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lunes, 21 de junio de 2021

¿Firmará el Rey el decreto de indulto?

 


Hace escasas fechas, el rey Felipe VI recibió en Zarzuela la visita del consejo de administración de un importante grupo empresarial con motivo de cumplirse el centenario de su fundación. Sentados en semicírculo frente al monarca, los visitantes, cercanos a la decena, pudieron charlar durante algo menos de una hora sobre la historia del grupo, que el rey parecía conocer al dedillo, y sobre diversos temas de actualidad. Y uno de los presentes tuvo el arrojo de sacar a colación el contencioso de Cataluña, centrando su pregunta en la anunciada concesión del indulto a los golpistas condenados.   

-¡Por ahí, no; por ahí, no! –respondió tajante Felipe VI, moviendo manos y brazos, los índices extendidos, del centro a los laterales con gesto de absoluta convicción.

El que había preguntado se atrevió entonces a sacar las conclusiones oportunas de semejante demostración:

-¿Entonces seguimos en el espíritu del 3 de octubre de 2017?

-Exactamente en el 3 de octubre de 2017.

De modo que los presentes salieron reconfortados y convencidos de que para el Rey el indulto a los golpistas es una línea roja que la Corona no está dispuesta a sobrepasar so pena de verse arrastrada al lodazal en el que Pedro Sánchez ha convertido a las instituciones de nuestra democracia. La carta magna establece que “el Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia” y le confiere la misión de “guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes”. Al mismo tiempo, dispone que el monarca ejerce “el mando supremo de las Fuerzas Armadas”, cuya misión consiste en “garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”. Principios todos que chocan frontalmente con la realidad de unos políticos separatistas que no solo no han manifestado arrepentimiento alguno por los delitos por los que fueron condenados en sentencia firme, sino que expresa y reiteradamente han manifestado su voluntad de volver a atentar (“ho tornarem a fer”) contra ese principio constitucional de la “integridad territorial” que las Fuerzas Armadas, con el Rey al frente, están obligadas a defender. El choque entre el mandato constitucional y el indulto que Sánchez intenta perpetrar en su personal provecho no puede ser más brutal.

La Constitución también fija entre las obligaciones del Rey la de “Expedir los decretos acordados en el Consejo de Ministros”, de donde se infiere que Felipe VI tiene muy escaso margen, por no decir ninguno, para negarse a firmar el decreto de concesión del indulto cuando el asunto llegue a firma regia. Hay precedentes históricos que plantearon “soluciones imaginativas” para tratar de salvar tamaño conflicto de legitimidades. El presidente de la II República, el cobardón de Niceto Alcalá-Zamora, como a primeros de junio de 1933 se resistiera a rubricar la Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas (ley de secularización de la enseñanza) que acababa de ser aprobada en el Parlamento, hizo constar en la antefirma del decreto el precepto constitucional que le obligaba a ello a pesar de ser contrario a la norma. Mucho tiempo después, abril de 1990, el rey Balduino de Bélgica renunció durante 36 horas al trono para no tener que validar la ley de despenalización del aborto. El Gobierno belga salvó la objeción de conciencia real recurriendo a un artículo de su carta magna relativo a “la incapacidad temporal para reinar del representante de la Corona”, treta mediante la cual el monarca cedió temporalmente sus poderes al Consejo de Ministros.

Verse ahora en la tesitura de tener que rubricar la medida de gracia que proyecta el felón de Moncloa para ese separatismo reincidente, además de provocador, coloca al titular de la Corona en una situación delicada

El conflicto adquiere perfiles particularmente peligrosos en el caso español en razón al protagonismo que el propio Felipe VI asumió en su memorable discurso del 3 de octubre de 2017. Ante la desidia de ese otro gran cobarde, uno de los mayores responsables de la situación que hoy aflige a España, llamado Mariano Rajoy, el monarca se vio obligado a salir a escena para enviar a los españoles un mensaje de firmeza y esperanza. (Termino ya estas palabras para subrayar una vez más el firme compromiso de la Corona con la Constitución y con la democracia, mi entrega al entendimiento y la concordia entre españoles, y mi compromiso como Rey con la unidad y la permanencia de España”). Los golpistas en modo alguno se iban a salir con la suya. Verse ahora en la tesitura de tener que rubricar la medida de gracia que proyecta el felón de Moncloa para ese separatismo reincidente, además de provocador, coloca al titular de la Corona en una situación delicada, sometido a una tensión que podría hacer saltar por los aires el frágil equilibrio institucional en el que ahora navega esa balsa de piedra a la deriva llamada España.

