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miércoles, 10 de marzo de 2021

Legalidad frente a victimismo

El separatismo explota su victimismo con la pérdida de la inmunidad de Puigdemont y la vuelta a prisión de los condenados por sedición. Olvidan que solo es la ley frente a sus delitos.

La reacción de Carles Puigdemont al levantamiento oficial de su inmunidad como parlamentario europeo para que pueda ser juzgado en España demuestra hasta qué punto su egocentrismo político nubla su juicio. Su frase con pretensiones lapidarias -‘hemos perdido la inmunidad, pero la democracia europea ha perdido más’- es indiciaria de cuál es su concepto real de la democracia y de las mayorías. Cuando la ciudadanía le concedió un escaño en Estrasburgo, no hubo cuestionamiento del sistema por su parte. Más aún, argumentó que el sistema le protegía y premiaba frente a una acusación ‘injusta’ del Tribunal Supremo. En cambio, cuando ahora es la inmensa mayoría de los partidos europeos quienes le desamparan, quien pierde es la democracia. El argumento de este prófugo de la justicia cae por su inconsistencia oportunista. Por eso urge la reactivación de las euroórdenes correspondientes para que los cinco dirigentes separatistas huidos sean detenidos cuanto antes, sin más subterfugios legalistas y sin más obstrucción por parte de Bélgica, Escocia y Suiza.

Igual de insostenible es el argumento con el que la Generalitat criticó la decisión de un juez de Vigilancia Penitenciaria de ordenar el reingreso en prisión de siete de los líderes independentistas condenados. Anoche llevaban más de un mes en libertad, y habían sido expresamente excarcelados por la consejería de Justicia, con una concesión arbitraria y prematura del tercer grado penitenciario, para participar en la campaña electoral. La portavoz del Gobierno catalán sostuvo que el retorno a la cárcel era ‘venganza, y no justicia’, y culpó expresamente al Ejecutivo de Pedro Sánchez, del que ironizó diciendo que ‘esto está muy lejos del discurso del gobierno del diálogo y la negociación’. Al respecto, conviene resaltar dos peculiaridades: ni Puigdemont lamentó ayer el reingreso en prisión de Oriol Junqueras, ni el Gobierno catalán censuró el levantamiento de la inmunidad de Puigdemont. Y una tercera: la fractura en Moncloa entre PSOE y Podemos es más virtual que real, y Sánchez sigue ejerciendo como comparsa de Iglesias y del secesionismo.

En cualquier caso, todos ocultan la realidad. Los presos condenados son delincuentes que apenas han cubierto una cuarta parte de su condena, y su salida de la cárcel está prevista en 2030. Se olvida que Puigdemont está procesado. Se oculta que la Generalitat ordenó esas excarcelaciones contraviniendo una decisión del Supremo y sin asumir que la ley es igual para todos los reclusos. Se olvida que los golpistas viven en una situación de privilegio carcelario, y que han podido hacer campaña electoral libremente y sin cortapisas, incluso de la mano de un terrorista. ¿En qué país del mundo, con unos Tribunales supuestamente represivos y un Gobierno que encarcela a personas por sus ideas, se permite a unos presos políticos pronunciar mítines televisados en prime time? ¿No saben la respuesta Junqueras y el blanqueado Otegui? Y se oculta también que Bélgica ha desactivado la figura de la euroorden probablemente sin tener competencias para ello, como ha denunciado el magistrado Pablo Llarena ante el Tribunal de Justicia de Luxemburgo.

En la pugna entre legalidad y mentira, entre la verdad y la ilusión óptica del independentismo, necesariamente debe imponerse la primera por más que sigan cultivando este discurso victimista del odio. Ni el sistema es bueno cuando les resulta propicio, ni es malo cuando no ocurre así. El ordenamiento es el que es, y su cumplimiento es obligado para todos los europeos. Ni son inmunes, ni son impunes, ni pueden tener patente de corso. Bastante sumiso es ya el Gobierno al respecto. 

