viernes, 27 de noviembre de 2015

Hermann Tertsch: "Iglesias, Monedero y Bescansa están mucho más cerca que nunca de los sicarios de Nicolás Maduro"

Hermann Tertsch: "Iglesias, Monedero y Bescansa están mucho más cerca que nunca de los sicarios de Nicolás Maduro"

"La agresión de Monedero a Rivera es el intento del asesinato civil propio de sicarios de las peores dictaduras"

 
Variaditas vienen este 27 de noviembre de 2015 las columnas de opinión de la prensa de papel. Desde quienes comentan la mamarrachada de Juan Carlos Monedero (Podemos) y sus insinuaciones claras de que Albert Rivera, líder de Ciudadanos, esnifaba alguna sustancia que le sobreexcitaba, a los que se fijan con mucha guasa en la toba que Mariano Rajoy le metió a su hijo menor tras su exceso verbal en los micrófonos de 'Tiempo de Juego' (COPE).
Empezamos en el ABC y lo hacemos con Hermann Tertsch que habla alto y claro sobre Monedero, Pablo Iglesias y Podemos en general.
Está muy ufana y satisfecha la opinión publicada -que en España es más líquida, ilusa y faldicorta si cabe que la opinión pública- con la «transformación política» que ven sus grandes gurús en Pablo Iglesias y su partido. Con lo que consideran su rápida aproximación a una izquierda moderada. «Ya lo anuncié yo», oigo decir y leo a mucho analista. «Yo ya dije que Podemos acabaría integrado en el sistema. Ya han abrazado la moderación». Muchos que aún hace poco se reían o dudaban de la sinceridad de la conversión a la socialdemocracia de quienes todavía hace dos años bailaban con la bandera roja y retratos de Lenin están convencidos de que se han rendido a la lógica del sistema. De que ya han sido integrados quienes presumían de ser la quintaesencia leninista, convertidos en una izquierda convencional democrática de la que, más allá de alguna excentricidad, nada hay que temer.
Subraya que:
Algunos, en cambio, vemos a Iglesias y a Monedero, a Colau y a Bescansa, mucho más cerca que nunca de los sicarios de Nicolás Maduro que el miércoles mataron a un candidato de la oposición en un mitin. En presencia de Lilian Tintori, la mujer del líder opositor que se pudre en la prisión militar de Ramo Verde. Sí, en Venezuela. Nada han dicho de ese nuevo crimen ni del terror en la campaña estos supuestos conversos de Podemos. Cuando es hoy y ahora el crimen y lo perpetran sus socios. Ellos están solo preocupados por evitar represalias militares contra Estado Islámico. Iglesias ha dicho que está demasiado ocupado en España para ocuparse de lo que pasa «en un país tan lejano como Venezuela». Un atisbo de decencia le habría impedido hablar así cuando sabe lo que sabemos. De su íntima hermandad con quienes han convertido aquel «remoto país» en un infierno. Hay cientos de grabaciones de actos de apoyo y manifestaciones de entusiasmo, perruna sumisión y lacayuna obsequiosidad hacia Hugo Chávez y el régimen que hoy aterroriza a la nación venezolana. Maduro amenaza ahora en televisión a su pueblo con tanta violencia, advierte, que la oposición se arrepentiría de ganar las elecciones. Le dice a la oposición que rece por perderlas para no sufrir las represalias que prepara. Esa es la realidad de la que proceden Monedero e Iglesias. De la que han cobrado y según algunas fuentes siguen cobrando para su proyecto político en España.

