Mostrando entradas con la etiqueta OPINION DE ALFONSO USSÍA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta OPINION DE ALFONSO USSÍA. Mostrar todas las entradas

jueves, 17 de febrero de 2022

La envidia obsesiva

La envidia descontrolada puede producir, desde su quebranto anímico, fiebres y enfermedades físicas. El ánimo y el físico van de la mano, y cuando el desequilibrio impera, el físico se desmorona.


 La envidia es una enfermedad. Todo enfermo necesita cariño, paciencia, misericordia y dedicación. Se trata de un mal con difícil remedio porque llega a afectar al organismo. Los envidiosos terminan, al cabo de los años, con problemas hepáticos. Un envidioso dedica a la envidia más de la mitad de su vida, descontando las horas de sueño. La mal llamada «envidia sana» no es envidia, sino una rama de la admiración. La envidia es insana, perforante, y metastásica. Una enfermedad devoradora. El acomplejado, el descontento con su incapacidad de escapar de la mediocridad, se convierte en un envidioso obsesivo, en un acaparador de deseos del mal ajeno. Los animales no conocen la envidia, si bien tampoco saben establecer las diferencias entre Mónica Oltra y Sharon Stone. Ese desconocimiento de la envidia carece de mérito. Luis Vives se refería a las dos peores bestias que hacen más estragos en el ser humano, la envidia y la adulación. El envidioso se daña a sí mismo, se carcome y se aflige, mientras el envidiado, en muchas ocasiones, no se da por enterado del mal que causa al envidioso. Echenique es un enfermo de envidia, y su envidiado favorito, al que admira profundamente al tiempo que deplora su triunfo en la vida, es Amancio Ortega. Amancio Ortega nació en la humildad y la pobreza. Y se dedicó a lo que más odian los comunistas y los sindicalistas: a trabajar. A trabajar veinte horas cada día y durante muchos años reservando cuatro para la recuperación y el descanso. Tanto trabajo, sumado a la inteligencia, da siempre resultados. En el caso de Amancio Ortega, resultados asombrosos. Echenique no tiene una vida deslumbrante y le dedica a la envidia muchas horas de cada jornada, para no aburrirse. El comunismo nada tiene que ver con un pensamiento o un movimiento social. Es la explosión ilustrada de la envidia más elemental y miserable. La envidia al individualismo que sobrevuela la vulgaridad del colectivo. Se disfraza en frases sin sentido y en un clamor de idiotas, en el caso específico de Podemos. Los comunistas inteligentes, que también los ha habido, terminan siendo millonarios. Pasan de ser envidiosos a envidiados. Pero sin saña.

Echenique quiere y desea que los millonarios paguen más impuestos, y pone como ejemplo y objetivo a desplumar al creador y dueño de Inditex. Quiere que pague miles de millones de euros más de los que ya ingresa en el Tesoro. He leído los datos comparativos entre Amancio Ortega y Echenique. El primero ha creado en el mundo 175.000 puestos de trabajo, de los cuales 49.000 se establecen en España. El 75 por ciento de esos puestos de trabajo los ocupan mujeres. Es decir, que se trata del mayor feminista que hay en España. Echenique, al contrario, sólo ha creado un puesto de trabajo, el de su asistente y enfermero, por el que no cotizaba a la Seguridad Social. Le pagaba, con su dinero o el de Podemos, con dinero negro. Es lógico que admire y sienta una envidia corrosiva hacia el humilde trabajador que se ha hecho multimillonario trabajando. Pero no le conviene a su estado de salud, que es lamentablemente, muy delicado. La envidia descontrolada puede producir, desde su quebranto anímico, fiebres y enfermedades físicas. El ánimo y el físico van de la mano, y cuando el desequilibrio impera, el físico se desmorona. De ahí que no debe ser tratada la envidia de Echenique con virulencia y desprecio. Como todo enfermo de envidia es, ante todo, un enfermo, y precisa del cariño, la misericordia, la paciencia y la dedicación que todo enfermo merece. Por la Salud Pública o la Privada, que esa elección es discrecional. Cuente con mi comprensión.

 Alfonso Ussía


  • martes, 12 de octubre de 2021

    La Bandera

     En 1492, según los Sánchez, Echenique, Iglesias, Montero y Almodóvar, Franco se reunió con Isabel de Castilla y Fernando de Aragón en el Parador de los Reyes Católicos de Santiago y les ordenó: «Poned mi escudo en vuestra Bandera». Y los Reyes Católicos, lógicamente, obedecieron