Cualquier intento, por leve o modesta que fuera su naturaleza, que la Casa del Rey pretendiera poner en marcha para dejar constancia ante la ciudadanía del rechazo de la Corona a la medida de gracia, solo conseguiría profundizar la crisis de un régimen que hoy bascula entre un Rey constitucional garante último de “la unidad y la permanencia de España” y un presidente dispuesto a hacer almoneda de esos principios en su personal provecho. Un tipo capaz de vender su país al mejor postor para poder seguir unos meses más en el poder, no dudaría en hacer saltar por los aires los frágiles equilibrios institucionales que en estos momentos soportan el edificio de la convivencia en España. Le bastaría con pedir al amanuense que ha colocado al frente del CIS una encuesta sobre la institución, con las preguntas adecuadas, para que el gran Tezanos le sirviera en bandeja el finiquito de la Corona.

No pocos argüirán que Felipe VI debería haber llamado a capítulo al presidente, cosa que probablemente haya hecho ya, para manifestarle su disgusto y hacerle entrar en razón

No pocos argüirán que Felipe VI debería haber llamado a capítulo al presidente, cosa que probablemente haya hecho ya, para manifestarle su disgusto y hacerle entrar en razón. El “todo Madrid” está al cabo de la calle del cabreo de Zarzuela con las políticas de este Gobierno y en particular con el intento de indultar a los líderes separatistas de quienes depende la continuidad de Sánchez en Moncloa. He ahí un presidente obligado a cumplir las exigencias que le plantean sus socios o, en caso contrario, disolver las Cámaras para ir a elecciones generales. Un Gobierno en minoría entre la espada y la pared. Tal es la dimensión del drama. Es lo que algunos han llamado el “autoindulto” de Pedro Sánchez. El espectáculo impúdico de ver al poder perdonándose a sí mismo. ¡El jefe de la banda indultando a la banda! 

Hay quien sostiene que el desgaste al que Sánchez pretende someter a Felipe VI al hacerle firmar un decreto que, a tenor de las encuestas, rechaza el 80% de la ciudadanía –incluido una amplia mayoría del voto socialista- es de tal calibre que el truhan no se atreverá finalmente a dar el paso y buscará soluciones alternativas para hacer efectivo el pago de esa nueva letra que el separatismo le ha pasado a cobro antes de que termine el actual periodo de sesiones. Para quienes tal opinan, resulta incomprensible que persista en la vía del indulto -una medida jurídica- siendo así que no cuenta con el respaldo del Tribunal Supremo y ni siquiera de esa Fiscalía jerárquicamente dependiente del Gobierno. Continuar por ese camino se toparía de inmediato con los correspondientes recursos ante la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Supremo (parece que Vox es el único legalmente legitimado para hacerlo, en razón a su personación como acusación popular en el juicio del 'procés'), recursos que tendrían muchos visos de prosperar dado el tenor del informe del Alto Tribunal conocido esta semana.

Ver a este Gobierno infame sentado un día no lejano en el banquillo sería algo más que eso que hemos dado en llamar “justicia poética”

Pero es que Vox apunta más lejos al haber anunciado ya la eventualidad de una posterior querella “contra todo el Consejo de Ministros” por prevaricación en la concesión de los indultos. Ese recurso a la vía penal hará que algunos de los que hoy se sientan en el banco azul se tienten la ropa a la hora de “tirarse por el barranco” tras el inmarcesible Sánchez. Ver a este Gobierno infame sentado un día no lejano en el banquillo sería algo más que eso que hemos dado en llamar “justicia poética”. Razón por la cual no sería descartable que finalmente abandonara la vía judicial para ir a la política, con la presentación en el Congreso de una Ley de Amnistía (que es lo que realmente le están pidiendo sus socios de investidura: una amnistía y un referéndum de autodeterminación), que podría aprobar por la mayoría parlamentaria de que dispone. Sería una solución política para un problema que el propio Sánchez proclama político. Una ley de amnistía es precisamente lo que emplearon el PSOE y el resto de fuerzas del Frente Popular para liberar a los nacionalistas catalanes de ERC que el 6 de octubre de 1934 se alzaron contra la II República con Lluís Companys al frente. La historia se repite. Como en el caso del indulto, el precio a pagar por el perfecto amoral que nos preside sería devastador. Haga lo que haga, Sánchez es hombre muerto y lo sabe. Sus días están contados.