Y concluye:
La conversión de Iglesias y Monedero a una izquierda democrática solo sería creíble con una abierta y pública condena al régimen con el que colaboraron en Venezuela. Igual que la integridad personal de Iglesias solo es asumible si no homenajea a su abuelo en Villafranca de los Barros intentando perpetuar la mentira del resistente militar. Y, por el contrario, tiene el valor para una proclamación política de grandeza que sí le daría otra dimensión personal. Sería el franco y sincero reconocimiento de los crímenes que cometió su abuelo, con una manifestación de luto por sus víctimas, entre ellas el marqués de San Fernando, Joaquín Dorado y Rodríguez de Campomanes. Sin una ruptura con el crimen no se puede pretender formar parte de la comunidad democrática. Se ha visto con Bildu y demás franquicias etarras. Se ve con Podemos. No hay alejamiento real de los postulados totalitarios y el crimen que siempre han defendido. Todo lo contrario. El juego del poli bueno, poli malo, de Iglesias y Monedero no oculta la siniestra vocación real. La agresión a Albert Rivera con una campaña de difamación sin precedentes en la democracia española es el intento del asesinato civil propio de sicarios de las peores dictaduras. Es el asesinato virtual de quienes no condenan los crímenes reales porque siguen siendo para ellos hazañas ejemplares.
David Gistau filosofa en su columna sobre la colleja de Mariano Rajoy a su hijo tras definir como "basura" los comentarios de Manolo Lama en un conocido videojuego:
A Ignacio Camacho lo tiene escamado la estrategia de los políticos para «humanizarse» en televisión mediante trepidantes actividades que parecen las de una quincena de vacaciones en el Club Med: ping-pong, tirolina, «rallies», bailes, karaoke, cursos de cocina, bicicleta, fútbol e incluso sexo, ya que la alcaldesa Carmena se nos ha humanizado, tal vez demasiado, mediante el elogio de su clítoris y la renuncia, ignoro si programática, a encontrar el punto G. Era verdad lo del posibilismo de Podemos: por qué atascarse en la utopía del punto G disponiendo de la certeza del clítoris. ¿Se refería a esto Iglesias cuando corrigió sus vehemencias revolucionarias al decir que el cielo se asalta tocando el timbre?
Recalca que:
Pese a todos estos intentos en los que a veces corre peligro la integridad física del candidato, el único momento en que de verdad hemos contemplado la humanización de un político profesional fue la otra noche cuando el hijo de Rajoy dijo en COPE que las narraciones de Lama son «una basura» y Rajoy le arreó una colleja (a su hijo, no a Lama). Fue una colleja antigua y españolísima, como las de don Pantuflo, una colleja de clase media que determina el único instante de toda la legislatura en que hemos visto ser espontáneo a un político que en sus discursos se ufana de haber doblado hierático el Cabo de Hornos. Cómo no imaginar ahora a Rajoy pegando collejas con música de Benny Hill a todos, políticos de la oposición y tertulianos, cuantos no compartimos la emoción de su propio gol relatado, el de la recuperación y la intervención evitada. Rosa Díez y Pdr Schz se le sentaban demasiado lejos en el hemiciclo, pero ahora sabemos que todas las frases desdeñosas que les dirigió, las de su supuesto brío parlamentario, fueron en realidad collejas por otros medios.

Y sentencia:
Con lo boba y lo cursi que salió la niña de Rajoy durante aquella campaña de 2008, y hete aquí que el niño de Rajoy es un Beavis & Butthead inesperado, desinhibido como nuestros propios hijos, que humaniza al padre sin el riesgo de lesión de la tirolina. Andaban los guapos por las teles diciéndose sexis y dando rienda suelta a su narcisismo de hacedores de la Segunda Transición, y resulta que el «hit» electoral va a ser la colleja de Rajoy. Ahí tiene el presidente un «gag» para repetirlo durante toda la campaña, igual que Iceta cuando hizo el descubrimiento de bailar Queen. Pobre niño, con su éxito de una sola frase. Lo veo en todos los mítines, en los más remotos pueblos a los que vaya el candidato a arrancar votos. Expondrá Rajoy su fría pedagogía de la recuperación, pero el público le hará ¡buuuu! y pedirá al niño, ¡que salga y diga lo de Lama! Entonces caerá la colleja, seguida de un golpe de platillo en la batería como cuando eran subrayados los chistes del «rat-pack». Hala, veinte mil votos por colleja. Dos semanas de campaña son demasiadas collejas. Tal vez en esto, como en los debates, pueda hacer Soraya Sáenz de Santamaría de doble para las escenas de acción.
Carlos Herrera le mete de lleno al PSOE en el Ayuntamiento de Madrid por partida doble. Primero, por su sectarismo con el callejero y después por dejarse timar por los podemitas de Ahora Madrid que les han dejado con las vergüenzas al aire diciéndoles que lo de cambiar los nombres de las calles como que ahora no toca (o al menos no cuando quieran los socialistas):
Es una cuestión de tiempo que el Ayuntamiento carmenita de Madrid le retire la calle a Dalí o a Muñoz Seca. Dando igual que uno fuera un genio surrealista aún no alcanzado u otro un soberbio creador de los convulsos años treinta españoles. O que se la retire a los cientos de seres humanos que resultaron asesinados en Paracuellos por sicarios comunistas al cargo de la «defensa» de la capital. O que se la retire al peligroso extremista asesino Agustín de Foxá, personalísimo diplomático autor de uno de los mejores relatos de la Guerra Civil titulado «Madrid, de Corte a Checa» del que tanto se ha hablado desde que algunos se propusieran destruirlo. Se acercan las elecciones generales y convienen las posturas electorales que permitan lucir determinado músculo memorialista, que hagan posible lucir una determinada y tajante voluntad de ajuste de cuentas.
Rememora que:
La mamarrachada jurídica que supuso la zapaterista Ley de Memoria Histórica fue una efectiva manera de meter la mano en el cajón en el que andaban guardados los rencores de setenta años atrás, esos que el insoportable adanismo de unos cuantos pipiolos de edad tardía quieren recuperar para el consumo diario de los civiles de hogaño. Cuando, pasada la mitad de los setenta, se optó por poner a buen recaudo las pendencias del pasado al objeto de despegar sin cargas hacia un futuro que todos merecíamos, no era posible tener en cuenta el resentimiento retardado que iban a lucir tipos que por aquél entonces tenían muy pocos años o que, si acaso, aún no habían nacido. Con los años, al calor de la política pequeña y rastrera de un gobierno de mediocres, se decidió revivir los rescoldos casi apagados de la desastrosa primera mitad del siglo XX español, y se optó claramente por revisar cada episodio fratricida con la idea de distinguir buenos de los malos según criterios partidistas y condenar a todo tipo de destierro político a los objetores. El PSOE de hogaño, heredero de las iniciativas del Zapatero Prodigioso, busca hoy en día afanosamente cualquier oportunidad para significarse en esa lucha y para no ceder terreno, en la medida de lo posible, al vendaval supuestamente purificador de la extrema izquierda podemista.