    Día de la Virgen del Pilar, Madre de la Hispanidad y Patrona de la Guardia Civil. Que luzca y presuma más alta que ningún otro día nuestra Bandera, con mayúscula, por ser la de todos. Tres potentes armadas se disputaban el Atlántico y el Mediterráneo en los siglos XVII y XVIII. Sus pabellones se confundían. La bandera de España, blanca con la cruz de Borgoña roja. La de Inglaterra, blanca, con la cruz completa en rojo dividiéndola en cuatro cuarteles. La de Francia, blanca con tres flores de lis azules en el centro. Se sucedieron en las batallas navales frecuentes errores por la confusión de las banderas en los días de calma. Las tres banderas de los contendientes caídas en el mástil y las tres , blancas. De ahí la decisión de crear una nueva bandera para la Real Armada. Carlos III la diseña eligiendo los colores de la Señera del Reino de Aragón y la Casa Condal de Barcelona, el rojo y el amarillo dorado, el gualda. «Para evitar los inconvenientes y perjuicios, que ha hecho ver la experiencia puede ocasionar la Bandera nacional, de que usa mi Armada naval y demás embarcaciones españolas, equivocándose a largas distancias o con vientos calmosos con las de otras naciones; he resuelto, que en adelante usen mis Buques de guerra de bandera dividida a lo largo de tres listas, de las que la alta y la baxa sean encarnadas, y del ancho cada una de la quarta parte del total, y la de en medio amarilla, colocándose en ésta el Escudo de mis Reales Armas reducido a los dos quarteles de Castilla y León con la Corona Real encima; y el gallardete con las mismas tres listas, y el Escudo a lo largo, sobre quadrado amarillo en la parte superior… No podrá usarse de otros Pavellones en los Mares del Norte por lo respectivo a Europa hasta el paralelo de Tenerife en el Océano, y en el Mediterráneo desde el primero del año de mil setecientos ochenta y seis; en la América Septentrional desde principio de julio siguiente; y en los demás Mares, desde primero del año de mil setecientos ochenta y siete. Trendréislo entendido para su cumplimiento. Señalado de mano de Su Majestad en Aranjuez, a veinte y ocho de mayo de mil setecientos ochenta y cinco. A D. Antonio Valdés»

    De aquí nace nuestra Bandera. La «Bandera franquista», cuando aún faltaba más de un siglo para que Franco viera la luz en El Ferrol. Vigente desde el siglo XIX exceptuando los cinco años de la efímera y trágica Segunda República. El General Rojo, republicano, se quejó del gran error. «No fue un pequeño error tintar de morado la franja inferior de la bandera. Fue un error muy grave que dividió aún más a los españoles».

    En efecto, un error grave y un error feo, porque la combinación de colores de la bandera usurpadora daba como resultado un conjunto horroroso y una bandera sin alma. La Primera República, la del cachondeo cantonal, mantuvo la Bandera de Carlos III cambiando tan sólo la Corona Real por la Mural. Durante los reinados de Isabel II, Alfonso XII y Alfonso XIII fue el escudo Real, redondo u ovalado, el protagonista de la Bandera. Durante la Guerra Civil en el bando Nacional y los 40 años de régimen autoritario, Franco le añadió la Cruz de San Juan de los Reyes Católicos, también muy franquistas, como las coincidencias de épocas demuestran. En 1492, según los Sánchez, Echenique, Iglesias, Montero y Almodóvar, Franco se reunió con Isabel de Castilla y Fernando de Aragón en el Parador de los Reyes Católicos de Santiago y les ordenó: 

    - Poned mi escudo en vuestra Bandera. 

    Y los Reyes Católicos, lógicamente, obedecieron.

    Hoy, 12 de octubre, Día del Pilar, Madre de la Hispanidad y Patrona de nuestra admirada y querida Guardia Civil, que luzca y presuma más alta que ningún otro día nuestra Bandera, que es la de todos. Que lo es, lo demuestra que amparados en ella y durante el Reinado de Juan Carlos I, los españoles adversos a la Historia tienen la libertad de humillarla y esconderla. Pero la inmensa mayoría de los españoles, se emocionan al mirarla y la defenderán de los traidores, los ladrones, los terroristas, los separatistas y los analfabetos. Me temo que no puedo seguir porque intuyo que estoy definiendo al Gobierno.

    ¡Viva España y su Bandera!


    viernes, 3 de abril de 2020

    ME QUEDO, QUE SÍ. PERO NI ME OLVIDO NI ME CALLO




    Por este artículo, han despedido a Alfonso Ussia de La Razón. Y por supuesto no lo han publicado!!!