Jesús Cacho

jueves, 24 de septiembre de 2020

El excelente repaso de un diputado de Vox a la manipulación histórica de la izquierda

 

FRANCISCO JOSÉ CONTRERAS RECORDÓ LOS CRÍMENES IZQUIERDISTAS DE LA GUERRA CIVIL

El excelente repaso de un diputado de Vox a la manipulación histórica de la izquierda

Este miércoles, en la Comisión Constitucional del Congreso, la izquierda intentó una vez más imponer su visión de la historia, recibiendo una excelente réplica de Vox.

Así fue el golpe de Estado de 1934 contra la 2ª República que el PSOE no quiere condenar
Lluís Companys: los siniestros hechos que la propaganda separatista no quiere que sepas

El afán de la izquierda por manipular la historia

Se debatía en esa comisión una proposición no de ley de los separatistas de ERC, defendida por Gabriel Rufián, con la pretensión de retirar honores y condecoraciones previos a la aprobación de la Constitución Española. Un completo disparate que no tiene otro fin que intentar reescribir la historia al gusto de quienes perdieron una guerra que ellos mismos provocaron (recordemos que ERC fue el partido que encabezó el golpe separatista de octubre de 1934 en Cataluña, simultáneo con el golpe de Estado encabezado por el PSOE contra un Gobierno elegido democráticamente).

A eso hay que añadir que bajo el mando de dirigente de ERC Lluís Companys fueron asesinadas más de 8.000 personas en Cataluña, entre ellas 4 obispos y 1.536 sacerdotes (el 30% del clero catalán). En poco más de tres años, el régimen de terror de Companys mató en Cataluña a más gente que la Inquisición española en 160 años en todo el Imperio español (entre 1540 y 1700, los ejecutados por ese tribunal fueron unos 3.000). Que sus herederos políticos quieran manipular la historia para borrar el rastro de aquellos crímenes es algo intolerable.

La réplica de un diputado y catedrático de Vox

El único partido que votó en contra de la proposición de ERC fue Vox, demostrando una vez más que es la única oposición real que existe en el Congreso frente al discurso ideológico de la izquierda. La réplica a Rufián se la dio Francisco José Contreras, que además de diputado de Vox es Catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Sevilla. La lección de historia que dio fue formidable, recordando los crímenes cometidos por la izquierda durante la Guerra Civil y denunciando que la izquierda no pida la retirada de honores a los dirigentes izquierdistas que se vieron implicados en violaciones de los derechos humanos durante esa contienda. Podéis ver el vídeo de su intervención aquí:

jueves, 27 de febrero de 2020

LOS ANTECEDENTES GOLPISTAS DE ERC


LOS ANTECEDENTES GOLPISTAS DE ERC
Pocos habrían imaginado hace una década que la Esquerra Republicana de Cataluña, formación sobre la que el insigne escritor catalán Josep Pla había dicho que estaba “llena de los tópicos del humanismo más insincero y tronado”, sería decisiva en 2020 para sostener el gobierno de España, pese haber intentado proclamar la república catalana en una intentona golpista y estar sus líderes encarcelados cumpliendo condena por sedición. En el caso español, sin duda se cumple a rajatabla eso de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.
ERC nace en 1931 a partir del partido Estat Catalá de Macía, un ex coronel del ejército que se había pasado del españolismo al catalanismo. Personaje un tanto ridículo, imitador de Mussolini, que elucubró en 1926, desde Francia, una marcha “liberadora” sobre Cataluña con apenas 500 voluntarios armados, incluidos franceses e italianos, que se desbarató sin llegar a cruzar los Pirineos.
A él se unió el grupo de Companys, un abogado que había adquirido cierto renombre defendiendo anarquistas y que presidía la agrupación Republicá Catalá, además participaban otros elementos procedentes del entorno del periódico L´Opinió. Se trata pues de un partido nacionalista, pero a diferencia de la LLiga, que contaba con un pensamiento y estrategia más elaborados, propugna un credo catalanista elemental, mezclado con una ideológia jacobina pequeño burguesa.
La proclamación de la II República da la posibilidad a este grupúsculo de obtener un protagonismo impensable frente al nacionalismo de Cambó y la Lliga, hasta entonces principal representante del catalanismo. Maciá secundado por Companys, concejal electo, se apropia el día 14 de abril de 1931, por la fuerza, del ayuntamiento y diputación de Barcelona proclamando la República Catalana.
Instaurada la II República tras la huida de Alfonso XIII, ERC, aprovecha la popularidad ganada por el golpe de efecto que aunó republicanismo y catalanismo en el momento más oportuno, y obtiene en Cataluña, en las primeras elecciones republicanas, un magnifico resultado, que una vez aprobado el polémico estatuto de autonomía de Cataluña, catapultó, primero a Macía, y tras su muerte a Companys, a la presidencia de la Generalidad de Cataluña.
Instalado en el poder Companys apostó por un separatismo cada día más extremista. Con ocasión de la declaración de inconstitucionalidad de la Ley de Contratos de Cultivo de la Generalidad, por parte del Tribunal de Garantías Constitucionales creado por el gobierno Azaña, que estimó un recurso de la Lliga, es decir del catalanismo de derechas, al considerar que el parlamento catalán había vulnerado el reparto de compendias al entrar a regular tal cuestión, Companys, en vez de acatar la decisión judicial decidió forzar un enfrentamiento con la autoridades republicanas en Madrid.
Companys se negó deliberadamente a la salida negociada del conflicto, acudiendo a la demagogia ramplona de siempre, para espolear los sentimientos catalanistas, presentando la cuestión como una afrenta del gobierno de centro-derecha, y en definitiva de España, a los catalanes. Companys dijo que los catalanes sufrían una agresión “de los lacayos de la monarquía y de las huestes fascistas monárquicas” y advirtió, en clara incitación al uso de la violencia, que no se repetirían las ocasiones en que los catalanes habían sido injuriados y no habían sabido responder con la violencia precisa.
Mientras el órgano de ERC, el diario L´Opinió proclamaba: “El parlamento catalán, que es soberano responderá a España […] ¡No somos más que catalanes¡, y en el Parlamento en Madrid, el portavoz de ERC denunciaba las “agresiones tan manifiestas a la autotomía de Cataluña” y la retirada de las Cortes de su formación.
Companys siguió alimentando el fuego de la radicalización. Instaló como conseller de gobernación a Dencás otro patético personaje, que, imitando los aspavientos teatrales de Maciá, había creado los “escamot” una milicia de atrezo para el partido, a modo de bufa imitación de los fascios italianos, que hacía gala de un furibundo credo secesionista.
El conflicto entre Generalidad y Estado se saldó con un acuerdo por el que la Ley se adaptaba en su reglamento a las peticiones del gobierno central. Sin embargo, la violencia había anidado en el ánimo de la sociedad catalana, y la quema del Palacio de Justicia de Barcelona por unos nacionalistas exaltados, anunciaba que más que una solución, se abría un paréntesis en espera de acontecimientos.
Y estos llegaron el 6 de octubre de 1934. Companys apostó por la total ruptura con la legalidad democrática republicana alzándose en armas en connivencia con el PSOE en lo que fue, ni más ni menos, que un intento de golpe de estado. La disculpa, la entrada en el gobierno del partido más votado en las últimas elecciones, la derechista CEDA.
Companys, desde los balcones de la Generalidad lanzó la siguiente arenga: “Las fuerzas monarquizantes y fascistas que de un tiempo a acá pretenden traicionar a la República han logrado su objetivo y han asaltado el poder. Los partidos y los hombres que han hecho publicas manifestaciones contra las menguadas libertades de nuestra tierra; los núcleos que predican constantemente el odio y la guerra contra Cataluña, constituyen hoy el soporte de las instituciones.
Todas las fuerzas auténticamente republicanas y los sectores sociales avanzados, sin excepción ni distinción, se han levantado en armas contra la audaz tentativa fascista. Cataluña enarbola su bandera y llama a todos al cumplimiento del deber y a la obediencia absoluta al gobierno de la Generalidad, que, desde este momento, rompe toda relación con las instituciones falseadas. En esta hora solemne, en nombre del pueblo y del parlamento, el gobierno que presido asume todas las facultades del poder en Cataluña, proclama el estado Catalán dentro de la República Federal Española …”
Companys contaba con los aproximadamente 3.400 escamots de Dencás y Badia y unos 400 mozos de escuadra al mando de Pérez Farras, tanto la Guardia de Asalto como la Guardia Civil, pese a su dependencia formal de la Generalidad, no se sumaron a la intentona golpista.
La intervención en Barcelona de las tropas del ejército leales a la República, compuestas de unos 500 hombres, bajo el mando del general Batet frustraron el golpe, sin apenas resistencia de los nacionalistas, que se rindieron tras los primeros intercambios de disparos. Los escamots salieron huyendo, demostrando que apenas servían para algo más que desfilar y fanfarronear ante fatuos mercaderes.
En cuanto a los rabassaires, pequeños agricultores catalanes, cuyo apoyo popular esperaba la Esquerra, no se embarcaron en la insensata aventura de Companys. El pronunciamiento había comenzado el 6 de octubre y finalizó la mañana del día 7, apenas había durado unas horas, pero la estúpida ambición de Companys y la Esquerra dejó aproximadamente 73 muertos innecesarios.
Detenido y juzgado el sedicioso presidente de la Generalidad fue condenado a 30 años de prisión. Con el triunfo del Frente Popular en 1936 Companys salió de la cárcel, e increíblemente, pese a su reciente pasado delictivo fue restablecido en su cargo de Presidente de la Generalidad, como si nada hubiese pasado.
De lo poco arrepentido que estaba de su actuación antidemocrática, y de lo poco que le importaban las vidas de los ciudadanos da fe el propio Azaña, que critica la intención de Companys una vez excarcelado, de presentarse inmediatamente en Barcelona para “tomar posesión del gobierno por la fuerza”, “disparate colosal, repetir otro 6 de octubre, y hacérmelo a mí”.
Desde la cárcel Companys había jugado sus bazas políticas al colaborar en la tarea del Frente Popular de atraerse los votos de los anarquistas. La Esquerra envió al diputado Trabal, que en compañía de Salvat y Farreras, negoció con los líderes anarquistas su apoyo electoral. A cambio, tras las elecciones de febrero del 36 y la llegad al gobierno de los frentes populistas, fue excarcelado y repuesto en su cargo.
Sin importar cual sea la legalidad española a violar, ya sea republicana o monárquica, la trayectoria golpista de ERC sin duda se trata de un hecho histórico incuestionable. Evidente resulta el paralelismo entre la falta de escrúpulos del gobierno de Pedro Sánchez y el del Frente Popular a la hora de anteponer su afán de poder frente al marco legal y lo que es peor, el bien común de los españoles.
Mateo Requesens ( El Correo de Madrid