Editorial ABC

viernes, 4 de diciembre de 2020

Carme Forcadell y Dolors Bassa vuelven a prisión después de revocar el Supremo el tercer grado a los presos del ‘procés’

El tribunal ve un intento de la Generalitat de dar a los líderes independentistas un “tratamiento penitenciario privilegiado”

Carme Forcadell reingresa a la cárcel de Wad Ras (Barcelona).

Carme Forcadell reingresa a la cárcel de Wad Ras (Barcelona).ALBERT GARCIA



La expresidenta del Parlamento de Cataluña Carme Forcadell y la exconsejera de Salud Dolors Bassa han vuelto a ingresar este viernes en las prisiones de Wad Ras (Barcelona) y de Puig de les Basses, en Figueres (Girona), después de que el Tribunal Supremo revocara el tercer grado de que disfrutaban los nueve líderes independentistas catalanes condenados por sedición por el proceso secesionista del otoño de 2017. El tribunal también ha revocado para todos ellos la aplicación del artículo 100.2 del reglamento penitenciario, que les permitía salir de prisión a diario para trabajar, hacer voluntariado o cuidar de familiares. Forcadell y Bassa, militantes de ERC, han acudido a los centros penitenciarios acompañadas por un grupo de simpatizantes.

Oriol Junqueras y el resto de presos del procés seguirán encarcelados sin disfrutar de la semilibertad de la que gozaron durante unas semanas el verano pasado. Los beneficios penitenciarios estaban suspendidos temporalmente en casi todos los casos a la espera de la decisión del alto tribunal. Los magistrados que juzgaron el procés consideran “prematuro” que los presos disfruten ya del tercer grado y destacan que es preciso que transcurra un periodo de tiempo mayor para evaluar la evolución del interno y el tratamiento penitenciario, especialmente cuando se trata de condenas elevadas (de 9 a 13 años de cárcel) de las que ninguno ha cumplido la mitad, y la mayoría ni siquiera una cuarta parte.

El tribunal ha anulado también la otra vía abierta por la Generalitat para flexibilizar el cumplimiento de la pena de los nueve presos: la aplicación del artículo 100.2 del reglamento penitenciario, que les permitía salir de prisión a diario para trabajar, hacer voluntariado o cuidar de familiares. En sus resoluciones, el tribunal ve un intento de la Generalitat de dar a los líderes independentistas un “tratamiento penitenciario privilegiado”. El futuro penitenciario de los nueve presos está en manos del Supremo mientras el Gobierno tramita el indulto y debate la reforma del delito de sedición.

El acuerdo adoptado por el Supremo solo tiene consecuencias prácticas para la expresidenta del Parlament Carme Forcadell (condenada a 11 años y medio por sedición) y la exconsejera Dolors Bassa (12 años por sedición y malversación). Ellas fueron las únicas que se beneficiaron de las discrepancias de criterio existentes entre los juzgados de vigilancia penitenciaria sobre si el tercer grado de los presos del procés debía quedar en suspenso hasta que el Supremo confirmara o anulara la semilibertad. Ambas han continuado acudiendo a la cárcel solo a dormir de lunes a jueves y pasando los fines de semana en sus casas, mientras los siete presos hombres, cuya cárcel depende de otro juzgado, volvieron a finales de julio al régimen ordinario de prisión. Forcadell y Bassa perderán ahora esa semilibertad.

La decisión del Supremo sobre el tercer grado la han tomado los mismos jueces que juzgaron y sentenciaron el caso, con la excepción del magistrado Luciano Varela, ya jubilado. El tribunal ha estado integrado por el presidente de la Sala de lo Penal, Manuel Marchena, que ha ejercido como ponente, y los magistrados Antonio del Moral, Ana Ferrer, Andrés Martínez Arrieta, Juan Ramón Berdugo y Andrés Palomo del Arco. En los nueve autos notificados este viernes, de contenido similar, los magistrados explican que la concesión del tercer grado a un interno que no haya cumplido la cuarta parte de la condena (que es el caso de todos ellos salvo Jordi Cuixart, Jordi Sánchez, Joaquim Forn y Josep Rull, que tampoco han cumplido la mitad) es excepcional y exige “una justificación reforzada, lógicamente, con respecto a aquella exigible en los supuestos en los que se propone para el tercer grado a un interno que ya ha cumplido la cuarta parte de la condena”.