    ME QUEDO, QUE SÍ. PERO NI ME OLVIDO NI ME CALLO
    Con ésta barbaridad de muertos, contagiados y de negros augurios, si hoy en España el gobierno fuese de derechas, la oposición habría pedido ya la dimisión de todo el Ejecutivo utilizando términos como “estáis matando gente con vuestras decisiones” o “sois y seréis los culpables”. Mientras, la izquierda más radical, estaría manifestándose en la calle al grito de “asesinos” además saltándose el estado de alarma, igual que se lo saltó el día de reflexión aquel 11-M. No sólo eso, incluso dentro de los propios hospitales eso sí, sin detrimento de su labor, veríamos manifestaciones diarias de sanitarios mostrando su rechazo al Gobierno, a su incompetencia y a su abandono en recursos. Ya no te digo las televisiones. Ahí apaga y vámonos, nunca mejor dicho. Tendríamos imágenes de tanatorios de la uno a la sexta en sesión de mañana, tarde y noche. ¿Habéis visto algún ataúd estos días en alguna tele?, ¿no?. Pues no será por muertos. Pero, este Gobierno es de izquierda, como los medios de comunicación y los sindicatos sanitarios así que todos quietitos y a rezarle a san joderse.
    Afirmo esto porque las cagadas en la gestión son impresionantes. Cuarenta y tres días haciendo y diciendo gilipolleces y sin prever material para nada. Cuarenta y tres días desde el primer diagnosticado, 31 de enero, hasta el estado de alarma, 13 de marzo. Y hoy faltan mascarillas, batas y buzos literalmente a millones sólo para sanitarios, policía y transportistas. Ya no te digo para la población. Cuarenta y tres días del tal Simón diciendo “no habrá más que unos pocos diagnosticados”, y ahí sigue el tipo, marcándonos el camino. El camino hacia los 50.000. Esa frase la dice un gobierno del PP y sería caratula de apertura en todos los telediarios, como lo fueron aquellos “pequeños hilillos” de Rajoy una vez hundido el Prestige. Siete semanas señores. Siete. Qué crimen por favor.
    Sí suspenden el Mobile Wold Congress, Sánchez dice que no, que no es por alerta sanitaria en el país. Hombre alerta la tuya no, pero alerta había de cojones. Con 14 casos ya por España, va a reunirse con el inhabilitado Torra, que es lo importante en estas situaciones. Con 27 casos, le subimos el techo de gasto a las comunidades, a Torra sobre todo. Con ya 125 casos, va y anunciamos nuestro compromiso con la “Descarbonización del Planeta”. ¡¡Claro que sí presidente, bien Gretto¡¡. Con 169 casos presentamos la Ley de Libertad Sexual. ¿Qué por qué?, pues como L`oreal, porque Irene lo vale. Con 282 positivos y ya 3 muertos, el incompetente del Presidente anima a todos a “llenar las calles el 8-M”, que eso es de enjuiciamiento criminal. Ese día, ya con 676 casos y 17 muertos, salen en Madrid a la calle 120.000 personas. Y de ahí, justo después, la noche del 9 de marzo estos ineptos se echan las manos a la cabeza y ay madre que yo no he sido. Todo lo demás no hace falta que te lo explique. Pon la tele: docenas de miles de infectados y camino de miles de muertos. Y para más Inri, pudiendo ver con tiempo por delante todo lo que ocurría en China e Italia.
    Y la progresía televisiva, vamos. En su nivel esperado. El Wyoming, el Mejide, el Broncano y la Grisso des-co-jo-nan-do-se del virus y sus efectos. Tal cual. Y todo esto hasta la semana pasada con más muertos sobre la mesa que entre todos los atentados terroristas de nuestra historia. Lástima os pasen a los cuatro por banquillo alguna futura asociación de familiares de fallecidos por el Covid-19. Ojalá. Os lo merecéis. Y cómo no, la Ana Pastor,de la Sexta. Buenoo. Ayer la pillaron borrando tuits del 7 y 8 de marzo donde os animaba a todas a salir a la calle. Si señora. ¿Tú no fuiste Ana? Qué cosas verdad. Y sobre todo… ¿nadie vais a pedir siquiera perdón, cuadrilla de despreciables?.
    No se lo quisieron creer en el Gobierno para así no tener que currar. No quisieron currar para así no dar sensación de preocupados y dedicarse a otras gilipolleces. Impusieron la ideología ante la salud de la gente. Ni valen para esto que está ocurriendo ni valen mucho menos para la que se viene, que es una crisis en España que va a dejar la del 2008 en una rachita. Así que señoras y señores, a disfrutar de lo votado. Ah¡¡ Y si piensas que ahora no es momento de criticar me parece estupendo. Estás en tu derecho como yo. Pero ya sabes: a callar, a esperar que no te salga la bolita con el 19 y a aplaudir en la ventana a las ocho. Eso sí, por curiosidad, ¿con cuántos muertos creerás que es el momento de empezar a criticar?, ¿dentro de otros 43 días quizá?.
    (Bravo por la lucha en primera línea de fuego de los hospitales, bravo por el señor D. Amancio Ortega Gaona y bravo por los habitantes de este gran país que es ESPAÑA… “Dios qué buen vasallo si tuviese buen señor”).