viernes, 29 de noviembre de 2019

¿ QUÉ ES UN CATALIBÁN ?

¿ QUÉ ES UN CATALIBÁN ?
Según la National Geographic, un catalibán es un homínido, originario de Cataluña o acomplejado por no haber nacido allí, a juzgar por sus jefes de manada.
Camina erguido, excepto cuando se agacha a coger una subvención.
Gusta de la repetición compulsiva de consignas absurdas y delirantes falsedades.
Sigue siempre el mismo patrón de actuación social:
1º Recita una letanía de mentiras.
2º Cuando alguien se las rebate, el catalibán contraataca gritándole: «Feixista!» (‘¡Fascista!’).
3º Si su injuriado interlocutor responde con otro insulto, el catalibán recurre al victimismo cínico y le espeta con dolido mohín: «Maleducat».
Comportamiento contradictorio:
– Se queja de imperialismo de España, pero ha confeccionado un collage anexionista de otras regiones al que denomina «Països Catalans».
– Denuncia incansablemente la existencia de un intolerable “nacionalismo español”. En cambio, considera que el nacionalismo catalán sí que es bueno y legítimo.
– Desprecia a los habitantes del resto de España, pero no le hace ascos a su dinero cuando compran la mayor parte de cuanto produce Cataluña.
– Boicotea productos no etiquetados en catalán, pero se indigna por el boicot a su cava.
– Echa a la Guardia Civil, para luego suplicarle combatir a los delincuentes que asaltan sus chalés.
El catalibán presume de demócrata y pacífico; y al que no lo crea, lo muele a palos o amenaza o le dispara.
Incluso hallándose en su hábitat, vive en permanente tensión por ilusorias conspiraciones maléficas encaminadas a la eliminación de su especie.
Numerosos vestigios indican que su número mágico es el 3: tripartito, TV3, Canal 33, corrupción del 3%…
Costumbres funerarias curiosas, como la de homenajear anualmente con honores de héroe a un antepasado (Rafael Casanova) que se hizo el muerto en una guerra y huyó falsificando el acta de defunción de un cadáver, tras haber incendiado los archivos que lo involucraban.
Muestran una atávica fascinación por el fuego, que utilizan para:
– Quemar fotos del Rey y de la Reina.
– Quemar banderas de España y Francia.
– Quemar ejemplares de la Constitución
– Acudir anualmente con antorchas en procesión nocturna a homenajear al golpista y chekista Lluís Companys.
Aun poseyendo un indudable interés no constituyen los catalibanes una especie protegida, pues abundan en platós de telebasura y en tertulias políticas (incluso en las que se suponen que son serias y pro-españolas) se multiplican fuera de ellos con extraordinaria rapidez en proporción inversa a la calidad de la enseñanza impartida por la Generalidad.