La expresidenta del Parlament Carme Forcadell, antes de entrar en el centro penitenciario.
La expresidenta del Parlament Carme Forcadell, antes de entrar en el centro penitenciario.ALBERT GARCIA

Sin embargo, según el Supremo, la Generalitat, que otorgó la semilibertad, y los jueces de Vigilancia Penitenciaria, que la avalaron, no solo no han dado argumentos que justifiquen la concesión de esta medida sino que han vinculado el encarcelamiento de los líderes independentistas con sus ideas políticas, una interpretación que censuran los magistrados. “Yerra la juzgadora de instancia al dejar entrever que la estimación del recurso del Ministerio Fiscal implicaría exigir al interno que modificara su ideología. El señor Junqueras no fue condenado por su ideología independentista. Fue declarado autor de un delito de sedición en concurso con un delito de malversación de caudales públicos en su modalidad agravada, con base en los hechos declarados probados en el juicio histórico de nuestra sentencia”, advierten los magistrados en el auto referido al exvicepresidente de la Generalitat. “Nadie cumple condena en un centro penitenciario por sus ideas políticas”, añaden.

El tribunal también cuestiona lo que considera un “distanciamiento” entre algunas de las decisiones adoptadas por la administración penitenciaria catalana y lo que, según los magistrados, debería ser el “adecuado cumplimiento de sus funciones”. “El principio de flexibilidad (…), de tanta importancia para hacer realidad el fin constitucional de resocialización del penado, no convierte a las Juntas de Tratamiento en una última instancia llamada a corregir los desacuerdos de los funcionarios que las integran con el desenlace de un determinado proceso (…). Tampoco permite el traslado injustificado de un penado a otro centro penitenciario si esa decisión está estratégicamente dirigida a rectificar la competencia del Juez de Vigilancia Penitenciaria, fijada en atención al ámbito territorial en el que se asiente la prisión”, señalan los jueces en relación con el cambio de prisión de la expresidenta del Parlament Carme Forcadell, que intentó así esquivar la decisión del juez de Vigilancia Penitenciaria de Lleida, a la que correspondía la cárcel en la que Forcadell empezó a cumplir la condena, de que el Supremo se pronunciara sobre la aplicación del artículo 100.2.

Un “tratamiento privilegiado”

La sala advierte a la Generalitat de que “la administración penitenciaria no puede distanciarse de los principios y garantías que informan la ejecución de las penas de prisión impuestas por los tribunales”. “Su acatamiento de la legalidad no debe hacerse depender de su grado de identificación o desacuerdo con la argumentación jurídica sobre la que se fundamenta la condena. De lo contrario, se subvierte el papel que la ley reserva a los órganos administrativos que, de esta forma, se convierten en una extravagante tercera instancia que se arroga la tarea de hacer más justa la decisión emanada de los jueces y tribunales constitucionalmente llamados al ejercicio de la función jurisdiccional”. “Los órganos de la administración penitenciaria no pueden vaciar la respuesta penal proclamada por un tribunal de justicia”, señala el Supremo, que considera que su sentencia sobre el procés se ha sometido a una “relectura que disfraza un tratamiento penitenciario privilegiado” y, precisamente por ello, “improcedente”.

Una persona sostiene una pancarta luminosa frente a las puertas del centro penitenciario.
Una persona sostiene una pancarta luminosa frente a las puertas del centro penitenciario.ALBERT GARCIA

El Supremo defiende en los nueve autos la sentencia por la que condenó a los líderes independentistas y responde a una de las críticas habituales que viene recibiendo por parte del independentismo desde que se inició el proceso penal contra el Gobierno de Carles Puigdemont: que el alto tribunal no castiga actos sino ideas políticas. “No se pretende que el interno ‘reniegue de sus convicciones políticas’, sencillamente porque estas son ajenas a su condena”, advierte la sala, para la que sostener lo contrario supone “aferrarse a una línea argumental equivocada, que nada tiene que ver con el significado del cumplimiento de una pena privativa de libertad en una sociedad democrática”.

