas traviesa y no te distraigas durante las oraciones, que siempre estás con la cabeza a pájaros–. –Sí, Padre, lo intentaré–.
Explíqueme la «victoria», señora ministra. En casi dos años, la única obsesión como Presidente del Gobierno de Pedro Sánchez ha sido la de desenterrar unos huesos de un lugar para enterrarlos en otro. Conozco hechos históricos infinitamente más brillantes. Su «victoria», señora ministra, es una birria. Y una buena parte de los militantes, votantes y simpatizantes socialistas consideran que esa «primera victoria de la España vencida» es una farsa, una venganza de nenaza, una fruslería. Cuando Franco murió, usted era una niña rica, guapa y ajena a tanta tontería. La tontería la ha ido aumentando en los años que otros ensanchan su experiencia, su inteligencia y su sentido común. Es lo que sucede cuando su cargo depende de un intruso en la política, de un rencoroso obsesivo que cree haber vencido por haber derrotado a un muerto. Y se han equivocado, señora ministra. Mingorrubio se va a convertir en el epicentro de las visitas de aquellos que nunca fueron franquistas y ustedes se han inventado. Son ustedes los creadores del franquismo renovado, de los hijos de aquellos que, a favor o en contra, vivieron durante su mandato. Los huesos de Franco estaban muy bien enterrados en el Valle de los Caídos, olvidados por sus partidarios y sus detractores. Hasta que llegó Zapatero y abrió las heridas cicatrizadas. Hasta que llegó Rajoy, y permitió con su mayoría absoluta que la Ley del Odio se mantuviera vigente. Hasta que llegó Sánchez, y decidió que su política de futuro para España se reducía a sacar un cadáver de Cuelgamuros y llevarlo hasta Mingorrubio. Sucede que detrás de todo eso, lo que molesta es la inmensa Cruz que da cobijo y sombra a más de 30.000 caídos en la Guerra Civil, huesos de nacionales y republicanos, reunidos en el descanso para recordarnos hasta qué límite son capaces de alcanzar los resentimientos.
No, señora ministra. Su victoria no es pírrica, sino inexistente. Otra cosa es la sentencia del Supremo contra los golpistas del separatismo catalán, que tan bien se lleva con ustedes. Ahí sí han ganado. Lo malo es que esa victoria no será para los vencedores o los vencidos. Todos los españoles hemos sido derrotados por una Justicia estercolizada. Píenselo, señora ministra.

domingo, 17 de marzo de 2019

RESUCITAR EL ODIO

RESUCITAR EL ODIO
Sánchez ha vuelto a encomendar a esa mujer que habla tan malamente la pública promesa de su medida estrella. Sin respetar las medidas cautelares impuestas por el Tribunal Supremo, la mujer que se trabuca ha anunciado que los restos del general Franco serán exhumados de su tumba del Valle de los Caídos el próximo 10 de junio para ser inhumados en el cementerio de El Pardo-Mingorrubio, con o sin la autorización de la familia. Hasta los de Podemos han criticado el anuncio y se han tapado las narices para evitar el podrido tufo electoralista del PSOE.
No le concedo importancia a esta nueva chorrada de la marioneta egabrense de Sánchez. El problema de Carmen Calvo no es lo que dice, sino cómo lo dice. Es una mujer con el odio establecido en su gesto y en su mirada. El general Franco y el franquismo fueron enterrados el mismo día y a la misma hora, y Sánchez se ha empeñado en resucitarlos. Sucederá lo mismo, de conseguir su propósito, en El Pardo que en la cripta de La Almudena.
Colas y colas de personas que habían olvidado el fallecimiento del Jefe del Estado que triunfó en la Guerra Civil. Mejor no jugar con fuego, que se han dado casos de resurrecciones y a Sánchez se les pueden tintar los gayumbos y a la que habla mal las bragas que lleva cuando habla con los ministros durante las primeras horas de la mañana, según propia confesión.
La resurrección más divertida de la Historia de la humanidad – ya la he narrado–, fue la de Su Gracia El duque de Bedford. Se hallaba enfermo y leía las gacetillas de Sociedad de su querido diario «Times», cuando en el apartado de defunciones se topó con el pasmo. «Ayer falleció el Duque de Bedford». Llamó al «Times» inmediatamente y se alcanzó un acuerdo para resucitarlo sin herir el prestigio del «Times», que presumía de no haber errado jamás en una noticia. Y al día siguiente, el Duque resucitó de esta manera. «Natalicios. Ayer nació el Duque de Bedford».
Para mí, que el general Franco descansa en paz y en silencio, pero puede enfadarse si Sánchez insiste en resucitarlo. Y Franco enfadado no es moco de pavo, ni cuesco de colibrí ni eructillo de ratón silvestre. Aténgase Sánchez a las consecuencias si consigue su propósito.
El fundador de la empresa «Tuacerix S.L.», Tubos de Acero Inoxidable Sociedad Limitada, falleció rodeado de sus siete hijos en abril de 1977. Exhalado el último suspiro y clausurados sus párpados, ante el cuerpo presente del empresario, los hijos comenzaron a discutir la herencia. En un momento dado, el fallecido abrió los ojos, y sacando fuerzas de su propia muerte les gritó: «¡Sois todos unos hijos de la gran puta!». Y él mismo procedió a cerrarse los ojos para retornar a su descanso.
De seguir Sánchez utilizando a la pobre egabrense que habla tan mal y con tanta acidez en su mirada para anunciar lo que hasta ahora les ha salido por los antifonarios –España es un Estado de leyes para la gente, no de gente para que interpreten las leyes a su capricho–, podría recibir Sánchez en los próximos días, un sobre a la antigua usanza con una invitación en su interior con el siguiente texto.
«Su Excelencia el Jefe del Estado recibirá con mucho placer a su estimado amigo Pedro Sánchez el próximo miércoles 20 de marzo en el Palacio del Pardo en audiencia privada. La audiencia será a las 12:15 y se ruega al señor Sánchez se halle en las dependencias del Palacio a las 11:45 como muy tarde. Su Excelencia tiene previsto imponerle la Gran Cruz de la Resurrección del Franquismo que tan brillantemente ha merecido. Asimismo, ruega encarecidamente al señor Sánchez que no acuda acompañada de su esposa por si las moscas. Etiqueta. Chaqué mejor confeccionado que su último frac».
Y Sánchez acudiría, y posteriormente a la reverencia del saludo le diría: «Excelencia, yo no tengo nada contra su persona. Pero algo hay que hacer para ganar votos».
«Puez haga como yo. No ze meta en política».
Y posteriormente, le impondrá la Gran Cruz.
Alfonso Ussía ( La Razón )