    lunes, 30 de marzo de 2020

    ME QUEDO, QUE SÍ. PERO NI ME OLVIDO NI ME CALLO

    ME QUEDO, QUE SÍ. PERO NI ME OLVIDO NI ME CALLO
    Con ésta barbaridad de muertos, contagiados y de negros augurios, si hoy en España el gobierno fuese de derechas, la oposición habría pedido ya la dimisión de todo el Ejecutivo utilizando términos como “estáis matando gente con vuestras decisiones” o “sois y seréis los culpables”. Mientras, la izquierda más radical, estaría manifestándose en la calle al grito de “asesinos” además saltándose el estado de alarma, igual que se lo saltó el día de reflexión aquel 11-M. No sólo eso, incluso dentro de los propios hospitales eso sí, sin detrimento de su labor, veríamos manifestaciones diarias de sanitarios mostrando su rechazo al Gobierno, a su incompetencia y a su abandono en recursos. Ya no te digo las televisiones. Ahí apaga y vámonos, nunca mejor dicho. Tendríamos imágenes de tanatorios de la uno a la sexta en sesión de mañana, tarde y noche. ¿Habéis visto algún ataúd estos días en alguna tele?, ¿no?. Pues no será por muertos. Pero, este Gobierno es de izquierda, como los medios de comunicación y los sindicatos sanitarios así que todos quietitos y a rezarle a san joderse.
    Afirmo esto porque las cagadas en la gestión son impresionantes. Cuarenta y tres días haciendo y diciendo gilipolleces y sin prever material para nada. Cuarenta y tres días desde el primer diagnosticado, 31 de enero, hasta el estado de alarma, 13 de marzo. Y hoy faltan mascarillas, batas y buzos literalmente a millones sólo para sanitarios, policía y transportistas. Ya no te digo para la población. Cuarenta y tres días del tal Simón diciendo “no habrá más que unos pocos diagnosticados”, y ahí sigue el tipo, marcándonos el camino. El camino hacia los 50.000. Esa frase la dice un gobierno del PP y sería caratula de apertura en todos los telediarios, como lo fueron aquellos “pequeños hilillos” de Rajoy una vez hundido el Prestige. Siete semanas señores. Siete. Qué crimen por favor.
    Sí suspenden el Mobile Wold Congress, Sánchez dice que no, que no es por alerta sanitaria en el país. Hombre alerta la tuya no, pero alerta había de cojones. Con 14 casos ya por España, va a reunirse con el inhabilitado Torra, que es lo importante en estas situaciones. Con 27 casos, le subimos el techo de gasto a las comunidades, a Torra sobre todo. Con ya 125 casos, va y anunciamos nuestro compromiso con la “Descarbonización del Planeta”. ¡¡Claro que sí presidente, bien Gretto¡¡. Con 169 casos presentamos la Ley de Libertad Sexual. ¿Qué por qué?, pues como L`oreal, porque Irene lo vale. Con 282 positivos y ya 3 muertos, el incompetente del Presidente anima a todos a “llenar las calles el 8-M”, que eso es de enjuiciamiento criminal. Ese día, ya con 676 casos y 17 muertos, salen en Madrid a la calle 120.000 personas. Y de ahí, justo después, la noche del 9 de marzo estos ineptos se echan las manos a la cabeza y ay madre que yo no he sido. Todo lo demás no hace falta que te lo explique. Pon la tele: docenas de miles de infectados y camino de miles de muertos. Y para más Inri, pudiendo ver con tiempo por delante todo lo que ocurría en China e Italia.
    Y la progresía televisiva, vamos. En su nivel esperado. El Wyoming, el Mejide, el Broncano y la Grisso des-co-jo-nan-do-se del virus y sus efectos. Tal cual. Y todo esto hasta la semana pasada con más muertos sobre la mesa que entre todos los atentados terroristas de nuestra historia. Lástima os pasen a los cuatro por banquillo alguna futura asociación de familiares de fallecidos por el Covid-19. Ojalá. Os lo merecéis. Yv cómo no, la Ana Pastor,de la Sexta. Buenoo. Ayer la pillaron borrando tuits del 7 y 8 de marzo donde os animaba a todas a salir a la calle. Si señora. ¿Tú no fuiste Ana? Qué cosas verdad. Y sobre todo… ¿nadie vais a pedir siquiera perdón, cuadrilla de despreciables?.
    No se lo quisieron creer en el Gobierno para así no tener que currar. No quisieron currar para así no dar sensación de preocupados y dedicarse a otras gilipolleces. Impusieron la ideología ante la salud de la gente. Ni valen para esto que está ocurriendo ni valen mucho menos para la que se viene, que es una crisis en España que va a dejar la del 2008 en una rachita. Así que señoras y señores, a disfrutar de lo votado. Ah¡¡ Y si piensas que ahora no es momento de criticar me parece estupendo. Estás en tu derecho como yo. Pero ya sabes: a callar, a esperar que no te salga la bolita con el 19 y a aplaudir en la ventana a las ocho. Eso sí, por curiosidad, ¿con cuántos muertos creerás que es el momento de empezar a criticar?, ¿dentro de otros 43 días quizá?.
    (Bravo por la lucha en primera línea de fuego de los hospitales, bravo por el señor D. Amancio Ortega Gaona y bravo por los habitantes de este gran país que es ESPAÑA… “Dios qué buen vasallo si tuviese buen señor”).
    Alfonso Ussia. Despedido de la Razón.

