miércoles, 20 de enero de 2021

Cristianofobia: una alcaldesa comunista será llevada ante la Justicia por derribar una Cruz

 

El derribo se ordenó y se ejecutó esta mañana sin llevarlo al pleno municipal

Cristianofobia: una alcaldesa comunista será llevada ante la Justicia por derribar una Cruz

El odio del comunismo hacia el Cristianismo está haciendo que en España se reproduzcan escenas que ya se vieron en las dictaduras de esa ideología totalitaria.

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Vox llama «talibanes» y «odiadores profesionales» a Izquierda Unida

Hoy el Ayuntamiento de Aguilar de la Frontera (Córdoba), gobernado por la formación comunista Izquierda Unida, ha derribado la Cruz de las Clarisas. Desde Vox Andalucía han acusado a los comunistas de IU de “talibanes” y han declarado: “La izquierda está decidida a perseguir la cultura religiosa de millones de españoles. Son odiadores profesionales ¡No lo vamos a permitir!”

Abogados Cristianos había pedido a la Justicia que prohibiese el derribo

La Asociación Española de Abogados Cristianos había solicitado medidas cautelarísimas ante el Juzgado de lo Contencioso Administrativo de Córdoba para que prohibiese al Ayuntamiento el derribo de la Cruz. La asociación advirtió que la Cruz del Llanito de las Descalzas pertenece al Conjunto Histórico Artístico del Monasterio de San José y de San Roque, “declarado Bien de Interés Cultural en 1983”, y señaló que “no incumple con la Ley de Memoria Histórica ya que no contiene ni ninguna inscripción”.

El derribo de la Cruz ni siquiera fue llevado al pleno municipal

Además, desde Abogados Cristianos señalan que “la decisión de destruir el monumento no se ha aprobado en pleno ni cuenta con el proyecto competente para actuar en un entorno BIC, por lo que es completamente ilegal”. La asociación señala que esa decisión del Ayuntamiento “parte de la discriminación y animadversión de la mandataria hacia los cristianos”, y que lo que pretende el gobierno municipal es “acabar con cualquier símbolo cristiano, tal y como hemos visto en otras localidades gobernadas por los mismos partidos”.

Abogados Cristianos anuncia una querella contra la alcaldesa

En una nota de prensa remitida a Contando Estrelas este mediodía, tras el derribo, la Asociación Española de Abogados Cristianos ha anunciado la presentación de “una querella ante el Juzgado de Instrucción de Córdoba contra la alcaldesa de la localidad de Aguilar de la Frontera, Carmen Flores (IU-LV-CA), por derribar una Cruz de la localidad”. La asociación acusa a la alcaldesa de “los delitos de prevaricación con el agravante de discriminación y daños contra el patrimonio”. Además, Abogados Cristianos pedirá también la inhabilitación de la alcaldesa para ejercer cargo público y ya ha iniciado además “acciones por la vía contenciosa por las numerosas irregularidades cometidas”.

Fotos: Diócesis de Córdoba.

martes, 19 de enero de 2021

Pablo Iglesias sigue abusando de la paciencia ciudadana

 EDITORIAL, EL MUNDO

Pablo Iglesias sigue abusando de la paciencia ciudadana
Actualizado 

Su alarmante falta de cultura democrática quedó expuesta en toda su desfachatez cuando comparó al prófugo Carles Puigdemont con los exiliados del franquismo

LA SEXTA

Cabe preguntarle al presidente del Gobierno, que para eso lo es, hasta cuándo va a permitirle a su vicepresidente segundo que abuse de nuestra paciencia. El juego populista de ejercer la oposición desde la zona noble de Moncloa, como si Iglesias continuase siendo el demagogo de plató que se arrogaba la voz de los perdedores de la crisis megáfono en mano, no se sostiene más. Y no porque Iglesias sea hoy propietario de una mansión y beneficiario de una holgada nómina entre otras atribuciones de su cargo, sino porque desempeña responsabilidades de gobierno. Sus intoxicaciones continuas y su deslealtad sistemática lastran la ya débil operatividad del Gobierno de coalición. Y esa ineficacia la pagan los ciudadanos, angustiados ante unas perspectivas sanitarias y económicas de crudeza sin precedentes.

