domingo, 5 de julio de 2020

Comunismo, el maestro del nazismo



LA GESTAPO NAZI COPIÓ LOS MÉTODOS E INVENTOS CREADOS POR LA CHEKA SOVIÉTICA

Comunismo, el maestro del nazismo: así inspiró el terror rojo a la dictadura nazi

La palabra “fascista” es hoy en día profusamente utilizada por la extrema izquierda para etiquetar a toda clase de rivales políticos, sea cual sea su naturaleza ideológica.
El uso de la palabra «fascista» para demonizar a los enemigos de la ultraizquierda
La ultraizquierda ha utilizado históricamente esa palabra para demonizar a liberales, conservadores, democristianos e incluso socialdemócratas (a los que llamaban “social-fascistas” en la Alemania de la década de 1930, como ya expliqué aquí). Su propósito es convertir al rival político en un objetivo a batir, pues llamarte “fascista” es presentarte como alguien que quiere imponer una dictadura y acabar con la libertad. A fin de cuentas, cuando la gente escucha hablar de “fascismo” piensa automáticamente en un tirano y asesino de masas como Hitler.
La derrota del fascismo en la Segunda Guerra Mundial permitió concentrar en ese término todas las malas connotaciones que se le pueden atribuir a una ideología, hasta el punto de que muchos ya parecen pensar que la primera y única amenaza totalitaria contra la democracia fue el fascismo. Además, la insistencia en presentar al fascismo como un extremismo de derechas contribuye a alimentar la idea de que todo derechista es un fascista en potencia. Sin embargo, la historia demuestra que ninguna de esas dos ideas son ciertas.
El dictador fascista italiano Benito Mussolini empezó su militancia política en el Partido Socialista, del que fue expulsado en 1914. Fundó entonces un periódico socialista y nacionalista, Il Popolo d’Italia, que se convirtió en el órgano del Partido Fascista en 1921.
El origen socialista del fascismo y del nazismo
Hay que recordar que el fundador del fascismo, Benito Mussolini, procedía del Partido Socialista Italiano, del que fue expulsado en 1914, año en el que fundó un periódico titulado Il Popolo d’Italia, que mantuvo la definición de “socialista” en su cabecera hasta 1918. Ese periódico, que promulgaba un socialismo nacionalista, se convirtió en el órgano del Partido Fascista en 1921.
El fascismo alemán echó a andar en 1919 con un grupo con un significativo nombre: el Partido Obrero Alemán, que en febrero de 1920 se rebautizó como Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (NSDAP), popularmente conocido como Partido Nazi. Igual que el fascismo italiano, el NSDAP promovía un socialismo nacionalista que se oponía tanto al capitalismo como al comunismo, debido al carácter internacionalista del segundo.
Lenin arengando a sus seguidores durante el golpe de Estado bolchevique que liquidó la recién nacida democracia rusa en noviembre de 1917. El fascismo imitó ese método de asalto al poder en Italia cinco años después. Los nazis intentarían algo similar con el Putsch de Múnich en noviembre de 1923.
El odio común de comunistas y fascistas contra la democracia
Los fundadores del fascismo no tuvieron que exprimirse mucho la cabeza para encontrar las fórmulas con las que imponer sus ideas por medio del terror. En 1917, un ideólogo de la extrema izquierda llamado Lenin ya había escrito un libro, “El Estado y la revolución”, propugnando la toma del poder mediante la violencia para instaurar una dictadura. En ese libro, Lenin describió el Estado como “la aplicación organizada y sistemática de la violencia sobre los hombres”, antes siquiera de que apareciesen los partidos con los que Hitler y Mussolini llegaron al poder en Alemania e Italia. Además, el ideólogo ruso despreciaba abiertamente la democracia, que describía con estas palabras: “Decidir una vez cada cierto número de años qué miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar al pueblo en el Parlamento: he aquí la verdadera esencia del parlamentarismo burgués”propugnando abiertamente su destrucción.
La Guardia Roja: el antecesor comunista de las SS hitlerianas
Lenin no escribió ese libro como una mera ensoñación. Unos meses antes, en marzo de 1917, se fundó la Krasnaya Gvardiya (Guardia Roja) como brazo armado de los bolcheviques, una milicia equipada con pistolas, fusiles y ametralladoras que en el momento del golpe de Estado comunista de noviembre de 1917 tenía unos 200.000 integrantes, convirtiéndose en el germen del Ejército Rojo. Faltaban dos años para la aparición del Squadrismo (la milicia fascista italiana), y cuatro años las Sturmabteilung (SA) y ocho para las Schutzstaffel (SS), las milicias del Partido Nazi. Cuando surgieron los grupos violentos de las organizaciones fascistas les bastaba con copiar la experiencia de la Guardia Roja, que ya se había convertido en un ejército.
Miembros de la Guardia Roja de los bolcheviques en Petrogrado en octubre de 1917, armados con pistolas, fusiles y ametralladoras. La milicia comunista fue creada dos años antes de que apareciesen las primeras milicias fascistas en Italia y cuatro años antes que las SA nazis.
Copiando los métodos de Lenin para conquistar el poder mediante la violencia