    COLLEJA DE USSIA A VERSTRYNGE


    Alfonso Ussía cuenta este 28 de febrero de 2018 una historia poco conocida de Jorge Verstrynge. El podemita y anticapitalista de ahora, el mismo que le tiene ‘gato’ a los bancos, resulta que por finales de los años 80 quiso que Mario Conde, el entonces financiero que empezaba a despuntar, le respaldase un proyecto político que tenía en mente:
    Jorge Verstrynge , que ya no sabe cómo llamar la atención, ha asegurado en el programa de Ferreras de La Sexta que Cataluña está como Polonia cuando fue ocupada por los nazis. Este personaje es curioso. De nazis sabe mucho, porque lo fue. Evolucionó y engatusó a Fraga Iribarne, que se dejaba engatusar por personas rarísimas. Y se convirtió en la sombra del fundador de Alianza Popular. Fue candidato al Ayuntamiento de Madrid por AP, y Tierno Galván le barrió sin mover un dedo. Fue en aquella campaña tan divertida con el Viejo Profesor marcándose un chotis con Flor Mukubi, Miss Guinea Ecuatorial. «Don Enrique se menea/ con la niña de Guinea;/ suavemente toquetea/ su culito respingón./ Y la nena, que es muy sosa,/ y altamente pudorosa,/ le susurra candorosa:/ «Don Enrique, ‘ujté é un sobón’!». Diputado por AP, decidió ser tránsfuga y pasar al Grupo Mixto.
    Apenas nos conocíamos y me invitó a comer al restaurante Ma Mounia en la calle de Recoletos. Un cuscús. No me gustaba nada Verstrynge y me horrorizaba el cuscús. Soy alérgico al cordero. Le di mi opinión: «Lo justo y caballeroso es que renuncies al escaño. Eres diputado gracias a Alianza Popular, porque tú en solitario no hubieras conseguido ni mil votos». No lo hizo. Me anunció su intención de unirse a Adolfo Suárez. Me temo que Adolfo Suárez, que era más listo que Fraga, no se dejó convencer.
    Relata como intentó convencer a Mario Conde para que le financiase un partido político:
    Transcurridos algunos meses, fuimos invitados unos pocos matrimonios a cenar a casa de Lourdes y Mario Conde, en la calle Triana. Antonio e Isabel Mingote, José María y Adela Stampa, Jaime y Conchita Campmany, y Pilar y el que firma. Nos sorprendió, al llegar a la casa de los Conde, la presencia de una quinta pareja invitada. Jorge Verstrynge y su entonces mujer, María Vidaurreta.
    Durante la cena, Verstrynge desglosó a trompicones, y confundiendo las zetas con las eses, los rasgos fundamentales del partido político que se disponía a fundar… con el dinero de Mario Conde. Un partido liberal y europeo con amplio contenido social. Entre todos, nos cargamos el proyecto aquella misma noche, y le ahorramos a Mario Conde, que ya asomaba la cabeza en el mundo de la política, cincuenta millones de pesetas, que era la cantidad acordada para financiar el nacimiento del partiducho de Verstrynge. Hasta Antonio Mingote, siempre moderado y medido, le afeó a Mario Conde que nos hubiera invitado a semejante encerrona: -Este tío te va a timar-.
    Asegura que la decisión del banquero de no respaldar económicamente su proyecto le dejó helado:
    Verstrynge y María Vidaurreta estaban consternados porque Conde, después del repaso que experimentó su candidato, se lo pensó mejor y reculó. Fue la última vez que vi al extraño y extravagante polítólogo. Fracasado el «Plan Conde», suplicó a Alfonso Guerra ser aceptado en el PSOE, y Alfonso Guerra se lo contaba a todo bicho viviente, divertidísimo. Ignoro si al final fue admitido en el Partido socialista, detalle que carece de relevancia.
    Asesor de Chaves y de Maduro y ahora podemita desbordado. A su lado, Emilio Romero, el mítico Director del diario Pueblo y gran conspirador político durante el franquismo, fue un inocente parvulillo. Jaime Campmany le dedicó un soneto, cuyos tercetos molestaron sobremanera al periodísta de Arévalo: «Conservador tenaz, progre fecundo,/ anteayer liberal, hoy socialista;/ mañana, reaccionario en un momento./ Emilio, cuando dejes este mundo,/ no habrá perdido España un periodista./ ¡España habrá perdido un Parlamento!». Con una diferencia. Romero era cáustico, inteligente, irónico, sabio, adulador y viperino. «Yo no me vendo; me alquilo». Y ni de conservador, progre, liberal, socialista y reaccionario, dijo majaderías. El problema de Verstrynge no es la incoherencia. Es la memez.
    Periodista Digital

    lunes, 23 de marzo de 2020

    AMANCIO ORTEGA

    Amancio Ortega

    No lo conozco personalmente. Sí, por sus hechos, sus gestos y sus méritos.
    A nadie aborrecen más los vagos del nuevo estalinismo, Iglesias, Echenique, la «chica de la igualdad» –así es como moteja Carmen Calvo a
    Irene Montero-, que a este gran empresario que empezó repartiendo paquetes en una camioneta y hoy es una de las mayores fortunas del mundo. Lo que más odia un comunista es a un trabajador que triunfa, que trabaja, que arriesga y obtiene los  beneficios de su esfuerzo. Ahora están más indignados que nunca, porque voluntariamente y de su bolsillo, se ha propuesto, una vez más, ayudar de forma desinteresada a sus compatriota desamparados por la funesta gestión del Gobierno social-comunista de la pandemia del Covid 19. Lleva donados a la Sanidad Pública y la Privada
    casi mil millones de euros para dotarlas de los aparatos más avanzados para combatir el cáncer. En este caso, y sólo como principio, ha destinado diez
    millones de euros para superar las lagunas –más bien océanos-, delGobierno de España en su aparente combate contra el virus que ya ha matado a 600 españoles. Ha donado 300.000 mascarillas, fabricadas por su empresa, y nadie del Gobierno ineficaz y traidor se lo ha agradecido. Y ha puesto en marcha en sus talleres, un sector exclusivamente dedicado a fabricar ropa adecuada y aislante para los sanitarios y toda suerte de personas que se ven obligadas a permanecer en los hospitales y residencias de ancianos en contacto con los contagiados y enfermos. Y cada vez que anuncia una nueva generosidad social, el odio de los vagos de Podemos se incrementa. Los españoles enclaustrados en sus casas, aplauden todos los días a quienes velan por su salud. Primero a los sanitarios, pero sus palmas rompen también por los transportistas, que en condiciones heroicas, abastecen los mercados. Por los quiosqueros que abren para que los ciudadanos estén informados. Para los militares y Fuerzas de Seguridad del Estado, que desinfectan los establecimientos públicos y controlan el cumplimiento de las normas de la cuarentena. Para todos aquellos que en momentos tan extraordinariamente graves y trágicos, se ofrecen para mantenernos la esperanza. Pues bien, en ese aplauso unánime y voluntario, que nada tiene que ver con caceroladas resentidas e impulsadas por
    activistas comunistas inmersos en el Gobierno, tendría que estar en el pensamiento de los que muestran su gratitud libremente, Amancio Ortega,
    el empresario generoso, el español que individualmente más y con más eficacia contribuye a la salud y bienestar de sus compatriotas. Los gallitos y las gallinas cacareantes de Podemos, cuando de Amancio Ortega se trata, cacarean superando los tonos agudos del histerismo, desde los millonarios del chalé en Galapagar al científico argentino que sin haber cotizado jamás, defraudó a la Seguridad Social que le había regalado la carísima silla que le negó la Seguridad Social argentina. Y sus paniaguados de la información televisiva, desde Évole a Wyoming, todos millonarios comunistas –y en el caso de Évole, amigo de terroristas y separatista camuflado-, no han dado un paso para donar ni una migaja de sus dineros a los necesitados. La empresa privada, ya ha iniciado sus movimientos para mitigar los males de todos, que eso es la pandemia, un mal común.
    Pequeños empresarios inmobiliarios ya han ofrecido sus apartamentos para reconvertirlos temporalmente en residencias para ancianos y contagiados.
    Y los farmacéuticos – también héroes nacionales-, invierten dieciocho horas diarias en la atención de los necesitados. Pero en Podemos y el sector más podemita del PSOE, denigran a Amancio Ortega y ordenan a suspaniaguados, por orden de Iván Redondo, que minimicen su extraordinaria generosidad.
    El Alcalde de Madrid y la Presidente de la Comunidad, José Luis Martínez Almeida e Isabel Díaz Ayuso, se engrandecen cada día con la seriedad de su trabajo, y eso no cae bien en el Gobierno de España. Isabel Díaz Ayuso ha exigido al Gobierno que le haga llegar el material previamente prometido. En pocas semanas, ese material será innecesario, porque habrá cubierto la demanda Amancio Ortega, y es probable – no le deseo mal a nadie-, que gracias a él sean tratados con más eficacia y profilaxis algunos
    de los voceros del Gobierno o del estalinismo bolivariano. De tener responsabilidades políticas algún día –tan probable en mi persona como someterme a una operación de transexualidad-, sometería a votación la creación de un monumento a Amancio Ortega frente al ministerio de Sanidad. Con una leyenda: «Al Trabajo y la Generosidad con suscompatriotas».
    Como español, todavía no afectado por el contagio, pero entregado a lo que venga, considero un deber de justicia agradecer a quien desde una camioneta de reparto se ha convertido en uno de los diez empresarios más grandes del mundo –trabajando, podemitas, trabajando-, y en el más generoso con sus compatriotas. Gracias Don Amancio

