miércoles, 13 de diciembre de 2017

Los secesionistas temieron «hacer el ridículo» con el referéndum del 1-O

Mas advirtió en septiembre de 2016 del desastre económico que podía causar la independencia e hizo hincapié en la reacción de las grandes empresas.

Varias personas hacen cola para votar en el referéndum ilegal del 1-O
 
 
 
El «dietario del procés», escrito de puño y letra por Josep Maria Jové, mano derecha de Oriol Junqueras en el Departamento de Vicepresidencia, Economía y Hacienda de la Generalitat, refleja hasta qué punto el gobierno catalán engañó a los ciudadanos de esa comunidad a lo largo del «procés».
El cuaderno Moleskine de color negro y tamaño medio recoge, entre otras cosas, que en febrero de 2016 los independentistas temían «hacer el ridículo» con el referéndum secesionista si no votaba más gente que el 9-N (según sus propias cifras la participación no habría sido mucho mayor, a pesar de las nulas garantías del recuento), y que Artur Mas advirtió de que la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) podía provocar un desastre económico en Cataluña, cuando oficialmente se vendía que aquello garantizaba la prosperidad de la Comunidad. Además, la agenda de Jové es muy relevante porque permite comprobar que lo que escribe se corresponde con las decisiones que se van tomando después, lo que refuerza su verosimilitud.

«República catalana»

Las anotaciones de Jové abarcan desde el 12 de febrero de 2015 hasta el 11 de noviembre del año siguiente. El 23 de marzo de 2015 ya habla de una «república catalana», de la «independencia» y de la «repercusión internacional» de todo el proceso, y el 1 de junio se jacta de que en Cataluña ERC rompió en 2012 el «bipartidismo socioconvergente»: «El verdadero proyecto revolucionario es el nuestro. Nosotros queremos crear un nuevo Estado en el seno de Europa. Eso sí que es romper con el poder establecido», frente a las promesas de Podemos. Pero admite: «No tenemos un relato épico que ayude a hacer salir eso del silencio. Necesitamos la épica» para triunfar.
El 26 de agosto de ese mismo año hace referencia a una reunión con Carles Viver, exmagistrado del Tribunal Constitucional y asesor de Artur Mas y Carles Puigdemont en la que se trataron temas relacionados con estructuras de Estado, ley de transitoriedad, transición nacional y proceso constituyente. En esta cita se le encarga un informe a Vives «de lo que tenemos y lo que nos falta» -por lo tanto tiene un papel nuclear en la trama golpista- y se especifica que «para la desconexión han de tener garantías no solo jurídicas e impulsar la proyección internacional» para lo que «se tiene que crear un Departamento de Exteriores (futuro ministerio)».
En abril de 2016 se advierte de la necesidad de tener una estrategia bien definida que prevea las consecuencias también en el ámbito parlamentario, e incluso hay temor a multas e inhabilitaciones que, efectivamente, luego se produjeron. Asimismo, se considera clave crear una gran plataforma de debate ciudadano, «utilizando para ello a Òmnium Cultural y la Asamblea Nacional Catalana. Además intentando cerrar la estrategia con la CUP» y tendiendo puentes con Catalunya Sí que es Pot y los comunes de Colau.
En febrero de 2016 comienza a plantearse seriamente la celebración de un referéndum no pactado, que al principio era visto con mucho recelo por «la dificultad de organizarlo y al temor de que votase menos gente». De hecho, creen que harían el «ridículo» si votaba menos gente que el 9-N. Sin embargo, el 30 de junio ya hay anotaciones referentes a Joan Vidal, gerente de Òmnium y exsecretario del gobierno catalán, en las que se habla de elementos necesarios para su celebración, como el censo de votantes, el registro de funcionarios voluntarios o la posibilidad de utilizar doble urna.
Por esas mismas fechas ya asumían que el Gobierno de Rajoy no les haría propuesta alguna y que por tanto acudirían a la vía unilateral. Una de sus principales preocupaciones era la de revestir de legalidad el referéndum, para lo que había que resolver el procedimiento y su tramitación. Además, había que determinar el papel de instituciones como la Intervención General, la Administración Local o los Mossos d’Esquadra, necesarios para su celebración.
El papel que debía jugar el Idescat -Instituto de Estadística Catalán registrado por la Policía hace solo unos días- es analizado en una anotación del 1 de agosto de 2016 en una reunión a la que habría asistido «F. Udina», que según la investigación podría ser Frederic Udina, director del organismo. Se trataba de confeccionar un censo fiable a partir de los datos que envían los ayuntamientos al Instituto Nacional de Estadística, que los trata y cada tres meses los envía a Idescat.

Tecnología necesaria

El desarrollo tecnológico necesario para hacer un referéndum también fue analizado, en lo que el Centro de Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información (CTTI) tendría el papel central, lo mismo que las empresas con las que se llevaría a cabo.
El 7 de noviembre se decidió el rol que cada Departamento de la Generalitat debía jugar en el referéndum y se designó al de Vicepresidencia, Economía y Hacienda como coordinador de todo el procedimiento y encargado de dar las órdenes oportunas. Ese papel se formalizó en julio de 2017. Asimismo Jové dejó constancia de que las decisiones serían colegiadas y que antes de la convocatoria estaría todo licitado y adjudicado a través de «contratos marco» con un calendario fijado, lo que en efecto se cumplió.
 
ABC

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