Y remata:
Véase el Ayuntamiento de Madrid, gobernado por una caterva de incompetentes gracias al apoyo del PSOE de Carmona y compañía -aunque Antonio Miguel haya sido ya orillado-, los que en teoría no iban a pactar con populares ni populistas. Secuencia de los hechos: los socialistas olisquean relevancia en el asunto del callejero «franquista» que un par de abogados ociosos han confeccionado y proponen ejecutar cambios radicales; Ahora Madrid, sus patrocinados, dicen que sí, pero a la hora de votar en pleno ven la jugada y el beneficio que quieren obtener Causapié y sus mariachis y deciden abstenerse. Todo por ser ellos los que obtengan el supuesto bonus de la iniciativa política. El PSOE se hace la vieja dama ofendida y ve como el caramelo de borrar del callejero a Eugenio D´Ors se deshace al sol de las aceras. A los otros se la suda y, sabedores de que los socialistas no van a tener valor para removerles de donde les pusieron, se disponen a discutir cuando les convenga a ellos y cuando puedan obtener un beneficio concreto la cosa esa de las calles de un puñado de generales de entonces. Y a los amigos que les brindaron la alcaldía que les vayan dando; cosa que tienen merecida por colocar en el gobierno a unos tipos a los que, en el fondo, tanto se parecen.
El capricho absurdo costará dinero al consistorio y trámites farragosos a los vecinos de las calles en cuestión. Y la vida de los madrileños no mejorará en absoluto por ello. Pero unos cuantos políticos de pensamiento descalzo sentirán el cosquilleo del cretinismo. Algo es algo.
En El Mundo, Federico Jiménez Losantos denuncia los acuerdos tácitos que, al parecer, existen entre el Consejo de Ministros, sea del color que sea, y la empresa Abengoa:
El PP y el PSOE son incapaces de ponerse de acuerdo para frenar el separatismo catalán, combatir el terrorismo islamista, despolitizar la Justicia, hacer más competitiva la Empresa y menos penosa la Educación, pero coinciden en la imperiosa necesidad de rescatar Abengoa, la empresa que, de la mano del favor político, puede protagonizar la mayor quiebra de la historia de España. Hace años que Abengoa andaba semiquebrada, pero vadeaba la falta de ingresos con la plétora de subvenciones, la incapacidad para generar flujo de caja con la capacidad para fichar con pingües sueldos a políticos de campanillas que a su vez conseguían dinero del contribuyente para seguir innovando esa antiquísima forma de energía solar que consiste en acercarse al sol que más calienta, que es el del Presupuesto.
Destaca que:
Carezco de la «sensibilidad» que ha reclamado la ministra Báñez para hacer frente a la crisis de una empresa privada con el dinero que falta para otras cosas, por ejemplo, para bajarnos los impuestos. O para el recibo de la luz. La luz es cara porque dijo Zapatero que había que ser respetuosos con el medio ambiente. Y ahí estaba Abengoa, colocando en su Consejo a Borrell, marido de la ministra de Medio Ambiente. Y a Carlos Sebastián, hermano del ministro de Industria y garante de la energía alternativa. Y tan alternativa y tan enérgica era Abengoa que, cuando alternó el Gobierno, quitó al hermano de Sebastián y puso en su lugar a Martínez Rico, mano derecha de Montoro en Hacienda cuando Aznar, y mano izquierda, que no tonta, en la asesoría Montoro y Asociados, luego Equipo Económico, que, por esas cosas de la vida, era cliente de ese despacho capaz de adelantar lo que publicaría el BOE antes que nadie. ¡Cómo no, si lo escribía!