martes, 15 de octubre de 2019

Carta a Quim Torra, en el aniversario del fusilamiento de Companys

Quim, tú que eres tan de misa, quizás el líder al que hoy homenajeas te hubiera hecho fusilar por católico.
Te invito a que me acompañes en este breve repaso de sus hazañas.
Companys fundó, en 1936, el Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña. Este Comité fue responsable directo de miles de torturas y asesinatos en sus checas, contadas por decenas.
Para ellos, tú serías un fascista, Quim.
¿Me sigues acompañando?
Bajo su mandato fueron ejecutados más de 8.000 catalanes, entre ellos 47 periodistas, 4 obispos y 1.536 sacerdotes, además de miles de católicos, por el simple hecho de serlo.
A ti te hubieran pillado, Quim.
¿Seguimos?
Firmó directamente numerosas sentencias de muerte como esta.
A lo mejor, tú o alguien de tu familia hubiera estado en esa lista, Quim.
Tengo más. ¿Me acompañas?
No hay ninguna descripción de la foto disponible.
Prohibió el culto católico y destruyó, con la ayuda del Comité que creó, más de 7.000 templos católicos. ¡Hasta incendió la Sagrada Familia, Quim!
¿Qué te parece? El líder al que dejas flores te hubiera prohibido ir a misa, Quim.
Ven, que sigo.
Ordenó robar todo el patrimonio artístico de Montserrat. Ahí donde fuiste el otro día a rezar por los presos, Quim.
Todas las obras que se encuentran expuestas en los altares menores fueron repuestas gracias al régimen de Franco, Quim, que logró recuperarlas.
Companys construyó el campo de concentración de Omella de Na Gaia. Ahí llegaban los prisioneros hacinados en vagonetas. Los débiles eran asesinados de un tiro en la cabeza. Los que quedaban, iban muriendo de hambre o ejecutados.
A lo mejor podrías haber acabado allí, Quim.
Podría seguir con esta lista, Quim, pero tengo miedo de aburrirte.
Tú estás más por construir un relato falso de un genocida que, efectivamente, fue ejecutado. Como ejecutó él a los militares sublevados en Cataluña.
Ponle flores, Quim.
Al que quizás hubiese sido tu verdugo.
La imagen puede contener: una o varias personas, exterior, texto y naturaleza



lunes, 15 de abril de 2019

La Pasionaria, Carrillo, Companys, Stalin… los asesinos de la izquierda que conservan sus calles



La Pasionaria, Carrillo, Companys, Stalin… los asesinos de la izquierda que conservan sus calles



Izquierda, Asesinos, Memoria Histórica, calles, Que la Ley de Memoria Histórica es una imposición ideológica es algo que nadie puede dudar. Es dictar la realidad de la historia a base de decreto, como ya se hizo en los totalitarismos comunistas que tanto gustan a nuestra izquierda. Pero en la visión sesgada con la que se está aplicando se comete el importante agravio de mantener las calles, monumentos, menciones y todo tipo de reconocimientos a quienes sí fueron criminales. Es más, sus crímenes fueron cometidos para extender el comunismo, la ideología política en cuyo nombre se han cometido los mayores crímenes conocidos en la historia de la humanidad.

Entre los criminales españoles que tuvieron responsabilidades en la represión cometida en la retaguardia del Frente Popular destacan:

Santiago Carrillo, el responsable de Paracuellos
El histórico líder del Partido Comunista de España, Santiago Carrillo, fue el responsable de la seguridad en Madrid durante la Guerra Civil tras la huída del Gobierno a Valencia en noviembre de 1936. Bajo su responsabilidad y con su colaboración activa se produjeron las sacas de las cárceles de la capital que acabaron con varios miles de muertos en municipios próximos. Entre ellos destacan Paracuellos, la mayor fosa común de la Guerra Civil; y los crímenes en el cementerio de Aravaca. El Ayuntamiento de Madrid, bajo el mandato de la popular Ana Botella, decidió premiar su labor otorgándole una calle. No es la única, varios municipios españoles aprobaron mociones similares tras la muerte del comunista.



La Pasionaria, la mujer que condenó a muerte a Calvo Sotelo
La dirigente comunista, hoy en día disfruta de varias calles en municipios de España e incluso se le han erigido estatuas, pronunció la amenaza de muerte más clara de la historia parlamentaria de la Segunda República. El día 11 de julio de 1936, Calvo-Sotelo fue asesinado durante la madrugada siguiente, tras un duro discurso en el que el líder de Renovación Española criticaba al Gobierno del Frente Popular por no haber sido capaz de parar la ola de crímenes políticos cometidos por militantes de partidos de izquierdas con total impunidad, “La Pasionaria” dijo: “Has hablado por última vez”. Ella siempre lo negó y el presidente de las Cortes, Diego Martínez Barrio, no dudó en borrar la amenaza del diario de sesiones. Pero hay un testimonio que deja claro que, pese a los intentos de ocultarlo, la líder comunista había pronunciado la condena de muerte de Calvo-Sotelo.