En el auto referido a Junqueras el tribunal recuerda que los políticos condenados “dinamitaron las bases de la convivencia promoviendo un alzamiento tumultuario con el objeto de demostrar que las resoluciones del Tribunal Constitucional y de los jueces radicados en Cataluña ya no eran ejecutables”. Tampoco pueden alegar la criminalización de sus ideas los dos líderes civiles encarcelados, asegura el tribunal, que en los escritos sobre Sànchez y Cuixart se explaya en recordar por qué les condenó por sedición. “La ruptura de las reglas que delimitan el funcionamiento normal de cualquier estado de derecho y la promoción de incidentes violentos llamados a demostrar que la competencia de los Juzgados y Tribunales ordinarios tenía que detenerse a las puertas de una consejería autonómica, son las razones que están en la base de la condena”, expone en el auto sobre el exlíder de la ANC.

Para justificar la anulación del artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario, el tribunal argumenta que no se cumple el principal requisito para conceder este beneficio penitenciario: que las salidas de prisión sean para participar en un programa de tratamiento que se considere necesario para la reinserción del preso y que no pueda ejecutarse en el centro penitenciario. En el caso de los líderes independentistas, advierte el Supremo, los programas planteados por las cárceles (voluntariados o trabajos en el sector privado) no tienen “vinculación” alguna con los delitos de sedición y malversación por los que fueron condenados, lo que hace “injustificable” la concesión de este régimen de semilibertad, según los magistrados, que aseguran no poner en duda el buen comportamiento de los presos, su actitud colaboradora con el equipo y su implicación en de las diferentes actividades, algunas de las razones en las que se amparan las prisiones catalanas para justificar esta medida. Tampoco cuestionan su trayectoria académica y profesional previa a la comisión de los delitos por los que han sido condenados. “Pero, como ya advertimos en su momento al rechazar la aplicación de este mismo régimen respecto a la señora Forcadell y otros condenados en esta causa especial, nada de ello permite salvar esa ausencia absoluta de enlace entre el programa que se propone y el proceso de reinserción social del penado que, como es obvio, no puede ser ajeno a los delitos cometidos, un delito de sedición y un delito de malversación de caudales públicos en su modalidad agravada”, concluyen.

Consulte el auto del Supremo que revoca el tercer grado a Oriol Junqueras. Si no puede verlo pinche aquí .