    sábado, 14 de marzo de 2020

    Los besos

    Seré muy antiguo y amigo de las distancias institucionales. Una Reina no puede ser besada por una ministra, ni una ministra besar a la Reina como si fuera una Elisa Beni cualquiera. Y menos aún, si la ministra besucona desea al Rey –cuando ni soñaba con ser ministra impuesta por el amor–, la amable experiencia de la guillotina o una obligada actividad natatoria entre tiburones. En las relaciones institucionales, cada uno está obligado a conocer los límites de su sitio. Perder el sitio es una necia costumbre del ser humano. Su Santidad el Papa, por argentino que sea –que lo es–, no está autorizado a recibir a una ladrona como Cristina Fernández en el Vaticano osculeándole los papos recién estirados. El Papa nos representa a miles de millones de cristianos y católicos repartidos en todo el mundo, y está obligado a mantener, en nombre de todos ellos, el respeto de la distancia. Y una paleta que ha alcanzado la gloria de un ministerio por enchufe de su hombre, habría de saber que la Reina de España no es objetivo a besar, más aún, si la Reina a la que besa es su proyecto a derribar. El beso no es un derecho.
    La ministra que besa a la Reina se había empeñado, con la inestimable ayuda coactiva de su hombre, en presidir la feísima –fue fea a rabiar–, manifestación del pasado 8 de marzo. El Gobierno ya conocía los estremecedores datos de la propagación del coronavirus, pero el caprichito de la ministra era de obligado cumplimiento. Y llegó rodeada a la aglomeración imprudente, de un grupito de amigas, todas ellas besadas y abrazadas por la señora ministra, para protegerla del entusiasmo de los periodistas y reporteros. Algunos fueron besados y otros no. La señora ministra, presumiblemente, pudo contagiar a una decena de manifestantes, porque ignoraba que era portadora del virus chino. Y aquel mismo día, en un acto coincidente con la presencia de la Reina, le endosó a Doña Leticia un par de besos, que la Reina aceptó sin remilgos. Conocida la infección de la besucona, los Reyes se sometieron a la prueba, y a Dios gracias, el resultado ha dado negativo. Pero pudo haber sido al revés, y en España no hay un millón de reinas, sino una, precisamente por ser la mujer del Rey, que es también una unidad humana, fundamental para que siga perviviendo, a pesar de las muchas veces que ha sido traicionada, esta vieja y maravillosa nación conocida por España.
    El arrumaco a la Reina, y más aún, al Rey, es costumbre que comienza a resultar preocupante. No se besa a los Reyes. Edgar Neville , que era un genial disidente de la prudencia, llegó a escribir que el exceso besucón era propio de gente muy ordinaria. Se saluda con la mano. En la distancia, aireándola con más o menos gracia, y en la inmediatez, apretando la mano del saludado procediendo, previamente y con elegante simulacion al secado de la sudoración palmar, que brota como arroyuelo en las manos de los propensos a la humedad. En ese absurdo rito nacido en el Concilio Vaticano II, momentáneamente en suspenso por el virus chino, de dar la paz a los fieles que asisten a la Santa Misa, y que se ha convertido en un barullo de saludos y besos, se puede analizar la medida o el exceso de los grupos familiares. Mi abuela política materna, madre de un santo misionero jesuíta, no fue advertida del nuevo rito de la paz, y en la primera ocasión que su intimidad se sintió sacudida por la innecesaria ceremonia, cuando se apercibió de que un señor desconocido que asistía a Misa le ofrecía su mano, ella respondió con cortesía mientras se presentaba: «Mucho gusto, viuda de Muguiro».
    Le deseo a Irene Montero, como a todos los que han asumido en sus cuerpos el coronavirus, una rápida y feliz curación. Irene Montero es una joven española con tres hijos pequeños y su buena salud es lo más importante. Se lo deseo de corazón. No soy como los suyos, que se alegran del contagio de Abascal, Ortega Smith y Olona. Cuando la enfermedad se apodera del organismo de un ser humano, no hay distancias ideológicas ni animadversiones pasajeras. Pero le ruego que abandone su costumbre de transportar a todas partes –ella o su marido-, a su niña recién nacida, y renuncie a los besos. Ella es parte de otra institución, el Gobierno de España, y también en lo que le toca está obligada a mantener la distancia del respeto. Los besitos, ósculos, carantoñas, arrumacos y demás morrondongos, en privado. Jamás en público, y menos aún con la Reina como fin fundamental del saludo osculeado.
    No se besa a la Reina. Se le respeta por lo que significa y por lo que representa. A la Historia no se le besa en público en los carrillos. A cuidarse, a sanar, y a encontrar el sitio, eso tan sencillo que algunos han hecho tan complicado.

