sábado, 27 de febrero de 2010

Amores terroristas‏

El Gobierno español detesta apoyar a los Orlando Zapata, héroes de los derechos humanos a los que los Castro dejan morir en prisión, pero ama a islamistas, hermanos de los que provocaron casi 200 muertos en los atentados del 11M, de creer que actuaron solos.



Walid Hijazi, de 30 años, el primero de los cinco o seis presos de Guantánamo que Rodríguez Zapatero acogerá --si no le pide más Obama--, ya está en España con permiso de residencia y subvenciones para vivir confortablemente, lo que no logran muchos españoles o inmigrantes decentes.


Puede argüirse que no tiene causas judiciales aquí, y que no es culpable de delito alguno.


Tampoco lo era De Juana Chaos antes de su primera detención. Además, tenía derechos como ciudadano español, aunque fuera un malvado, de agresividad y brutalidad reconocidas. Y aún no había segado 28 vidas, como hizo después.


Tampoco habría sido culpable si lo hubieran capturado antes de actuar en un campamento islamista en Afganistán .


Nuestro Hijazi sólo se entrenaba allí con Al-Qaeda para poner bombas en aviones o trenes como los de Madrid cuando lo capturaron las tropas paquistaníes que lo antregaron a EE.UU.


Pero como estuvo en Guantánamo, lo tratamos como a un mártir. Ya hubiera querido el pacifista Zapata estar en esa prisión y no en la fidelista en la que lo sacrificaron.


Ahora, hasta terminarán poniéndole el nombre de este malvado a un parque infantil en algunos municipios de Izquierda Unida o en Cunit, Tarragona, el de la alcaldesa y senadora socialista protectora del imán islamista que acosa a las mujeres sin velo.


Hijazi es palestino, y se queda aquí en lugar de volver al territorio de la Autoridad Nacional presidida por Mahmud Abbas, con quien España mantiene relaciones amistosas.


Se ve que amamos a los terroristas, al fanatismo islamista, y nos atrae vivir para morir peligrosamente: para que estos tipos, con ayuda de islamistas ya residentes, nos monten otros 11M


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