Per no fue su único hito criminal demostrado. En un mitin de Valencia aseguró, ante miles de comunistas convencidos y fanatizados, una frase que prendió la mecha de la represión en la capital provisional de la zona frentepopulista durante la guerra: “Más vale condenar a cien inocentes a que se absuelva a un solo culpable”.

Indalecio Prieto, el socialista que asesinaba a la sombra
No solamente la estatua que luce ante la sede de Nuevos Ministerios, hasta 23 calles distribuidas por la geografía española tiene uno de los máximos responsables de los crímenes cometidos por los socialistas antes y durante la Guerra Civil. Su guardia personal, “La Motorizada”, tenía a gala la extrema violencia con la que actuaban contra los miembros de partidos de derechas durante la República. Además, fue uno de los responsables de la compra de armas para las milicias socialistas, incluídas las que se usaron durante la revolución de Asturias, que costó la vida a centenares de personas. Entre sus frases más significativas se encuentran incitaciones claras a la violencia: “nosotros nos comprometíamos a desencadenar la revolución, porque no tenemos otras armas”

Largo Caballero, el ‘Lenin español’
Ferviente revolucionario, era uno de los más firmes defensores de la revolución y la violencia para llegar al poder. Muchas de sus más célebres frases así lo atestiguan: “Quiero decirles a las derechas que si triunfamos colaboraremos con nuestros aliados; pero si triunfan las derechas nuestra labor habrá de ser doble, colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la Guerra Civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros lo realizamos”. Y no dudaba en alentar a sus seguidores para que aumentasen la represión contra sus adversarios políticos: “Cuando el Frente Popular se derrumbe -anunció-, como se derrumbará sin duda, el triunfo del proletariado será indiscutible. Entonces estableceremos la dictadura del proletariado, lo que… quiere decir la represión de las clases capitalistas y burguesas”
Largo Caballero tiene calle en doce capitales españolas y una estatua en Nuevos Ministerios en Madrid. Además, sigue siendo una de las referencias del actual Partido Socialista Obrero Español.
Rafael Alberti, un poeta de los paseos y las purgas
Este hombre que paseaba por el frente con una pistola al cinto, recitando versos y sin haber luchado jamás en la trinchera junto a quienes se jugaban la vida alentados por sus charlas. Fue uno de los responsables de la publicación El Mono Azul donde él y los otros miembros del denominado Comité de Depuración mantenían una columna llamada “A paseo”, en la que se señalaba el nombre de los intelectuales que debían ser “depurados” –entiéndase asesinados- por su carácter de contrarrevolucionarios. Entre las personas señaladas se encuentran Miguel de Unamuno, Pedro Muñoz Seca, Manuel García Morente, Fernando Vela, e incluso sus amigos de años anteriores Ernesto Giménez Caballero y Rafael Sánchez Mazas.

Actualmente tiene calles dedicadas en docenas de municipios y es hijo predilecto de Andalucía desde que le otorgaron ese título en 1984.

Luis Companys, el impulsor del separatismo violento
Creó, en mayo de 1936 -meses antes del estallido de la Guerra Civil-, el Comité Militar Revolucionario. Estaba compuesto por 8.000 voluntarios separatistas miembros de su partido, especialmente de las Juventudes de Esquerra Republicana-Estat Catalá, a las que dotó de 20.000 fusiles comprados con dinero público.

Tras el estallido de la Guerra, estas milicias serían el núcleo del Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña, fundadas por un decreto del presidente Companys el 26 de julio de 1936 y que sembró el terror en la retaguardia durante la guerra.

