lunes, 31 de julio de 2017

Por qué lo llama lealtad cuando quiere decir hostilidad

Esther Palomera Cronista política
EFE
Los andaluces portaban banderas verdiblancas dos años después de la muerte del dictador. Era un arranque de diciembre cargado de reivindicación en un país aún preconstitucional y un pueblo que reclamaba el reconocimiento como nacionalidad histórica, una multitudinaria manifestación que volteó la historia andaluza hasta desembocar en el referéndum del 28F de 1980 y el Estatuto de Autonomía de 1981.
Fue aquel 4 de diciembre de 1977, cuando los andaluces desafiaron al agonizante régimen y se lanzaron a la calle para exigir autogobierno. En la memoria colectiva permanece la muerte a tiros en plena represión policial de un joven, Manuel José García Caparrós, héroe involuntario del que muchos consideran Día Nacional de Andalucía. Y todo ello estuvo presente en el discurso de clausura de Susana Díaz del XIII Congreso Regional del socialismo andaluz.
"El PSOE está aquí, en el 4D, en el 28F. Toda una declaración de guerra para avisar a Pedro Sánchez de lo que le espera. Capaz es de montar un 4D a su propio partido. Si en su primer mandato no le concedió ni 100 días, en el segundo le han bastado dos meses para escenificar el enfrentamiento, lo justo para lamerse las heridas, recomponerse para una nueva batalla y proclamar que no aceptará ni el centralismo ni la asimetría. ¿La excusa? La plurinacionalidad. ¿El motivo? No asume el resultado de las primarias.
Díaz vuelve por sus fueros y escenifica una nueva declaración de guerra contra Sánchez
No hay paz ni reconciliación posible. Cuando Susana Díaz promete lealtad -como ayer hizo- tiemblan los cimientos del PSOE o soplan vientos de crisis. La de Triana no conoce más fidelidad que la que profesa consigo misma, ni más nobleza que la que otros practican con ella. Ahora ha encontrado la excusa de la "nación de naciones" para plantar clara al secretario general, pero en el fondo no acepta ni su victoria, ni su modelo de partido ni su forma de entender el socialismo. Antes le pasó con otros.
Repasen su curriculum:
Rubalcaba no se había bajado del AVE a Madrid, tras el congreso federal de Sevilla, cuando ya le había organizado la primera zapatiesta. No le dio respiro hasta que consiguió cobrarse la pieza, tras el resultado de las elecciones europeas de 2014. ¡Lo nunca visto!
A Manuel Chaves y Pepe Griñán les clavó un puñal en lo más profundo de su corazón socialista cuando, por sorpresa y de forma unilateral, anunció que les expulsaría de partido si eran imputados en el juicio de los ERE, y no con la apertura de juicio oral, como establecían los Estatutos.
EFE

A ambos les relegó al ostracismo más absoluto durante años y sólo ahora, hundida y derrotada tras las primarias de mayo, les reivindica. "Pepe, Susana nos ha matado", le dijo Chaves a Griñán en conversación telefónica tras escuchar en televisión a Díaz entregar sus cabezas a cambio de que Ciudadanos apoyara su investidura.
De Pedro Sánchez dijo en 2014 "a este le quiero muerto" antes de que se cumplieran sus 100 primeros días al frente de la secretaría general a la que ella misma le ayudó a llegar para que no lo hiciera Madina.
Ahora vuelve por sus fueros. "Compañero Pedro, tendrás la lealtad de los socialistas andaluces, y la mía la primera. Pero no me hagas elegir entre las dos lealtades porque soy presidenta de todos los andaluces". La frase es para esculpirla en piedra porque la pronunció después de que sus adláteres impidieran la entrada en el recinto del cónclave a varios militantes que portaban una pancarta en la que se leía "Sevilla con Pedro" y antes de que la organización abriera las puertas para que los delegados abandonaran el auditorium en el preciso instante en que el secretario general comenzaba su intervención ante el plenario.
¿La excusa? La plurinacionalidad ¿El motivo? No ha asumido el resultado de las primarias
Susana Díaz no se ha enterado aún que perdió las primarias, que se dejó jirones de credibilidad en el intento de hacerse con el liderazgo socialista; que se ha llevado por delante a no pocos referentes y notables del partido; que su prestigio social y político ha caído en picado; que la política y el PSOE, para bien o para mal, han cambiado y que en esta nueva contienda está sola. El resto de presidentes autonómicos no quiere saber de sus estratagemas, ni de sus excusas, ni de sus maneras. Quizá porque, aunque, proclame amor a la tierra y valentía para levantar la voz dentro y fuera del partido en defensa de los derechos de Andalucía, saben que lo que trama es una nueva operación de desgaste contra un secretario general al que ni respeta ni acepta.
Sabe bien por experiencias que para hacer la paz se necesitan por lo menos dos y que para hacer la guerra basta uno solo. De momento, ha dejado fuera de su Ejecutiva al sanchismo -como hizo el secretario general con el susanismo cuando configuró la suya-, ha tumbado en su congreso la enmienda sobre la plurinacionalidad del Estado que aprobó el cónclave federal y ha lanzado un nuevo aviso a navegantes: "No me temblarán las piernas". ¿Por qué lo llamará entonces lealtad si quiere decir hostilidad?
La guerra continúa.

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