Resulta patético conceder una entrevista a una televisión afín para tratar de excusar la propia insolvencia y la imposibilidad de satisfacer las tramposas expectativas creadas. Eso hizo Iglesias, ensayando una coqueta dicotomía entre poder y Gobierno para evadir su responsabilidad en la deriva actual de España. Pero solo las dictaduras gozan de un poder irrestricto como el que parece ambicionar el ministro de Derechos Sociales. Su alarmante falta de cultura democrática quedó expuesta en toda su desfachatez cuando comparó al prófugo Puigdemont con los exiliados del franquismo. Los republicanos tuvieron que huir de España porque la causa del golpismo había triunfado, mientras que Puigdemont huyó porque su golpe contra la legalidad constitucional fracasó frente al Estado. Da un poco de vergüenza tener que recordarle esto a un autoproclamado luchador antifranquista -con algunas décadas de retraso- que defiende a Puigdemont por razones tácticas y también porque es incapaz de superar el complejo de inferioridad hispanófobo de la izquierda española entregada al nacionalismo más reaccionario y divisivo.

Pero la labor de zapa de Iglesias no se limita a la política territorial sino que socava igualmente la estrategia económica que trata de impulsar la parte menos radical de este Gobierno. Ahora le toca al turno a la ley de vivienda, que Podemos quiere aprovechar para introducir medidas de un intervencionismo disparatado. El PSOE afirma que no quiere interferir en el marco competencial de autonomías y ayuntamientos, y prefiere los incentivos fiscales a las sanciones para estimular la movilización de inmuebles vacíos en manos de grandes tenedores; pero su socio de coalición defiende lo contrario, y además pretende fomentar las expropiaciones y topar el precio del alquiler. ¿A cuántas de estas medidas ruinosas tendrá que plegarse el PSOE para sacar su ley? ¿Qué capacidad de maniobra tiene frente a su aliado radical?

El dilema del prisionero o del insomnio se le sigue presentando a Sánchez cada día. Pero con la economía en caída libre, el precio de la división interna y del maximalismo ideológico de la extrema izquierda será cada día más gravoso. Porque lo pagarán todos los españoles.

El poder de Pablo Iglesias

 El poder de Pablo Iglesias

Pablo Iglesias dice que no se fía de nadie. Desde luego, no se fía del presidente Sánchez. “Sé quién es mi socio”, indica. Hace bien. Este hombre con coleta es más listo que los ratones colorados. Me parece que se siente en la Moncloa bastante perdido. Un año después de llegar, se da cuenta ahora de que no es lo mismo estar en el Gobierno que tener poder, como es distinto estar repicando que en la procesión. Él no manda en el Boletín Oficial. El que manda infinitamente más que él, sin ser ministro siquiera, es su amigo Iván Redondo, el jefe del gabinete. De poco le sirve que éste confiese que siente por él “admiración intelectual y conceptual”. Vaya usted a saber qué quiere decir con eso. Las que manejan la cosa son Carmen Calvo y Nadia Calviño. Y hasta la ministra de Defensa, Margarita Robles. Él no toca bola en los asuntos importantes, en las grandes reformas pendientes: reforma laboral, eléctricas, alquileres, etcétera. Como acostumbraba a decir Guillermo, “El Tirachinas”, de mi pueblo: “Mucho pun-pun y poco tacatá”. El sistema capitalista sigue intacto y boyante bajo la vigilancia de Bruselas y de la Banca. El dinero es el que manda en la política, en los medios de comunicación y en todo. Encima la pandemia y el reciente temporal no dejan sitio para otras preocupaciones. Iglesias no está para poner vacunas en las residencias o coger una pala y retirar el hielo de la entrada. Se ha quedado al abrigo y sale cuando escampa.

