miércoles, 1 de julio de 2020

El olor de Iglesias estimula una jugada política inesperada de Pedro Sánchez

El vicepresidente tercero y líder de Podemos está atrapado en el "Caso Dina". Aunque se cree invulnerable, no lo es. Y el propio presidente del Gobierno y su PSOE lo saben.



Los policías que garantizan la seguridad del subsuelo suelen decir que es imposible bajar a las cloacas y no salir con las botas manchadas de porquería. Es lo que le debe estar pasando en estas últimas horas a Pablo Iglesias, víctima, no de los oscuros aparatos del Estado gracias a los que Podemos ha engordado mucho en los últimos años, sino de sus propios coqueteos con ese “subsuelo” donde -ahora comenzamos a saber- tanto se ha “movido” el vicepresidente segundo.
Los giros de los acontecimientos pueden acorralar peligrosamente a un dirigente hasta derribarlo. Ejemplos de ello hay muchos en la política española. El “caso Dina” tenía la apariencia de un embrollo menor, pero el escenario empezó a complicarse para Iglesias cuando tuvo que vérselas con el juez.
La decisión del magistrado Manuel García-Castellón de retirarle la condición de perjudicado, hasta el punto de planear sobre su cabeza una imputación por revelación de secretos, ha dado tal giro a la trama, que ya se habla del “caso Iglesias”. Y a las pesquisas de la Audiencia Nacional hay que añadir una investigación de oficio de la Fiscalía General y una denuncia de Vox ante Anticorrupción por seis presuntos delitos. Muchos frentes para despacharlo como mero episodio anecdótico.
El entorno del vicepresidente traslada su certeza de que se dará carpetazo de la causa. Pero Dina Bousselham admitió que Iglesias mantuvo en su poder durante medio año la tarjeta SIM robada… y en sus manos acabó destruida.


Y la fiscalía filtró información a los morados antes incluso de la apertura de la investigación. En definitiva, la narrativa de Iglesias, basada en presentarse como víctima de las “cloacas del Estado”, se ha ido por el sumidero esparciendo demasiado olor a podrido.
Y otra curiosidad, tramposa también, que añade mordiente al tema: este asunto fue eje de campaña del secretario general de Podemos en las últimas elecciones generales para alertar contra el interés del “sistema” en minar el terreno ante un posible pacto del PSOE con su formación.
Tal estrategia le permitió “venderse” como garante de un Gobierno “progresista” y salvar los muebles –aunque pasase de 42 escaños a 35– movilizando a un electorado de izquierdas enfadado con la tentativa de Sánchez de anclarse en la centralidad.


Ahora, como suele suceder en este tipo de “affaires”, los hechos se suceden ya fuera del control de su protagonista. Y la controversia, con recorrido en los tribunales, se inflama. Por su parte, los medios de comunicación libres siguen haciendo su trabajo: indagar temas que, pese a la versión de Unidas Podemos, tienen aún mucha tela que cortar.
Quizá Iglesias ha descontado que sus fieles seguirán comulgando con cualquier rueda de molino ante cualquier escándalo, aunque si el protagonista fuera un dirigente de centro-derecha ya se hubiese acabado su carrera.
Plan de emergencia
De todas formas, desde La Moncloa se han empezado a colocar los primeros cortafuegos para evitar que el “vodevil” afecte a Sánchez. Sus asesores cercanos niegan rotundamente que el presidente haya abordado el asunto con su vicepresidente.
Por lo que pueda pasar, quieren dejar constancia de que Sánchez no tiene información alguna, al menos por boca directa de su peculiar socio de Legislatura. “Es una cuestión personal de Iglesias y de Podemos”, se dice. 
El presidente ha olido la carnaza y, siendo consciente del juego que va a dar, toma distancia. Háganse una composición de lugar: la aritmética condena a la entente PSOE-UP, sí, pero todo se antoja abierto a la espera de acontecimientos. Y el socialismo “oficial” ve que el olor que desprende Iglesias tal vez no se vaya a ir tan pronto como él mismo asegura.

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