Y recuerda que:
No es metáfora. En 2012, la crisis llevó al ministro Soria a proponer una rebaja en la subvención a las renovables, en especial a las solares. Pero Montoro esgrimió un informe de lo más técnico, desaconsejándolo. Soria, sacó entonces una copia del mismo informe, con membrete de Abengoa, que le habían mandado días antes. ¿Redactado por la empresa o por sus asesores? El caso es que abengoanó Montoro... y Soria sigue de ministro. Mientras no se aclare la diferencia entre el Consejo de Administración de Abengoa y el de Ministros, por mí, que quiebren ambos. Pero no nos quiebren más la cartera.
Finalmente, Santiago González se ocupa de un personaje al que hace unos días no traíamos a colación en esta sección, el disparatado de Artur Mas y sus demencias separatistas:
Nadie podría llevar al cine el esperpento catalán, esa españolada. Faltan las personas claves para materializar la historia. Azcona y Berlanga para armar la narración; Sazatornil y Mary Santpere encarnando a los protagonistas. Objetarán que el gran Saza era más alto que el pequeñoArtur, pero así son las cosas en la ficción. Cuando Albert Boadella armó Ubú, president, era evidente que el actor Ramón Fontseré era mucho más alto que Pujol, el bonsai al que encarnaba. La realidad siempre es más chaparra que el arte que la cuenta. Berlanga conseguía escenas corales con siete u ocho personajes en cuadro que se movían sin tropezarse unos con otros ni salirse del fotograma. Es algo que no acaban de conseguir los personajes de esta ópera bufa a pesar de sus tamaños recogidos.
Subraya que:
La última propuesta de Mas para seducir a sus improbables socios de la CUP es una presidencia coral, asamblearia. Mas sería un hombre de paja, dicho sea sin ánimo de señalar, sostenido en la Presidencia por Raül Romeva, cabeza de lista de JpS; Oriol Junqueras, por ERC, y Neus Munté, por Convergència. A uno le parece que para redondear la oferta, el profesor Junqueras debería confiar la Presidencia de Esquerra a su cabeza de lista por Barcelona, Gabriel Rufián, un nombre de arcángel y un apellido que es pura justicia onomástica.
Es imposible saber si la CUP acabará siendo sensible a la permanente rebaja de sus presupuestos éticos y estéticos con que les está obsequiando un hombre que no ha dudado en ponerse en ridículo desde su segunda intentona de acceder a la Presidencia en 2006. Visitó la tumba de Guifré el Pilós para pedirle el voto y juró ante notario (tres para mayor seguridad: Joan Carles Ollé, Inma Domper y Lluís Jou) que jamás de los jamases pactaría con el PP, promesa que violó en cuanto se salió con la suya al tercer intento en 2010, firmando un pacto de legislatura con Alicia Sánchez-Camacho. Claro que como a él las legislaturas le duran tan poco debió de parecerle un pecado venial.

Finaliza que:
Los antisistema están divididos entre los que se muestran sensibles a las presiones de Convergència y sus juventudes, que han colgado al honorable en funciones cabeza abajo en un cartel, que parece escrito originariamente en castellano (Hasta nunca, Mas) y traducido al catalán después (Fins mai, Mas).
He aquí un hombre portentoso. Quería la ruptura de España y sólo ha roto Cataluña, la coalición CiU y los dos partidos que la formaban: CDC, que se ha disuelto para refundarse como Democràcia i Llibertat, y UDC, que ha sufrido una escisión por Demòcrates de Catalunya. Ya sólo le falta romper la CUP para convertirse en Caius Detritus, el personaje de Astérix en La Cizaña. Así se explicaría la metáfora de Homs y su horror a las hienas que amenazan con comerlos.
Fuente:Periodista Digital

 

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