Su confesión en “Salvados” de La Sexta desvelan un personaje cargado de frustración. Se muestra abiertamente insatisfecho después de haber alcanzado un sueño. Se ha quedado en una especie de ministro sin cartera, que va por libre. Se resiste a ser parte del sistema, pero está metido en él de hoz y coz. Como agitador ideológico, sin una idea original en la cabeza, ha perdido crédito, mientras, en las encuestas, UP pierde apoyo. La revolución se aleja. Sus provocaciones -Puigdemont es un exiliado y el rey Juan Carlos, un fugado…- revelan su desquiciamiento actual, su desconcierto. Ya ni siquiera producen alboroto. “¡Bah, cosas del Coletas -dicen sus socios del Consejo de Ministros-, menos mal que no tiene poder!” Pablo Iglesias está dándole vueltas a la idea, no tan descabellada, de dejar el Gobierno y recuperar el poder de la calle.


QUÉ FUE DE LAS VÍCTIMAS DE ETA

 

El goteo de acercamientos y excarcelaciones de presos etarras es incesante y se ha normalizado en la información diaria sobre las decisiones del Gobierno. La brutalidad de la pandemia de Covid-19 pone sordina a este injusto devenir de lo que debería haber sido una derrota sin paliativos de ETA y empieza a ser una especie de victoria diferida de los terroristas

Que el otrora aclamado juez Grande-Marlaska sea la mano pagadora del precio que cuesta el pacto del PSOE con Bildu no hace más que añadir evidencias a la pérdida de escrúpulos y de memoria de la izquierda gobernante. No hay que engañarse. Puede, y así hay que aceptarlo, que algunas excarcelaciones sean conformes a la legalidad penitenciaria y otras respondan a razones médicas justificadas.

El Estado de Derecho siempre es de Derecho y las primeras en defenderlo han sido las víctimas de ETA. Lo cierto es que, al margen de estas decisiones amparadas por la ley, o a lomos de ellas, discurre el gran plan político de agrupación de la izquierda, desde el PSOE a EH Bildu, pasando por Podemos y ERC.

Los socialistas siempre buscan ser juzgados por lo que dicen, pero no por lo que hacen, porque lo que están haciendo con los actuales líderes del proyecto de ETA cumple aquello que pronosticó la madre de Joseba Pagazaurtundúa: harán cosas que helarán la sangre.

El descaro de Otegui cuando pide a los presos de ETA que militen en EH Bildu o anuncia que pactan con el PSOE para «democratizar el Estado» es una repulsiva consecuencia de la legitimación de los proetarras por el Gobierno de Sánchez. Aquí no hay PSOE ni ministros moderados.

Todos tragan lo que haga falta para conservar un poder que el PSOE lo hace descansar en la unificación de todas las izquierdas, sean dignas o indignas como viene sucediendo desde que, en 2003, cuando, animado Zapatero, Pascual Maragall creó el frente soberanista de izquierda con ERC, el llamado «pacto del Tinell». Acercar y excarcelar presos de ETA es una pieza de esta estrategia más amplia del PSOE con Bildu.

Una estrategia que irá a más, desmintiendo a los ingenuos que creyeron que el PSOE giraría al centro una vez que tuviera aprobados los Presupuestos para 2021. El desmantelamiento de la política penitenciaria que tan eficaz fue en la lucha contra ETA está ignorando la existencia de cientos de víctimas, por supuesto, pero también el deber de todo gobierno de España de hacer valer la derrota de ETA.