Fuente:El Pais

sábado, 28 de noviembre de 2020

Rufián,vete a robar a otra parte

 Este Gobierno de trileros, analfabetos funcionales y presuntos

vicedelincuentes se supera cada día en filibusterismo, incultura e historial

delictivo. La negociación de los Presupuestos es un ejercicio de

inmoralidad que deja reducido a un pirata al estatus de santo varón al lado

de Sánchez. Lo de la iletrada Irene Montero resulta ya proverbial, da hasta

pena, lo que jamás vaticinamos es que toda una ministra de Exteriores

(Arantxa González Laya) confundiría una bandera de México con la de

Italia, que llamase “Palma de Mallorca” a una ciudad a la que todos sus

habitantes y la toponimia denominan simplemente “Palma” o que Moncloa

aludiera a la isla como “Mayorca”. Y eso que la Ley Celaá aún no está en

vigor. El ménage à trois del Gobierno socialcomunista con Bildu es

seguramente la mayor infamia de la democracia por mucho que nuestro

desahogado presidente enfatice públicamente, tomándonos a los españoles

por gilipollas, que “no” han pactado con el jefe de ETA Otegi y sus

sicarios. Lo que nunca sospechamos, y eso que el listón está alto, es que

Gabriel Rufián sería quién decidiría cuántos impuestos se pagan en Madrid,

Andalucía y Murcia. El portavoz de ese partido históricamente golpista que

es ERC, lo fue en la Segunda República, lo es en la España constitucional,

se ha descolgado con una imposición fascistoide a la par que facinerosa

para que resuciten en estas tres comunidades el Impuesto de Patrimonio y

los de Donaciones y Sucesiones, bonificados estos últimos al 99%. Esta

barrabasada del rufián de Rufián supone en resumidas cuentas la vuelta al

centralismo franquista y el the end de la autonomía fiscal inherente a

cualquier país federal como es el caso de España aunque lo llamemos con

otro nombre. La cosa tiene más bemoles de lo que parece: el de Patrimonio

es una doble imposición porque uno ya abona el IRPF, Transmisiones o el

IVA y ese dolor de muelas anual que es el IBI. Y el impuesto a los muertos

supone un triple salto mortal porque además de todo lo que astillamos en

vida, resulta que luego nos vamos al cielo o al infierno y continuamos

pasando por caja. En el caso de Madrid la comparación con Cataluña es de

vergüenza ajena: con una fiscalidad sustancialmente más baja la primera

acumula una deuda pública de 33.000 millones frente a los 79.000 de la

segunda. Por no hablar de otra comparación que es cuasipornográfica:

Madrid aporta a las arcas del Estado 23.000 millones anuales más que

Cataluña. No nos hagamos trampas al solitario, lo que anhela el rufián de

Rufián es que madrileños, andaluces y murcianos enjuaguemos la

 elefantiásica pella catalana consecuencia de los infinitos chiringuitos y

mamandurrias indepes, de los golpes de Estado y de los 3% de los Pujol,

Mas, Trias, Puigdemont, Junqueras y demás golfos de la patria. Si el rufián

de Rufián quiere robar, Patrimonio, Sucesiones y Donaciones son un robo,

que se vaya a otra parte. A Cataluña, a la Conchinchina o a la mierda. Sólo

a los tontos y a los locos les gusta que les suban los impuestos y ni

madrileños, andaluces y murcianos figuran en esas categorías. Por cierto, la

RAE lo retrató: “rufián” es una “persona sin honor, perversa y despreciable”. Pues eso.


Eduardo Inda

Sánchez nos vende a los separatistas

 ERC reclama Madrid como chivo expiatorio del infierno fiscal imperante en su feudo


Con tal de aprobar unos Presupuestos que le aseguran la poltrona al menos tres años más, Pedro Sánchez nos ha vendido a sus socios separatistas. A todos ellos, sin distinción de ideología ni más requisito que su voto favorable, y a todos nosotros, demócratas, incluidos muchos de los que le votan. (Sería interesante, a este respecto, saber qué papeleta escogieron en las últimas elecciones Felipe González oAlfonso Guerra y cuál elegirán en las próximas…) A cambio de ese poder, que en realidad no es tal puesto que quien acaba imponiendo su criterio totalitario es Pablo Iglesias, como acabamos de ver con la prohibición de los desahucios o el control del dinero que ha de venir de Bruselas, por citar solo los últimos ejemplos, el presidente ha entregado su dignidad como prenda de sumisión a los partidos cuyo propósito es destruir España. Su dignidad y nuestros derechos, pisoteados con fruición por esa ralea supremacista que ni en sus mejores sueños habría creído posible tal grado de complicidad por parte de quien juró defender la Constitución y, a través de ella, la indisoluble unidad de la Nación española, patria común de unos ciudadanos libres, iguales y soberanos. En esta ceremonia de la humillación, que todavía no ha llegado a su fin, Sánchez ha regalado al PNV los cuarteles de Loyola, considerados de vital importancia por el Ministerio de Defensa, cuya importancia estratégica y simbólica no se le escapa a nadie. Ha otorgado beneficios sin cuento a decenas de sanguinarios etarras y callado ominosamente ante la chulería con la que Otegui ha presumido de avanzar mediante ese respaldo en el objetivo de alcanzar una «república vasca independiente». Ha eliminado el derecho de los escolares a recibir enseñanza en castellano o español, aunque ésta sea su lengua materna, cediendo al chantaje de ERC, empeñada en blindar así su implacable política de inmersión lingüística. Ha garantizado, de nuevo, unas inversiones públicas en Cataluña muy superiores a lo que esa comunidad aporta al PIB nacional. Y, por si todo ello no fuera suficiente, ahora va a por Madrid, bestia negra de la izquierda, que los independentistas de Esquerra reclaman como chivo expiatorio del infierno fiscal imperante en el feudo que mangonean. La Comunidad de Madrid es culpable de ser la que más recauda siendo los impuestos más bajos. De aportar el setenta por ciento de los fondos que nutren la caja común solidaria con las regiones más desfavorecidas. De quedarse con un único euro de cada cinco pagados por el contribuyente y de emplear los otros cuatro en contribuir al progreso común. De no gastarse el dinero en embajadas, ni en televisiones ruinosas dedicadas a ensalzar el golpismo o el «relato» equidistante entre terroristas y víctimas, ni en «construcción nacional», sino en ofrecer buenos servicios a los ciudadanos. Todo lo cual resulta completamente intolerable para el inepto que nos gobierna.