Lo mismo se puede decir de la toma violenta del poder. Poco después de escribir ese libro, en noviembre de 1917 los bolcheviques, liderados por Lenin, liquidaron la recién nacida democracia rusa mediante un golpe de Estado tras haber perdido las elecciones contra los social-revolucionarios. Nuevamente, la toma por el poder mediante una milicia armada partidista sirvió de ejemplo para el fascismo: cinco años después Mussolini se hizo con el poder en Italia mediante la Marcha sobre Roma de octubre de 1922, cuando decenas de miles de fascistas armados se dirigieron a la histórica capital italiana para tomar el poder bajo amenaza de iniciar una guerra civil si no se lo permitían. En noviembre de 1923 los nazis intentaron algo parecido en Baviera con el fallido Putsch de Múnich.
Cheka: la brutal policía política soviética que sirvió de modelo a la Gestapo nazi
En 1917, con la aparición de la Rusia Soviética, la bandera roja de los bolcheviques se convirtió en la bandera del nuevo Estado, lo mismo que haría el Partido Nazi en Alemania en marzo de 1933. La identificación entre un partido y el Estado nunca había llegado a estos extremos en la historia de Europa. La dictadura soviética puso en marcha rápidamente su maquinaria represiva. En diciembre de 1917 apareció en Rusia la temible Chrezvycháinaya Komíssiya (también conocida como Cheka), la policía política de la dictadura comunista, que aplicó métodos de tortura y ejecución puramente bestiales. La policía secreta zarista, la temida Ojrana, había llegado a tener 15.000 miembros. A finales de 1918 la Cheka ya tenía 40.000 agentes, y dos años más tarde ya eran 280.000. En tres años los bolcheviques había multiplicado por 18 el volumen del aparato represivo del zarismo.
Agentes del NKVD, la policía política de Stalin, apuntando sus revólveres. La Gestapo nazi, creada 16 años después de la Cheka de Lenin, copió y perfeccionó los métodos de represión de la policía secreta soviética.
La Cheka daría paso más tarde a convertirse en el NKVD bajo la dictadura de Stalin. Cuando los nazis crearon la temible Gestapo en 1933, la policía secreta soviética ya acumulaba 16 años de experiencia en torturas, persecución de disidentes, represión de huelgas, deportaciones y ejecuciones. El régimen nazi decidió aprender del régimen soviético. En “Gestapo: Instrument of Tyranny” (1956), el historiador británico Edward Crankshaw escribió: “Para los fines de supervisión general y represión, la Gestapo se inspiró en la policía secreta soviética. Himmler tiene a su disposición un oficial de policía extremadamente capaz, Heinrich Mueller… un estudiante cercano y devoto de métodos soviéticos. Mueller quedó impresionado por la eficiencia del sistema de espionaje interno que había sido perfeccionado por el gobierno soviético, cuyo efecto, idealmente, era aislar al individuo al hacer imposible que nadie confiara en nadie”.
Gulag: la red de campos de concentración comunistas 14 años antes del primer campo nazi
En “Dismantling Tyranny: Transitioning Beyond Totalitarian Regimes” (2005), Ilan Berman y J. Michael Waller señalaron: “Los nazis también estudiaron, copiaron y perfeccionaron los inventos de asesinatos en masa de la Cheka, incluida la camioneta de gas en la que personas fueron conducidas y asesinadas por monóxido de carbono, y el campo de exterminio, para que pudieran exterminar a las poblaciones de manera más eficiente”. De hecho, 14 años antes de la creación del primer campo de concentración nazi, el de Dachau, en abril de 1919 Lenin ordenó la creación del Gulag, la primera gran red de campos de concentración de la historia para encerrar, torturar y asesinar a prisioneros políticos. A finales de 1920 ya había 84 campos con unos 50.000 prisioneros políticos. En octubre de 1923 ya eran 315 campos con 70.000 prisioneros. Para 1940 ya eran 423, y por ellos llegaron a pasar 18 millones de personas.
Un gulag soviético cerca de la ciudad de Molotov (hoy llamada Perm), en la URSS. Lenin dio orden de iniciar el Gulag, la gran red de campos de concentración comunista, 14 años antes de la creación del primer campo de concentración nazi, el de Dachau (Foto: Museo del Gulag, Moscú, vía Alamy y Davis Center).
La NKVD soviética y la Gestapo nazi llegaron a compartir información y experiencias
Los parecidos entre el nazismo y el comunismo van más allá del hecho de que ambos fuesen ideologías socialistas (nacionalista en un caso, internacionalista en el otro). Nazis y soviéticos llegaron a colaborar en la invasión de Polonia en 1939, incluso haciendo un desfile conjunto en Brześć Litewski. Pero la cosa no acabó ahí: el NKVD soviético y la Gestapo nazi llevaron a cabo reuniones conjuntas entre 1939 y 1940 para compartir información y experiencia, especialmente en la represión de la resistencia polaca. Así pues, no es extraño ver ahora a comunistas actuando como fascistas, acosando, amenazando y agrediendo a quienes discrepan. Al fin y al cabo, el comunismo y el fascismo coinciden en su desprecio por la democracia, la libertad y la dignidad humana: lo más parecido que hay a un fascista es un comunista.

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