Si el Gobierno no fuera promotor de ese pacto con Bildu, si no sintiera una obscena satisfacción por el apoyo de Otegui, mantendría a las víctimas de ETA como prioridad de su agenda política, instaría a la Fiscalía General -esa que, según Sánchez, depende del Gobierno- a recurrir las excarcelaciones judiciales, cuidaría de mitigar el dolor que causa a viudas, huérfanos, padres y hermanos las salidas a la calle de asesinos no arrepentidos, ni colaboradores de la Justicia.

Es tan escandaloso como que el PSOE ha aceptado los votos de Bildu sin exigir a Otegui, terrorista reincidente, y a los suyos que pidan perdón por los crímenes de ETA.

Las víctimas de ETA sienten que han perdido la última esperanza que les quedaba: la de sumir en la indignidad y la marginación a los presos de ETA. En esto tendría que haber consistido el relato histórico de la derrota de la banda, no en su transición a una formación política homologable para «la dirección del Estado».

Hay mucho foco puesto en la responsabilidad de Iglesias como lobista de los proetarras ante La Moncloa, pero la decisión de aceptar los votos de Bildu es de Sánchez.

Y Bildu no representa a ETA. Es ETA.

ABC

Las barbaridades de Pablo Iglesias en La Sexta defendiendo a golpistas y violentos

 

Comparó al prófugo Carles Puigdemont con los exiliados del franquismo

Las barbaridades de Pablo Iglesias en La Sexta defendiendo a golpistas y violentos

El canal izquierdista de Atresmedia hizo una entrevista al vicepresidente ultraizquierdista de España, Pablo Iglesias. Fue toda una exhibición de cinismo.

Apoyaron asediar el Congreso en España y ahora hablan de «golpe de Estado» en EEUU
A Pablo Iglesias le “emociona” ver a encapuchados pateando a un policía

Defiende la violencia de ultraizquierda recurriendo al comodín del «fascismo»

Preguntado por los escraches que él defendió y por la marcha “Asedia el Congreso” en un programa emitido por Intereconomía el 25 de abril de 2013, Pablo Iglesias afirmó que comparar esos escraches con los que sufre él y esa manifestación con el asalto al Capitolio es “banalizar el fascismo” y afirmó que el asedio al Congreso del 25-A fue pacífico. La realidad es que los convocantes de aquella marcha llamaron a romper los cordones policiales e incluso el movimiento del 15-M se desmarcó de ella por considerarla violenta. La manifestación ilegal y violenta se saldó con 15 detenidos y 14 policías heridos.

Compara al golpista Puigdemont con los exiliados del franquismo

En esa misma línea de defender a delincuentes, Pablo Iglesias defendió al golpista Carles Puigdemont afirmando que si está en Bruselas “no es por haber robado dinero a nadie ni por haber intentado enriquecerse sino por llevar sus ideas políticas hasta un extremo y por vías a mi juicio erróneas y que no tienen por qué ser indiferentes al Derecho pero, de alguna manera -perdona la dureza de la expresión- se ha jodido la vida para siempre, porque se ha jodido la vida para siempre, por sus ideas políticas”. El vicepresidente comunista incluso comparó a Puigdemont con los exiliados del franquismo, mientras justificaba llamar “fugitivo” al Rey Emérito.

Puigdemont está procesado por sedición y malversación de fondos públicos

La verdad es que Puigdemont está fugado de la Justicia española tras haber sido procesado por los delitos de sedición y malversación de caudales públicos. No es que lo diga yo: en el enlace lo indica el Tribunal Supremo, que el 14 de octubre de 2019 dictó la Sentencia 459/2019 condenando a otros procesados -subordinados de Puigdemont en el momento de los hechos- por el golpe separatista del 1 de octubre de 2017 también por los delitos de sedición y de un delito de malversación agravado por razón de su cuantía.