    Escrito por

    viernes, 13 de marzo de 2020

    El Precipitado


    Escrito por
    Alfonso Ussía
    Llegó al Ministerio de Sanidad con catorce días de retraso rodeado de una multitud de agentes de seguridad. Conté doce, pero podían ser dieciocho.
    Le esperaba el tembloroso ministro de Sanidad, al que saludó sin cordialidad alguna, muy a lo chulo, sin dirigirle la palabra ni mirarle a los ojos. Él es así. Y después de la reunión con los responsables del desastre de la contención, nos auguró semanas difíciles: «Haremos lo que haga falta, cuando haga falta y donde haga falta». Contundente. Pero tendría que haber dicho: «Haremos lo que no hemos hecho hasta el momento, cuando ya es tarde y donde me salga de los cotubillos». Hay mucho de narcicismo grave,patológico, en este hombre tan dominado por su Yo. Sus mentiras no le afectan, por considerarlas instrumentos útiles de su cargo. Para él, la verdad y la mentira son la misma cosa. Su estricta conveniencia. Sólo le importa Yo, Mi Persona, el Presidente.
    Carece de escrúpulos. No tiene amigos, sino servidores. No sirve a España ni a su partido político. Tanto España como su partido están a su entera disposición, sirviéndole a él, a Yo, Mi Persona, el Presidente. El día que consiga que la Fiscalía, el CGPJ, el Tribunal Supremo, el Tribunal Constitucional, y el CNI resuelvan unirse al grupo de sus servidores, el Golpe de Estado contra la democracia, la Constitución y la Corona se habráproducido mansamente, sin aspavientos. Ya tiene domesticadas a las cadenas de televisión, públicas y privadas, y al CIS. Sabe que su molicie,su placer y su encanto monclovita dependen de Podemos, de los separatistas y de los herederos de la ETA. Pero él no está para analizar sus dependencias. A él, sólo le importa su situación privilegiada, y disfruta con ella. Lo que algunos psiquiatras denominan la Psicopatía del Poder.
    El periodismo presumiblemente libre está a un paso del total sometimiento.
    Porque el periodismo de papel no le preocupa. Sí el audiovisual, donde todos o casi todos los presentadores, directores de programas de debate y
    contratados para simular debates, son en su casi totalidad, cómplices sometidos. Existen excepciones, claro. Carlos Herrera, Federico Jiménez
    Losantos, Eduardo Inda, Cuesta… y casi colorín colorado. La vocación política de este hombre no se origina en el servicio a los demás, sino en la conveniencia propia. Y ha reunido en su entorno a un grupo de ambiciosos
    que aceptan su jefatura con arrobamiento, al que se ha sumado un partido catastrófico en derrota ciudadana, al que ha dado vida después de manifetarles su profundo desprecio. Desprecia si Yo lo precisa en ese momento, y abraza y regala poder si Yo lo demanda para sus intereses cuando la conveniencia personal se lo exige.
    Con catorce días de retraso, se ha apercibido de la importancia del coronavirus. Inmediatamente después de la celebración de las manifestaciones feministas y feminazis, el coronavirus se ha mostrado
    devastador. Con anterioridad a las manifestaciones, era un riesgocontenido. La ministra Celaá repartió  guantes de látex morados y no hay nada que temer. El resumen es que el gran narciso no hizo en su momento lo que hacía falta, ni cuando hizo falta ni donde se echó en falta su actuación. Eso sí, llegó muy guardado y precipitado con catorce días de retraso al ministerio de Sanidad, para adoptar el protocolo de precaución que ya había puesto en marcha la Comunidad de Madrid. Para mí, que aeste  patológico le da bastante pereza gobernar en lo desagradable.
    Y es osado, pero no inteligente. La inteligencia no se demuestra subsanando los problemas echando mano  a la gran caja del dinero público y los recursos millonarios del poder. La inteligencia previene, y ve más allá de donde otros no alcanzan. El presidente del Gobierno, Yo, ha gestionado
    con gamberra laxitud la epidemia. Y en una nación normal, y no domesticada por las televisiones, ya sería expresidente. Pero el narcisismo y la delicia del poder están muy bien anclados.

