domingo, 16 de junio de 2019

Carmena, vete a Caracas.


El ama de cría de la momia de Lenin, Carmena, a la que los comunistas irreductibles y los progres patológicos llaman por su nombre de pila como quien invoca un conjuro contra el fascismo, ha sido desahuciada de la alcaldía de Madrid por la empresa de desalojos exprés que han montado en el Foro los restos del naufragio del PP, los castizos de VOX y los afrancesados del novio de Malú, al que, por cierto, se le está quedando la perturbadora mirada de Fernando Trueba porque tiene un ojo en París y el otro en Madrid.

Carmena deja un rosario de gilipolleces municipales, de disparates y de baba pseudorevolucionaria que los barrenderos de Madrid tardarán más de una legislatura en eliminar, y los cronistas de la Villa y Corte esculpirán en mármol en la memoria colectiva de la Capital de España. Desde que Felipe II trasladó definitivamente la Corte a Madrid convirtiendo a este poblachón manchego en la Roma de la Hispanidad, en la Capital de las Españas de ambos hemisferios, o sea en la Capital del Mundo, Madrid no ha padecido un alcalde regidor tan incompetente y venenoso como Manuela Carmena. Y como resulta que en Madrid no ha habido, también desde los tiempos de Felipe II, tanto tonto, tanto pícaro, tanto zángano, tanto desgarramantas y tanto majamigas por metro cuadrado como los hay hoy en día, pues resulta que ese vomitorio de la llamada voluntad popular que son las urnas, le dieron la victoria electoral a la abuelita estalinista que envolvía su veneno comunista en sus ñoñerías de ancianita desvalida y simplona, dulce y rancia.

Eduardo García Serrano
Esta hija de Stalin enseñó los colmillos de su naturaleza política en numerosas ocasiones pero nunca como cuando propuso patrocinar excursiones de los niños de las zonas deprimidas de Madrid para que vieran cómo vivían los niños del barrio de Salamanca, de la Castellana y de Chamberí. Por supuesto, esos autobuses no iban a pasar por el Parque del Conde de Orgaz, que es donde ella ha vivido siempre rodeada de lujo y cantando la Internacional. Quería que en aquellos autobuses de la nueva lucha de clases montaran niños y se apearan milicianos comunistas que son los que a ella, como a Almudena Grandes (otra que tal baila), se la aparecían en sueños de la mano de Eros y Afrodita.

A Carmena la han desahuciado de la jefatura del comisariado político del Ayuntamiento de Madrid. Que se vaya a Caracas con los gorilas rojos del Orinoco, que son tan ricos como ella pero menos “refinados” en la crueldad comunista. Son tan bestias como los milicianos que tanto les gustan a Carmena y a Almudena Grandes. Con un par de añitos de alcaldesa en Caracas, seguro que los venezolanos acababan arrojando a las pirañas del Orinoco al camarada Maduro. A ella, no. Acabaría envenenando a las pirañas e intoxicando el hábitat de la selva, que es lo que ha hecho en Madrid.

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