sábado, 13 de septiembre de 2014

Ocho falsos mitos del independentismo que no leerá en prensa catalana

El Gobierno y su partido deben responder a la mentira con verdad, a la ruptura con firmeza y a la agresión con dureza. Tiene que quedar claro que cualquier intento secesivo será anulado.
 
 
 
 
 
 
 
 
En estos días de tanto fervor constitucional por un lado y tanto neopatriotismo neocatalán por otro, habría al menos 155 razones para argumentar ante unos y otros que el enfrentamiento es demencial o cuando menos está pésimamente planteado. Pero cuando se enfrentan intereses ocultos que quieren seguir siéndolo, y lo hacen manipulando propaganda, mentiras, sentimientos y buenas voluntades de masas cuidadosamente deformadas durante mucho tiempo para llegar a este punto, se da la tentación de la impotencia. La Diada catalanista es sólo una ocasión más de comprobar la debilidad de la verdad y la cercanía de abismos impensables.

Sin embargo, ya que los medios del régimen ignoran desde su origen la manifestación en Tarragona de Sociedad Civil Catalana, como ignoran que la resistencia de 1714 fue "por la libertad de toda España" y toda explicación positiva, y ya que España entera se ha empapado de falsos argumentos de unos y de otros, quizá más que dar razones para la verdad lo que necesitemos sean respuestas breves para las sinrazones de las mentiras. A modo de venablos para quien quiera defender España contra las dos opciones que fingen enfrentarse.

1. No es una cuestión de interés económico catalán. España no roba a los catalanes, ni a Cataluña como tal; ante todo, porque Cataluña es España y cambiarse la cartera de bolsillo no sería un robo. Pero no hay tal robo porque sólo gracias a toda España la burguesía catalana y por defecto la región ha llegado a su actual riqueza relativa; y porque el saldo de intercambios y fiscal, si consideramos la riqueza por habitante, es favorable a las cuatro provincias, como lo ha sido desde el franquismo. Ser España no ha empobrecido a los catalanes, dejar de serlo sólo beneficiaría a una pequeña parte de la casta política, social y económica.

2. Mucho menos es una cuestión de "no conveniencia". Es irritante escuchar a autoridades, notables e intelectuales que tienen el deber de defender a España hablar en tono comprensivo a CiU y a ERC diciéndoles que "no conviene a la economía catalana" la independencia. Nunca se ha usado de peor manera un argumento más absurdo. El independentismo no existe para crear riqueza, ni la gente de la calle se hace independentista por un cálculo económico. El apoyo social al independentismo es sentimental, es educativo, es propagandístico, es decir que depende de muchas cosas que no son la economía. Cifrar la lucha contra el independentismo en una pacata explicación económica es o una estupidez, o una pura colaboración con el enemigo, o quizá las dos cosas. En todo caso, implica no saber de qué estamos hablando.

3. No es una cuestión de más o menos democracia. Para un catalanista, Cataluña existe independientemente de la voluntad popular, que será sólo en el mejor de los casos un reflejo social de una realidad. Ellos mismos relativizan su referéndum: si se celebrase y venciesen, sería un argumento; si perdiesen, no van a renunciar ni a su plan ni a su visión de las cosas. No son sinceramente demócratas, o no lo son de modo absoluto. Por de pronto, imponen el sujeto de la decisión democrática (una Cataluña que jamás ha sido sujeto soberano), mientras que lo que se está decidiendo es el futuro de toda la nación española.

4. Tampoco España es por ser democracia. Y tampoco el conjunto de los españoles puede decidir en esta materia. España no existe o deja de existir porque lo digan los españoles de hoy, ni una mayoría de ellos. Es un mal argumento referir la decisión a la voluntad popular española de 2014, porque lo que se está decidiendo es la vida de una comunidad popular proyectada en los siglos de la que los españoles de hoy somos sólo depositarios temporales. No valen plebiscitos ni para decidir sí ni para decidir no.