    domingo, 1 de marzo de 2020

    Nada que hacer

    Nada que hacer

    Es la pregunta de la calle. Nadie la formula refiriéndose al coronavirus, que preocupa menos que la traición y la deslealtad. Sánchez no es un problema, es una plaga, una peste incontrolable de mentiras y rencores. De un lado, un chulo, y del otro, un monigote en cuclillas ante los golpistas. –¿Qué hacemos con esta gentuza?–, se pregunta la gente. Y pocos se atreven a responder. Sánchez ha recibido en La Moncloa después de pasar por la sede de la Generalidad de Cataluña al separatismo catalán. Para negociar. ¿Negociar qué? Bueno es recordarle a los bellísimos y encantadores Sánchez y Torra que ni La Moncloa es de Sánchez ni la Generalidad de Torra y los separatistas. Sánchez no puede disminuir el rango de España al nivel de una autonomía. Sánchez no puede prometer la salida de los presos rebeldes y sediciosos –ay, Marchena, qué decepción la suya–, de las cárceles. Están condenados por sedición. Sánchez no está por encima de la Justicia. Sánchez no está autorizado por los españoles –mintió, una vez más, durante la campaña electoral–, para formar una mesa de diálogo que no nace del diálogo sino de la violencia de los dialogantes de la escisión. Y por otra parte. ¿Qué pretende dialogar? ¿La separación de Cataluña? ¿La destrucción de los poderes independientes de un sistema democrático? Todo ello ¿para conservar palacios, viajes, fincas y privilegios? ¿Es así de hortera, amén de irresponsable? Me respondo: Sí. Sánchez es un gobernante gobernado, un presidente presidido, un trilero timado y un mentiroso mentido. Sánchez no tiene principios ni fines, a excepción de los personales. Sánchez, el que
    no podía dormir pensando en un Gobierno compartido con Podemos, está en manos de Podemos. Sánchez, el que no iba a tolerar la violencia independentista, se sienta a dialogar con los violentos. ¿Qué hemos hecho tan mal los españoles para merecer a este Sánchez, y padecerlo? ¿Qué tiene la Constitución Española de 1978 que no le gusta a Sánchez? ¿La unidad de España y todos sus territorios, la Corona, los derechos inalienables de los españoles, los límites de las autonomías?… ¿Por qué Sánchez está enfadado con la Constitución que nos ha proporcionado, a derechas, centros e izquierdas, el período de paz y prosperidad más extendido de nuestra Historia? ¿Qué gana Sánchez inyectando poder a un partido minoritario comunista, un grupo en extinción electoral, cuyos dirigentes han dado muestras sobradas de su diáfana estupidez? ¿Qué gana Sánchez sentándose con los que abiertamente desean la destrucción de España amparando un refrendo que nos burla y nos roba la soberanía a los españoles que no somos catalanes? ¿Qué gana Sánchez amparando, en contra de nuestros socios americanos y europeos, la permanencia de un régimen quebrado y asesino en Venezuela? Para mí, que Sánchez se levanta por las mañanas, tiene una ocurrencia y la aplica. En él se mueven y bullen infinitas contradicciones que al juntarse estallan en reacciones psicopáticas de muy complicado control fuera de las dependencias sanitarias especializadas en la psiquiatría. En Sánchez hay altanería y prepotencia, pero también humillación resignada. En Sánchez hay determinación, pero sobre todo, duda, y una duda, que es lo peor, sometida más al resentimiento que a la reflexión. ¿Qué hacemos con un presidente del Gobierno de España que no se siente identificado con España? ¿Es tonto Sánchez? No. ¿Hace, piensa y dice muchas tonterías? Sí. ¿Entra en la normalidad esa capacidad desbordada para mentir, y después de haberlo hecho, desmentir su mentira para reincidir en ella con mayor caradura? No entra en la normalidad. Dicen que ya ha perdido casi un millón de votos. No lo creo. Los españoles han dejado de leer y de pensar, y sólo se dejan llevar por las infecciosas tertulias de pedorros y pedorras en las cadenas de televisión y los informativos de sucesos, tan manipulados, tan sesgados y tan vulgares. Había tenido lugar una de las más feroces batallas en la guerra de Vietnam. Y en Madrid se había
    lesionado gravemente Pirri, el gran futbolista blanco. El vespertino «El Alcázar» cubrió con las dos noticias su portada. En breves caracteres anunciaba la masacre en Vietnam. Y el resto lo ocupaba un pie mientras era intervenido. El Pie de Pirri, decía. «La Codorniz» replicó aquella semana. En su portada, con mucha discreción, anunciaba: «La nueva bomba atómica de la URSS es setenta veces más potente que la de Hirosima». Y con grandes caracteres: «España venció por 5-1 a Trupinia en Canicas Sobre Grava». Ese es el periodismo de las televisiones de hoy, anestesias de la inteligencia y la cultura, templos de los concursos para lelos. Y en esa situación, todo se puede hacer deshacer, mentir, mentir más y destrozar sin miedo a ciudadanas reacciones de indignación. ¿Qué hacemos con Sánchez? Pues nada. No hay nada que hacer.
    Escrito por
    Alfonso Ussía