Durente este periodo, bajo su mandato y responsabilidad directa fueron asesinadas 8.129 personas en Cataluña. Sin juicio ni garantías legales. En su mayor parte eran civiles pertenecientes a partidos de derechas, miembros del clero o empresarios. Ordenó la creación de campos de concentración, como el de Omells de Na Gaia y autorizó a las diferentes formaciones del Frente Popular a constituir sus propias checas. Él mismo firmaría sentencias de muerte.
Margarita Nelken, una represora formada en la URSS
Margarita Nelken fue una política socialista que, una vez empezada la Guerra Civil, se convirtió en furibunda comunista afiliándose al PCE. Entre sus aportaciones a la “dignidad” y sus muestras de “talento”, según ha declarado Pablo Iglesias, se encuentran algunas actuaciones claramente represivas en la retaguardia del bando republicano. Alentó la revolución de Asturias de 1934 en la que las milicias socialistas, anarquistas y comunistas se levantaron contra la entrada de tres ministros de la derechista CEDA que había ganado las elecciones un año antes y no se les había permitido entrar en el Gobierno. Fruto de su vinculación a estos hechos fue condenada a veinte años de prisión. Logró a escapar y se refugió en la estalinista Unión Soviética donde recibió la formación como agente. Su labor, tras su regreso en febrero de 1936 para presentarse a las elecciones, primero fue la de dinamitar el PSOE y fortalecer al PCE y luego, una vez comenzada la guerra, la de actuar abiertamente como comunista. Hoy en día, numerosos municipios, especialmente los de Badajoz que era la circunscripción electoral por la que se presentaba a las elecciones, tienen calles con su nombre. Incluso algunos han puesto el nombre de esta criminal a centros culturales.

Juan Negrín, el hombre que robó el oro de Moscú
Getafe y al menos otros catorce municipios en la Comunidad de Madrid tiene una calle, plaza o centro municipal con el nombre del jefe de Gobierno republicano que alargó la Guerra Civil con el único objetivo de contentar a Stalin. Fue el responsable de arruinar a España regalando el oro de sus reservas a la URSS.
Durante los últimos días de la guerra se dedicó a acumular un importante tesoro que embarcó en el yate Vita y que trasladó a México con la excusa de poder mantener a los exiliados que fueran a Amércia y fletar barcos para su salida de España. Finalmente ese dinero acabó en manos de Prieto quien lo gestionó para que los exiliados socialistas que habían pertenecido a su entorno vivieran desahogadamente durante el exilio.
Las trece rosas, terroristas adoradas por la progresía
Las 13 rosas, nombre con el que se conoce a 13 jóvenes fusiladas el 5 de agosto de 1939 tras ser condenadas por un tribunal, son una clara muestra de la “corrección política” impuesta desde la izquierda. La misma placa que colocó el Ayuntamiento de Madrid en 1988 en el lugar en el que fueron fusiladas ya deja clara la fábula montada desde la izquierda radical que ha calado en la sociedad. En dicha placa se puede leer que “dieron su vida por la libertad y la democracia”, una mentira que demostraremos en esta entrada de blog. Pertenecían, en su mayor parte, a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) la rama juvenil del comunismo en España que aspiraba a implantar en nuestro país un régimen tan libre y demócrata como lo era el de Stalin en la URSS, país desde el que se financiaban y al que había escapado, tras la Guerra Civil, su máximo dirigente: Santiago Carrillo.

Las JSU, a las que pertenecían la mayoría de las 13 rosas, habían tenido una destacada participación en la represión republicana en Madrid durante la Guerra Civil. No en vano, esta organización política controlaba y dirigía directamente cinco checas donde se torturó y asesinó a cientos de personas. Está perfectamente documentado en los papeles del PCE que bajo control de su organización juvenil se encontraban las checas de Mendizabal 24, la de la calle Rimundo Lulio, la de Santa Isabel 46, la del Convento de las Pastoras de Chamartín y la de la calle Granda 4. Además, participaron en la acción represiva de varias otras cárceles de partidos políticos y tuvieron un papel destacado en las sacas cometidas para asesinar a miles de presos sin mediar juicio alguno. Quienes las presentan como garantes de la democracia suelen olvidar, entre otros, este detalle: a ellas se les juzgó, pero ellas participaron en una organización que asesinó sin juicio a miles de personas y que, en el momento de ser detenidas, se había convertido en un grupo terrorista dirigido por José Pena, Severino Rodríguez y Federico Bascuñana.

Brigadas Internacionales, voluntarios para asesinar a españoles
Cincuenta mil voluntarios de todo el mundo. Venidos a España para asesinar a españoles en una guerra en la que no tenían más interés que el de la aventura. Manejados por la Internacional Comunista, acabaron siendo la propaganda de Stalin para introducir el comunismo en el mundo occidental.

Son adorados por la izquierda que las reivindica hasta el punto de construir monumentos declarados ilegales por la Justicia en lugares como la Universidad Complutense de Madrid. Su espíritu es el del hombre que fue encargado de organizar las Brigadas Internacionale, André Marty, “el carnicero de Albacete”.


Pero el caso más llamativo de criminales de la izquierda, en este caso de repercusión internacional, lo encontramos en el municipio madrileño de Torrejón de Velasco, donde podemos visitar la calle de José Stalin. Sin comentarios.