5. Cataluña no es Escocia. España no es Gran Bretaña. Hasta 1707, y con muchas guerras y algunos reyes compartidos, Escocia e Inglaterra fueron reinos distintos con instituciones diferentes. Su Unión que creó el Reino Unido fue la adición de dos sujetos previamente soberanos, con una constitución dispersa o no escrita, en la que la secesión cabía y cabe. Por eso ni el referéndum británico de septiembre tiene nada en común con el proyecto catalanista de noviembre… ni la posición previa de Cataluña nada en absoluto con la del primer reino de los Estuardos.

6. En 1714 no terminó ninguna soberanía. El 11 de septiembre la Generalitat celebra con dinero público español eso que llaman la Diada. ¿Y qué es? 300 años de la caída de Barcelona a manos de las tropas borbónicas en la Guerra de Sucesión, una guerra civil española e internacional europea en la que dos candidaturas optaban a heredar al rey Carlos II, con catalanes en los dos bandos y queriendo ambos poseer la monarquía hispana, y no dividirla.

Sólo una manipulación catalanista post mortem de la historia y de las aulas ha convertido aquello en un imposible intento de secesión. Mentira sobre mentira, aunque Henry Kamen lo llame más prudentemente en España y Cataluña "desinformación" sobre el pasado, "mal estudiado por los historiadores y sistemáticamente distorsionado por ideólogos, políticos y periodistas". De hecho, los catalanes creían antes y creen hoy esencialmente en su mayoría lo mismo "la creencia en la unidad de España, pero también en la esencia y el carácter particular del pueblo catalán". Pero si a una mentira secular y sentimental no se responde o se responde a gusto de Pedro Arriola pasan estas cosas.

7. Cataluña no es una ley. Cataluña no es España por derecho de conquista en 1714, porque no hubo tal conquista. No lo es al morir Juan II y convertirse Fernando el Católico en rey de Aragón, básicamente porque ya lo era, y ambos reyes eran de la catalanísima dinastía de los… Trastámara. No lo es en el Compromiso de Caspe de 1412, porque todos los miembros de la Corona de Aragón aceptaron un rey, como ya lo habían tenido antes. Sencillamente, en ningún momento Cataluña es un reino, ni un espacio soberano con ningún nombre; y ha participado en todas las empresas hispanas desde que Roma, los visigodos, la Reconquista y la expansión exterior dieron a la vieja Hispania una personalidad a la vez unida y variada. Todo eso no lo da ni lo quita una ley, sea el Estatuto o cualquier invento por venir.

8. España no es una Constitución. Del mismo modo, España no es un invento de 1978. España no existe porque unos cuantos políticos luego corruptos se pongan de acuerdo en sus conveniencias; porque España ya era. Por eso es un error, quizá bienintencionado pero error, referir la defensa de la Unidad a la defensa de esta Constitución. España es antes de ella, y Cataluña como parte constitutiva, y la experiencia de siglos nos hace pensar que más durará España que su actual forma legal, salvo que alguien quiere divinizarla en su propio provecho.

Artur Mas, como todo el nacionalismo, miente en lo que dice y se equivoca en lo que hace. En su caso, además, en provecho económico de CiU. Todas sus razones pueden ser como vemos desmontadas. Y si las palabras no bastan (cosa que no sabemos, porque los medios oficiales y oficiosos no lo han intentado aún), el Estado dispone de los medios legales y materiales, pese a los recortes, para imponer la unidad a cualquier precio. Si quedase clara su voluntad no haría falta hacerlo. Aún no es así, y eso hace temer un año complicado.

Mariano Rajoy quizá hable en beneficio de su partido y sus intereses cuando dice a los suyos que "elijamos el campo de juego, que para el PP es el relato económico", convirtiendo sus éxitos materiales en su única voz. El interés de la nación española no es ese. El Gobierno y su partido deben responder a la mentira con verdad, a la ruptura con firmeza y a la agresión con dureza. Sólo si queda claro que cualquier intento secesivo será anulado Rajoy cumplirá con su deber. Creo, además, que el PP dejaría así de perder votos, pero parece que Arriola prefiere en eso nutrir a Podemos. No dudo de su inteligente progre izquierdismo, pero en Cataluña tiene entre manos una responsabilidad histórica de esas que luego queman.
 

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