sábado, 25 de mayo de 2019

¿Quiere que Sánchez y ‘El Coletas’ manden ya del todo?

Pablo Iglesias y Pedro Sánchez.

El 28 de abril la derecha española se pegó un tiro en los redaños del que se arrepentirá al menos cuatro años y quién sabe si toda una vida. El proverbial masoquismo de parte de quienes piensan como nosotros provocó que Pedro Sánchez nos metiera un repasito que, gracias al control absoluto de los medios que detenta y a la división de los rivales, se nos antojó una paliza modelo el Felipe González de 1982. No fue una goleada de escándalo pero lo pareció.
Y los que sospechábamos que esa victoria de pitiminí era la antesala de todos los males, comenzando por la destrucción de la España constitucional, no nos equivocamos. No ha hecho falta siquiera que se forme Gobierno. Ha bastado con que se elija a los presidentes de las Cortes para que nos percatemos por dónde van los tiros de este Partido Socialista guerracivilista, rencoroso y sectario. La jefa del Congreso, la insulsa Meritxell Batet, se ha resistido cual gato panza arriba a suspender a los diputados golpistas a los que se permitió tomar posesión (cosas de este Estado tonto que nos ha tocado padecer). Tuvo que darle un sutil a la par que contundente toque el baranda de la Sala Segunda del Supremo, ese Manuel Marchena al que matarán civilmente si hace Justicia, para dar su brazo a torcer.
No obstante, manda huevos que se haga presidenta del Congreso (190.000 del ala al año) a una tipa que se negó a votar en 2013 en contra de dos propuestas de resolución, una de Convergència y otra de la Izquierda Plural, que planteaban un referéndum de independencia “legal” (esto de “referéndum de independencia” y “legal” es una antinomia en España) en Cataluña. Ella y otra docena de diputados rompieron la disciplina de voto  y se largaron del hemiciclo para no tener que hacer lo que verdaderamente les ponía: respaldarlas. El resto de sus noventa y tantos compañeros socialistas, capitaneados por Rubalcaba, apretaron el botón del “no” como corresponde con un partido que durante el felipismo fue más impecable que nadie en la defensa de la España constitucional.
Meses después llegó la tercera prueba del algodón con una moción de la gran Rosa Díez y de su tan necesario como añorado UPyD. Planteaba simple y llanamente censurar ese eufemismo llamado “derecho a decidir” bajo el que se esconde un referéndum secesionista. ¿Qué hizo la ahora presidenta del Congreso? Esta vez no se las piró, simple y llanamente, se abstuvo. Creo que no hace falta suministrar más datos para hacernos idea de quién manda en la Cámara Baja. De locos.
Manuel Cruz es un tipo intelectualmente setenta veces siete más relevante. Un gran filósofo, catedrático, inteligente, con el que puedes estar de acuerdo o no, pero que merece el respeto cerebral del resto de los mortales. Dicho lo cual tampoco hay dudas acerca de la pertinencia de su digitación. El fakediario El País publicaba este sábado una entrevista con el presidente de la Cámara Alta en la que había una frase con la que cualquier periodista recién licenciado hubiera titulado: “Una sentencia absolutoria del 1-O podría reconciliar todo”. El periódico que dirige Sol Gallego-Díaz escondía este aserto en un sumario. Prefería un mucho más light “el enemigo del independentismo es el federalismo”. Igualico que el otro. Y éstos dan lecciones de ética, estética y deontología profesional. Jojojojojo.
Lo peor de todo es que el diario gubernamental, antaño de Soraya, hoy de Sánchez, rectificó horas más tarde en su web titulando con el escandaloso “una sentencia absolutoria del 1-O podría reconciliar todo”. Pero en el enésimo que no último ejercicio de manipulación repugnante dijeron “Diego” donde habían escrito “digo”. Sobra resaltar que hicieron un corta y pega retomando la afirmación de marras: “El enemigo del independentismo es el federalismo”. ¡Que no es cuestión de fastidiar a los jefes de Moncloa en jornada de reflexión! Un ejemplo de jeta elefantiásica que caracteriza al que antaño se autodenominaba “diario independiente de la mañana”. Un episodio que nos retrotrae a esa censura previa franquista que creíamos superada.
Vomitivas manipulaciones al margen, lo que resulta escandaloso es que un poder del Estado, el legislativo, le diga a otro, el judicial, cómo ha de obrar. Que le ponga en la maniquea tesitura de los buenos y los malos. Si absuelven a los tejeros del siglo XXI solventarán el problema catalán, si no, lo inflamarán exponencialmente, es lo que venía a decir Manuel Cruz. Llama poderosamente la atención que a estas horas el Consejo General del Poder Judicial aún no haya puesto el grito en el cielo con un asalto al poder judicial que nos aproxima a esa Venezuela de Hugo Chávez y Nicolás Maduro en la que el Ejecutivo y el Legislativo indican a jueces y fiscales el sentido de sus resoluciones.
Este domingo nos la jugamos. Nos jugamos que quienes quieren cargarse la unidad de la segunda nación más antigua de Europa y convertir en papel mojado la Constitución manden ya en todo con la inestimable colaboración de sus colegas golpistas y con los comunistas de ese Pablo Iglesias que nos va a hacer enterarnos de lo que vale un peine si entra en el Gobierno. No sólo eso: se dirime también la fiscalidad de este país, que nos metan de nuevo la mano en el bolsillo. Los impuestazos de Sánchez nos van a hurtar 26.000 millonazos en los próximos cuatro años. Si queremos que todo quede ahí, vayamos a votar como si no hubiera un mañana. Si nos da igual todo, si lo que nos mola es que resuciten el Impuesto de Sucesiones y el de Donaciones en comunidades como Madrid, quedémonos en casa, larguémonos a la playa o pasémonos todo el domingo tumbados a la bartola en la piscina.
¿Quieren que siga Carmena en Cibeles, Colau en la Plaza de Sant Jaume, Santisteve en la Plaza del Pilar, Kichi en la Plaza San Juan de Dios y Ribó en la del Ayuntamiento de Valencia? ¿Desea seguir pagando impuestos después de muerto? ¿Quiere tener que renunciar a la casa que le ha dejado su padre porque no le da para abonar el Impuesto de Sucesiones de su región? ¿Le parece bien tener que tributar desde el Cielo o desde el Infierno o que su hijo tenga que apoquinar al barón autonómico de turno el 30% de lo que usted le ha donado en vida? ¿Desea que su calle siga hecha una guarrada, que con el dinero de sus impuestos se contraten talleres para aprender a hacerse pajas o que okupas y manteros sean los que mandan en su ciudad? Si la respuesta es como espero “no”, ya sabe lo que ha de hacer: lo contrario que el 28 de abril. Es decir, ir a meter la papeleta, votar con la cabeza, pensar en el bolsillo cuando se plantifique ante la urna y dejar el corazón para la novia, el novio, el marido, la mujer, el amante o la amante. Hoy nos la jugamos ya del todo. Ustedes mismos.


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