lunes, 12 de septiembre de 2016

Cruda realidad / La diferencia entre Amancio, el rico e Iglesias, el subvencionado

La revista Fortune ha publicado su lista de los hombres más ricos del mundo y el primer puesto le ha tocado a Amancio Ortega, fundador de Zara, y las redes sociales españolas han cedido al habitual impulso patriótico de ponerle a parir.
 
Pablo Iglesias y Amancio Ortega
Pablo Iglesias y Amancio Ortega
 
Pero también es un profundo desconocimiento de la economía más elemental, la que está al alcance incluso de quienes no tenemos ni idea de economía. Alguien tiene que ser el hombre más rico del mundo y, puestos a ello, me parece bien que lo sea don Amancio. Hace cosas, al menos, y a mí personalmente me ha proporcionado momentos bastante agradables.
La idea, patrimonio de la izquierda, es que si alguien es rico es porque nos ha quitado a los demás parte de la riqueza total, y si es muy rico es que nos ha quitado muchísimo. La riqueza sería una pizza de la que quedará poco si tú te llevas mucho.
Esto es, naturalmente, un disparate que ve la pobreza como un gran escándalo cuyas causas hay que buscar y la riqueza como la situación por defecto. La realidad es, por supuesto, al revés. No hay nada raro en la pobreza ni hay que hacer nada en absoluto para llegar a ella, como no habría nada raro en que este texto estuviera en blanco si yo no le doy a la tecla.
Es la riqueza lo curioso, lo raro, lo anómalo. Quien piense que son los empresarios, los Amancio Ortega, quienes hacen pobres solo tendría que naufragar en un paraje desierto. En un tiempo récord se dará cuenta de que es más pobre que el más pobre de los españoles, incluso que los bangladeshíes, sin necesidad de ningún malvado financiero.
Entre todos hemos hecho rico a Ortega libre y voluntariamente;  no así a los podemitas, que gozan de subvenciones y de un sueldo que, a través de los impuestos, paga usted a la fuerza.
Pero, dirá el ingenuo izquierdista, los recursos naturales son riqueza. No. Volvamos a la isla. Imaginémosla con el subsuelo abarrotado de diamantes, de petróleo, de gas natural, de todos los minerales que quiera imaginar. ¿Le harían rico? ¿De qué sirve el petróleo, sino para manchar y arruinar las cosechas, sino se inventan antes los coches y las centrales eléctricas? ¿Para qué querría nuestro hipotético náufrago los diamantes, en el caso de que supiera hacer una mina con las manos?
Es el ingenio humano y el esfuerzo lo que crea riqueza. Y la historia ha probado sobradamente que ese ingenio y, no digamos, ese esfuerzo deben poder actuar en libertad y obtener una recompensa suficiente para ponerse manos a la obra en su labor creadora.
El partido que más ha fulminado contra Ortega es Podemos, cuyo líder comparó a Ortega con terroristas. Sin embargo, a usted Ortega nunca le ha robado, al revés: ha puesto en la ‘caja común’ que son los impuestos muchísimo más que usted, y eso redunda en su beneficio directo.
Esto, naturalmente, por no mencionar el hecho evidente de que si usted y todos los demás quisieran arruinar a Ortega bastaría con no entrar en Zara nunca más. Pero si entra y compra es porque es conveniente, porque le ofrece algo por lo que usted está dispuesto a dar su dinero. Es decir, entre todos hemos hecho voluntaria y libremente rico a Ortega.
No así con los podemitas. Como partido gozan de determinadas subvenciones y como diputados, consejeros y concejales, de un sueldo que, a través de los impuestos, paga usted sin que lo haya elegido, a la fuerza. E incluso antes de entrar en política también pagaba el forzado contribuyente su sueldo como profesores de una universidad pública.
No pueden existir 50 millones de Zaras que, además, no tendrían dependientes
Es decir, que quienes extraen su bienestar de usted por la fuerza maldicen a quien se esfuerza por servirle a cambio del precio que usted paga voluntariamente (Dejo fuera de la explicación la paradoja de que el sistema pague a gente para que predique la forma de destruir el sistema).
No diré, como he leído por ahí, que a España le iría mejor si todos fuéramos como Ortega. Basta pensar cinco minutos para advertir que no pueden existir cincuenta millones de Zaras que, además, no tendrían dependientes.
Pero sí me atrevo a afirmar que nuestro país estaría mucho mejor, y no solo económicamente, con muchos menos podemitas y demás afectos a vestir de ideología su resentimiento.

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