Isabel San Sebastián

viernes, 27 de noviembre de 2020

España en almoneda


Si Cataluña se hunde, sus nacionalistas sólo tienen que imitar el modelo madrileño


En pública subasta ha puesto Pedro Sánchez a España, un Black Friday durante todo el mes, con el 90 por ciento de rebaja, una auténtica ganga, un chollo. El doctor está dispuesto a tirar la casa por la ventana, incluida la ventana y la casa. Todo a cambio de que aprueben sus Presupuestos. «¡Mi reino por un caballo!», gritaba, según Shakespeare, Ricardo III descabalgado en plena batalla. Nuestro presidente se vende por sus Presupuestos, los mayores de la historia, dicen, donde, a las partidas hay que añadir las mordidas, ya en metálico, ya en especie, entiéndase soberanía, que te exigen por el voto. Total: que España va a quedar en los huesos, si es que queda algo de ella.

Nunca se había visto una rapiña tan feroz, un chantaje tan descarado, sobre todo por parte de los propios socios de Gobierno. Podemos, el primero. Nada más enterarse Iglesias de que su partido iba a tenersólo una representante en el control de los fondos europeos derecuperación, mientras el PSOE metía dos vicepresidentas, se puso en contacto con Sánchez y el resultado es que va a estar todo el gabinete.

¿Rectificación o lo tenían acordado? Hay las dos versiones, pero el resultado es que Iglesias estará en el timón de esos fondos, claves para España. Ocurrió también con los desahucios. Iban a cesar el 31 de enero, pero nueva intervención de Iglesias y están buscando la forma de prorrogarlos. Y algo de lo que no se habla pero está a la vista: pese a tener una cartera social y la segunda vicepresidencia, Pablo se las está arreglando para acompañar a Pedro en sus visitas oficiales en el extranjero. Y a hacer declaraciones en ellas que no coinciden con la línea oficial. Échenle un galgo.

El PNV saca también petróleo de sus seis votos. Enumerar las subvenciones para obras públicas, instalaciones e investigación ocuparía el resto de este artículo. Además, se llevan el cuartel de Loyola, en San Sebastián. Gratis. Si se piensa que su extensión es enorme, edificarlo para viviendas valdría una millonada. Aunque el regalo al independentismo es mayor: según ABC, augura la salida del Ejército español de Euskadi. Otegui comentaba: «Ese sí a los Presupuestos abre el camino a la república vasca». Tampoco le ha ido mal a ERC, que ha eliminado el español como lengua vehicular en Cataluña y el tope a la deuda de la Generalitat. En adelante, podrán endeudarse cuanto les convenga. Pero lo más grave,lo más turbio y aberrante es que han logrado la promesa de una «armonización fiscal», que no significa que en todas partes se paguen los mismos impuestos, sino un subterfugio para obligar a Madrid a subir las cargas por patrimonio y herencia. Si Cataluña se hunde económicamente, sus nacionalistas sólo tienen que imitar el modelo madrileño de bajar impuestos y fomentar la inversión. Pero se lo han gastado en gobiernos en el exilio y embajadas, como otros en vino y mujeres. Que sólo les mueve el resentimiento lo demuestras que nada dicen del «cupo» de sus colegas vascos. Aparte de que el impuesto de patrimonio es el mayor fraude, al basarse en la doble imposición, al obtenerlo y conservarlo.