Por el contrario, don Juan Carlos I no ha sido condenado, ni procesado ni tan siquiera imputado por delito alguno. Que el vicepresidente del Gobierno de España defienda a un delincuente fugado que ha cometido delitos muy graves, y a la vez criminalice a un hombre que ni siquiera está imputado, es algo intolerable. Y lo peor es que Pablo Iglesias asume un papel que no le corresponde, el de juez, y lo hace favoreciendo a uno o perjudicando a otros por razones puramente políticas, ya que con los separatistas siempre se ha llevado muy bien pero la Monarquía no le gusta. Así es como dictan “Justicia” en esas dictaduras con la que el jefe de Podemos ha mantenido vínculos ideológicos e incluso mediáticos, como son las de Cuba, Venezuela e Irán.

Pretende que el golpismo separatista quede impune

En la misma línea de saltarse a la torera el Estado de Derecho y la separación de poderes, Iglesias dijo ayer que los golpistas presos por el 1-O deben estar “libres” y que “el problema de Cataluña sólo tiene solución política”Lo que quiere decir es que se debe otorgar impunidad al separatismo catalán para saltarse la ley y suspender la Constitución, y por tanto el amparo legal a los derechos y libertades fundamentales que garantiza nuestra Carta Magna. El caso es que hace apenas dos semanas Podemos criticó el asalto al Capitolio en EEUU y ahora su jefe se pone a defender a golpistas porque tiene buena sintonía política con algunos de ellos. Y este tipo es vicepresidente del Gobierno de España…

El concepto del poder que tiene Pablo Iglesias

Y con esto llegamos al verdadero sentido de la política que tiene este personaje. Anoche se lamentó de que España tenga lo que llamó una “democracia limitada” y dijo que “estar en el Gobierno no es estar en el poder”:

Esa declaración va más allá del mero intento de justificar que su retórica sobre los “poderosos” cuando estaba en la oposición se haya tornado en una vida de lujo a costa de los españoles, pisoteando nuestros derechos y libertades y subiéndose el sueldo mientras él y sus colegas de gabinete llevan a nuestro país a un desastre económico y sanitario sin precedentes. Con esa declaración, lo que Pablo Iglesias parece echar de menos es un poder sin límites y sin contrapesos, como el de un dictador totalitario. A fin de cuentas, Pablo Iglesias es ideológicamente comunista, y esa ideología ha convertido la opresión y el terror en sus señas de identidad allí donde ha gobernado.

Lo que le fastidia a Pablo Iglesias es que en España aún haya una oposición a su poder desde distintos estamentos, y que eso le impida hacer esas exhibiciones de prepotencia que tanto le gustaban a su admirado Hugo Chávez, cuando se limitaba a señalar con el dedo un edificio para arruinarle la vida a otros sólo con decir una palabra mágica: “exprópiese”. El sentido del poder que tienen los comunistas como Pablo Iglesias no tiene cabida en una democracia.

Ser Ministro de Sanidad y candidato a la Generalitat es un delito moral y electoral.

 

Blog de Juan Pardo



 



El segundo dueño de Pedro Sánchez, en su estrategia política electoral, Iván Redondo explicó al inquilino de La Moncloa que convenía aprovechar a Salvador Illa para afrontar el órdago catalán. El “toma dinero para que me mantengas en La Moncloa” y yo os mantengo en la cuadra política de Cataluña  eso es tan chabacano como bolivariano. Yo te doy a ti, Esquerra Republicana de Cataluña, el control de la Generalidad y a cambio tú me garantizas, con los escaños del separatismo en el Congreso de los Diputados, la permanencia en mi poltrona de La Moncloa. 

 

Salvador Illa era un triste porteador de maletas de Iceta,  un desconocido en la vida política española y un peligro para la sociedad española en la gestión del coronavirus. La Covid-19 ha proyectado su imagen reiteradamente en todos los hogares españoles. Pedro Sánchez estuvo de acuerdo en aprovechar la pandemia para garantizarse, con Salvador Illa, un buen resultado en Cataluña y afianzar su alianza con ERC, lo que ofende, por cierto, a la dignidad política de España.

