Un paseo por la prensa de izquierdas española
Baltasar Garzón
En su día, ‘El País’ se escandalizaba del paso del ya ex juez por la política y criticaba sus actuaciones.
Baltasar Garzón
En su día, ‘El País’ se escandalizaba del paso del ya ex juez por la política y criticaba sus actuaciones.
Ah, qué tiempos aquellos en los que ‘El País' se la cogía con papel de fumar y, puestos a manipular, lo hacía con arte!
Era cosa de un dato elidido, la connotación de un verbo o un adjetivo cargado de dinamita. Pero los titulares contaban a su modo lo que pasaba.
Miren ahora: "El Supremo acaba con Garzón" ( "fulmina", en páginas interiores).
No le condena a inhabilitación durante 11 años, no: acaba con él.
Pero es que es el ‘juez estrella', y hasta han encargado una encuesta cuyos resultados sacan a primera:
"Seis de cada 10 españoles creen que el juez sufre ‘persecución".
Quizá es por eso por lo que confiamos la justicia a expertos, llamados ‘jueces'.
Algo que ‘El País' comprende perfectamente cuando le conviene.
Eso era antes, esto es ahora
Igual que convierte al ‘juez-vedette' en Emiliano Zapata cuando interesa. No siempre fue así. Hubo un tiempo en que Garzón era para Prisa "el juez campeador".
El ‘diario de referencia' recordaba otrora que el magistrado "se había atenido estrictamente a la insólita ley española introducida en 1985 por el PSOE, que permite a los jueces ensayar la política y regresar a su función judicial, incluso con ‘reserva de plaza', como en tiempos de Franco" y señalaba:
"Otros delincuentes, ya condenados, gozan de insólita libertad y privilegios gracias a las peculiares fórmulas de Garzón de interpretar el papel de inculpados, víctimas y acusadores en las causas que instruye".
Sólo uno más, de muchos:
"Curiosa instrucción, que permite a alguien pasar tan fácilmente de acusado a acusador, de presunto delincuente a víctima del delito. Por mucho que se trate de sumarios diferentes, no deja de ser llamativo que sólo un día después de este sorprendente pronunciamiento el juez haya citado a Roldán como testigo en el ‘caso GAL' para que declare sobre el uso de fondos reservados".
¿Qué ha pasado en este tiempo para que aquel pésimo juez se convirtiera en el actual mártir oficial de Prisa?
No es difícil contestar: por entonces, Garzón actuaba contra el Gobierno felipista, mientras que ahora es "uno de los nuestros".
¿Repugnante? Sí, probablemente. La justicia objetiva, los fundamentos de derecho, la ley: eso es para burgueses.
"Acataremos la legalidad mientras nos convenga", que decía don Pablo Iglesias.
No sé si es más triste que preocupante que la independencia judicial sea tan extraña a nuestra mentalidad que el común juzgue una sentencia según la tribu política a la que pertenezca.
Lo resume magníficamente un titular de ‘Público':
"La izquierda condena un fallo que secunda la derecha".
Es lo que hace Ignacio Escolar al repetir en múltiples contribuciones a su blog que las querellas partían de "cualquier incalificable que se acercase al Supremo -Correa, Manos Limpias o la Falange-".
Ya sabe, si es usted un imputado o pertenece a una asociación políticamente incorrecta (Nacho ya le dirá cuál), usted está fuera del sistema, privado de derechos y no puede acudir a los tribunales.
Eso de que la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero, es algo que los ‘adhoministas' de la izquierda no pueden concebir.
Justicia revolucionaria, ya
En "La Gürtel vence al juez Garzón", Nacho expresa la misma impaciencia con las garantías judiciales:
"Ya tenemos al primer condenado de la Gürtel. El juez que destripó la mayor trama de corrupción política de la democracia pierde la toga para siempre".
En su juvenil impaciencia, Nacho olvida que no es el "primer condenado de la Gürtel", sino de su propio caso, que un magistrado es el primero que debe respetar garantías tan obvias como la confidencialidad entre abogado y cliente -¡ah, donde estén aquellos Juicios de Moscú...!- y que la Gürtel, por mucho que lo repita, no es ni de lejos "la mayor trama de corrupción política de la democracia", que los peperos tienen todavía que tomar mucho Cola Cao antes de ponerse a la altura del felipismo en esta categoría olímpica.
‘Público' se pone melodramático y titula, sin más, "Ajusticiado", bajo una pequeña foto de Garzón en la que su bufanda parece simular una horca.
La izquierda se especializó en extrañas equivalencias morales, como cuando comparaba la ‘caza de brujas', en la que unos cuantos guionistas perdieron el trabajo, con las purgas de Stalin, en las que miles perdían la vida.
Debe de ser por eso por lo que inhabilitar a un juez condenador por el Supremo equivale a ‘ajusticiarlo'.
Para ser justos, el consenso no es a la búlgara, y las excepciones son muy interesantes.
En ‘Público', Arturo González, a quien nadie podrá confundir con un ‘neoliberal', tiene una columna titulada sucintamente "Garzón" (en contraste con la de nuestro inefable Schwartz y su "Vergüenza suprema"):
"Con todo dolor de corazón, leída la sentencia, debo decir que la condena por prevaricación contra el magistrado-juez Garzón me parece procedente y adecuada a derecho, y ello por una razón rotunda, clara, precisa y contundente que entendería un niño: bajo ningún concepto se pueden intervenir las conversaciones de un preso con su abogado. Punto".

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