José Maria Carrascal

domingo, 17 de mayo de 2020

Necesitamos a España

La Generalitat recurre ahora al sentimentalismo y pide al resto de españoles que vayamos a Cataluña a pasar las vacaciones




En el Quijote no está escrita una expresión «cosas veredes amigo Sancho…» que se ha adjudicado, sin fundamento, al ingenioso hidalgo manchego del que algún indocumentado independentista catalán ha tratado de apropiarse diciendo que era del Principado -¡cómo no! - y que la inmortal obra que supone una de las cumbres de la literatura universal fue escrita en catalán. Estoy, sin embargo, convencido de que Sancho, que sólo perdió la cordura y no del todo cuando fue nombrado gobernador de la ínsula de Barataria, quedaría admirado de algunas de las cosas que se están viendo en España en los últimos tiempos.

En las terminales del independentismo catalán se han hecho tal cantidad de afirmaciones ofensivas para España y
 los españoles que sería necesario un espacio muchísimo mayor del que se dispone en esta columna -haría falta sólo para enumerar varias de ellas-. Desde insultar a quienes en Cataluña hablan español hasta considerarnos una banda de ladrones dedicados a robarles. Desde sostener que vivimos de su esfuerzo, sin dar el menor golpe, hasta considerar que los muertos por coronavirus, a la postre más numerosos en Cataluña que en otras regiones españolas, son culpa de España y de los españoles. Han dicho, en sede parlamentaria, que la gobernabilidad de España les importa un bledo y, antes de que el virus que nos mortifica se ensañara en tierras catalanas, hubo quien se mofó de las muertes que se sufrían en Madrid, aludiendo de forma detestable al dicho de «Madrid al cielo». Fue lo que dijo la fugada, Clara Ponsatí.
Sin embargo, se han dado cuenta de que el turismo, una de las principales fuentes de ingresos de Cataluña como en el conjunto de España, se les viene abajo y que el impacto va a ser demoledor. Entre otras razones porque el turismo internacional no va a venir a nuestras costas. Los turistas no van a pasar sus vacaciones en la Costa Brava, como no van a hacerlo en la Costa del Sol. No van a venir a ver la Sagrada Familia como no van a venir a la ver la Mezquita Catedral de Córdoba o la Alhambra de Granada. La Pedrera o la Casa Batlló no van a tener visitantes, como tampoco los van a tener el Museo del Prado o el Reina Sofía. El turismo va a tener que nutrirse, como buenamente pueda, de lo que hagamos los propios españoles. Con los aeropuertos bloqueados y las fronteras cerradas, amén del miedo a viajar, no será fácil que ingleses, alemanes o franceses se aventuran a unas vacaciones fuera de su país.
Así las cosas, en la Generalitat que gobierna el xenófobo Torra, no han tenido empacho de referirse ahora a los lazos sentimentales que les unen con España y nos invitan a que vayamos allí a pasar las vacaciones para tratar de arreglarles, en la medida de lo posible, las cuentas de su sector turístico. Son los mismos que negaban la posibilidad de alojamiento a la Guardia Civil y a la Policía Nacional cuando, en cumplimiento de su deber, intentaron que se respetase en Cataluña la Constitución y los mandatos de los tribunales de justicia. Los mismos que han agredido a personas por llevar una bandera de España.
Si Sancho Panza, el cuerdo escudero de don Quijote, viviera en nuestro tiempo quedaría más que admirado, profundamente desconcertado, de las cosas que tendría que ver. Hasta el propio don Quijote exclamaría: ¡Qué cosas, Sancho, hay quien nos toma por estúpidos!
José Calvo PoyatoJosé Calvo PoyatoArticulista de Opinión
PD de Avicena



martes, 31 de marzo de 2020

El Supremo avisa a la Generalitat de consecuencias penales si excarcela a los presos del procés



El tribunal dice que la medida anunciada por el Govern podría ser constitutiva de un delito de prevaricación y anuncia que pedirá los nombres de los funcionarios que lo materialicen para actuar contra ellos



El Tribunal Supremo ha tardado apenas unas horas en responder a las declaraciones de la consellera de Justicia de la Generalitat, que este martes ha anunciado una medida que abre la puerta a la posible excarcelación de los presos del procés durante el estado de alarma. El alto tribunal ha indicado que adoptar esta medida puede acarrear una acusación por prevaricación contra los funcionarios que lo lleven a cabo.