 

La Covid-19, sin embargo, le ha jugado una mala pasada. La tercera ola es un hecho y, aunque la celebración de las elecciones autonómicas catalanas el 14 de febrero era posible con las debidas cautelas, partidos y Gobierno regional han decidido aplazarlas fragilizando así el efecto Illa.

 

Parece absurdo que el ministro de Sanidad sea durante cinco meses candidato a las elecciones regionales y a la vez miembro del Ejecutivo nacional. Habría que elevar el cinismo al cubo para mantenerle en su puesto ministerial cuando la pandemia golpea con renovada agresividad y se precisa al frente del Ministerio de Sanidad a una persona que no dependa de las exigencias de elecciones autonómicas.

 

Salvador Illa no tiene otro camino decente que irse. Su dimisión es ya un clamor popular. Sin embargo, son muchos los analistas que, al subrayar la tozudez de pedro Sánchez, apuestan porque mantendrá en el consejo de ministros al candidato a las elecciones autonómicas catalanas.

lunes, 18 de enero de 2021

Mi aborrecido socio

 ¿Cómo va a acabar el tándem Sánchez-Iglesias? Es un matrimonio de conveniencia, cuando deje de convenir a una de las partes se romperá

José María CarrascalJosé María Carrascal

El rifirrafe, pulso, duelo a primera sangre que se traen Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, ¿es de verdad o es un paripé más de los que acostumbran nuestros políticos para ocultar sus desnudeces y avanzar sus verdaderas intenciones? Pues ambas cosas. Pedro y Pablo son tan aliados como rivales, tan de izquierdas como anticonservadores, tan ambiciosos como sin escrúpulos, tan narcisistas como faltos de una sólida formación. Sólo una cosa tienen en común: ambos quieren residir en La Moncloa. Y como sólo puede haber un inquilino, Pedro, con un partido mucho más sólido, tiene allí su residencia. A lo que podría añadirse otra concomitancia: ambos saben también que uno depende del otro, como los alpinistas en una escalada, y todo

 intento de cargarse al socio, significaría despeñarse ambos. Así que gobiernan como dicen que hacen el amor los puercoespines: con mucho cuidado.

Lo que no impide que los «desencuentros», como les llaman, sean importantes y diarios. Iglesias y Sánchez tienen ideas distintas sobre las pensiones, el salario mínimo, la Monarquía, el Sahara, el Ejército y otros asuntos, no ocultándolo el primero, que los airea a campana herida, mientras el segundo le pone sordina. Más que la confrontación, Iglesias busca afianzar su liderato entre los suyos, con el eslogan «la verdadera izquierda es la mía», lo que no desagrada del todo a Sánchez, ansioso de hacerse un hueco en el centro y captar los electores que Ciudadanos pierde a chorros.

Su verdadero problema es que socialismo y comunismo, aunque empezaron juntos, con el trascurrir de los acontecimientos se han ido separando hasta terminar siendo rivales a muerte, literal, cuando los primeros devinieron en socialdemócratas, «lacayos del capitalismo» según los comunistas, que les negaron todo tipo de derechos. «No se le ocurra nombrar presidente o alcalde a un socialista -dijo Stalin a Walter Ulbricht cuando le mandó a hacerse cargo de Alemania del Este o Republica Democrática Alemana-. Elija liberales, a ser posible, profesores de universidad». Algo que Ulbricht cumplió al pie de la letra, hasta el punto de levantar el Muro.

¿Cómo va a acabar el tándem Sánchez-Iglesias? ¿O no va a acabar? Pienso que sí, por las razones expuestas. Es un matrimonio de conveniencia que cuando deje de convenir a una de las partes se romperá. Va a depender de circunstancias ajenas a ellos, como la evolución de la pandemia y la marcha de la economía. Ambas van mal, que favorece a Iglesias. La izquierda florece con la miseria de los pueblos y esta pareja, como Zapatero, está haciendo todo lo posible para arruinar España. La incógnita es cómo lo tomarán los españoles.