domingo, 6 de octubre de 2019

Un curioso librito

La realidad fue que los portugueses trataron de sabotear por todos los medios la expedición que culminaría Elcano.

Ha llegado a mis manos estos días, regalo de un amable lector, una curiosa obrita, cuyo título es «La nave Victoria», en alusión a la única de las naos de la escuadra que zarpó el 10 de agosto de 1519 del muelle de las Mulas en el puerto de Sevilla y que después de permanecer cuarenta días, frente a Sanlúcar de Barrameda, salió a las aguas del Atlántico, al mar abierto. El librito, en octavo, con una encuadernación en cartón, tiene una bonita cubierta ilustrada con un dibujo en el que personas, ataviadas con lujo, agitan pañuelos o utilizan los bonetes para despedir a los navegantes. En la nao capitana, la «Trinidad», tremola la bandera de España -roja gualda y roja-. Esa bandera no sería utilizada por la marina real española hasta más de doscientos cincuenta años más tarde, cuando así lo dispuso Carlos III. Esa una curiosidad que llama la atención del lector avisado.
La segunda curiosidad se deriva de la editorial que publicaba la obra, que firmaba Estaban Moréu Lacruz, SJ. Era Herder & Cía, intitulados «Libreros-editores pontificios», de Friburgo de Brisgovia, localidad alemana situada al sur Estrasburgo, cerca de la frontera francesa, si bien su texto está en español.
Se había publicado en 1926 e iba ya por su quinta edición, posiblemente porque como se indica en su portadilla, su lectura era recomendada por el arzobispo de Valencia y los obispos de Arequipa, Bogotá, Buenos Aires, Caracas, Chiapas, Huánuco, León, Lima, Medellín, México, Nicaragua, Nueva Pamplona, Portoviejo y Santiago de Chile.
No acaban ahí las curiosidades para un lector de nuestro tiempo. En la portadilla, el título «La nave Victoria» va acompañado de un subtítulo: «La primera circunnvegación (sic) del mundo por Magallanes». Es sabido que el marino portugués no estaba al frente de la escuadra, que le había facilitado Carlos I, para dar la vuelta al mundo, sino para encontrar un paso que permitiera ir de las aguas del Atlántico a las del Pacífico, entonces llamado Mar del Sur, y abrir una nueva ruta hacia las islas de las Especias. Fue, después de muerto Magallanes, cuando Elcano decidió no hacer el tornaviaje por la misma ruta que habían traído, sino proseguir por aguas del Índico y dar la Primera Vuelta al Mundo.
La última curiosidad del librito en cuestión está en una de las seis ilustraciones que acompañan al texto. En cinco de ellas aparece Magallanes, pero a Elcano no se le ve en ninguna.
Pero la guinda de las curiosidades es que en una de ellas en la que se ve a los indígenas rindiendo pleitesía a Magallanes, tras el navegante aparece un estandarte… con las armas de Portugal. Ignoro si Moréu Lacruz SJ era un indocumentado -no lo creo-. Pero todas estas curiosidades me hacen pensar que ese librito en el que a través de sus páginas muchos niños aprenderían que lo relativo a la Primera Vuelta al Mundo -hoy la Logse se encarga de mantenerlos ignaros sobre ese y otros asuntos- fue una proeza de Magallanes en la que el papel de Portugal fue determinante.
La realidad fue que los portugueses, trataron de sabotear, con todo lo que tuvieron a su alcance y con su embajador en Castilla, don Álvaro da Costa a la cabeza, la expedición que culminaría Juan Sebastián Elcano, entrando en Sanlúcar el 6 de septiembre de 1522 y llegando a Sevilla dos días después. Por eso, entre otras cosas, he escrito «La Ruta Infinita».

José Calvo Poyato



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