"En el caso de que la Junta de Tratamiento de las cárceles donde se encuentran los presos de la causa del procés acuerde su excarcelación para cumplir el confinamiento en sus respectivos domicilios, el Tribunal Supremo se dirigirá a cada de esas juntas de régimen general y al director/directora de los centros respectivos para que a la mayor brevedad expliquen el fundamento jurídico que justifica esa decisión e identifiquen de forma nominal a los funcionarios que han apoyado ese acuerdo", ha anunciado el tribunal por medio de su departamento de comunicación y adelantada por El Español.
Según añade, "ello se enmarcaría en la exigencia de responsabilidades penales por la posible comisión de un delito de prevaricación". Se trata de la respuesta del tribunal que condenó a los líderes independentistas a las declaraciones de la consellera de Justicia, Ester Capella, quien ha ordenado que todos los internos a los que se les ha concedido la posibilidad de salir periódicamente de la cárcel para trabajar o cuidar de un familiar (el artículo 100.2), puedan estar en casa mientras duren las restricciones impuestas por el Gobierno en el marco del estado de alarma. Esa medida la tienen que aprobar las Juntas de Tratamiento de cada prisión.
Esta orden se basa en que la consejera pretende "reducir la población penitenciara encerrada" para evitar una posible propagación del Covid-19 en los centros penitenciarios catalanes. Hasta ahora son los presos calificados en tercer grado los que ya han sido enviados a casa durante el confinamiento, pero ahora se quiere que esa medida sea aplicable a los 101 encarcelados calificados en 100.2. Esto se produce solo quince días después de que la misma Consellería anunciase que los presos independentistas habían decidido confinarse en las prisiones y renunciar a sus salidas en virtud del ese 100.2.
Cataluña es la única comunidad autónoma de España que tiene transferidas las competencias penitenciarias. Por tanto los funcionarios dependen de la Consellería de Justicia de la Generalitat. Las Juntas de Tratamiento de las cárceles que deberían autorizar la salida de los presos independentistas a su domicilio durante el estado de alarma son órganos colegiados integrados por los profesionales del centro: el director, el responsable jurídico, el trabajador social, el psicólogo, el médico... Contra ellos va dirigida la advertencia del Tribunal Supremo. 

La medida en el resto de España

Hace dos semanas, la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias emitió un escrito en el que impulsaba el uso de pulseras telemáticas o control telefónico para que los presos en semilibertad pudieran continuar cumpliendo condena en sus domicilios sin necesidad de regresar al centro penitenciario. La medida también tenía por objeto reducir el riesgo de contagio de la enfermedad en las cárceles.
La diferencia en este caso con lo que plantea ahora la Generalitat es que en el resto del Estado esa medida afectaba solo a los presos en Centros de Inserción Social (CIS) o en las secciones abiertas de las cárceles (de facto son como un CIS pero en las instalaciones de una cárcel), según fuentes penitenciarias. Los presos del procés están en centros penitenciarios, gozan de un 100.2 que les permite salidas regulares, pero no a todos se los ha aprobado todavía el juez de vigilancia penitenciaria. 
Las fuentes consultadas explican que es habitual que un juez conceda seguir cumpliendo condena en casa en casos así cuando un preso está en un CIS o una sección abierta y sale todos los días de prisión, incluso los fines de semana. Pero añaden que es más difícil que los jueces accedan cuando las salidas por un 100.2 están más restringidas como sería el caso de los condenados por el desafío independentista.
VOZPOPULI