viernes, 1 de junio de 2018

¡Me duele España!


¡Me duele España!

Tomo prestado el grito de angustia de don Miguel de Unamuno para expresar lo que siento ante la situación de mi Patria, llevada a una grave crisis por una clase política que sólo piensa en sí misma.
El partido por encima de la Nación
Tenemos un presidente del gobierno que prefiere que el país se hunda con él antes que dimitir. Le acompaña un PP que le justifica apelando al interés del partido, y no el interés de España. Son los mismos que asumieron el discurso de la izquierda en casi todo, desde el aborto a la ideología de género pasando por la “memoria histórica”, traicionando a gran parte de su electorado, en la creencia de que esos votantes jamás les abandonarían por miedo al PSOE y a Podemos. Al final, con este PP hemos tenido lo mismo que con un gobierno de izquierdas. Aplicó el 155 tarde, mal y a rastras, dejando TV3 y la educación catalana en manos del separatismo, evitando promover la persecución contra los golpistas: de eso se tuvo que hacer cargo Vox incluso pidiendo donativos para ello. Sin el menor rubor, la semana pasada Rajoy pactaba sus presupuestos con los separatistas del PNV, los mismos que hoy le han dejado caer. La izquierda y el separatismo agradecen hoy al PP los favores prestados con una moción de censura.
Pactando con los enemigos de España para gobernar España
Al otro lado del hemiciclo, el panorama es tanto o más patético. Hoy Pedro Sánchez no ha tenido reparos en flirtear con los golpistas catalanes e incluso con los separatistas de Bildu, esos miserables que aún hace unas semanas se negaban a condenar el terrorismo etarra. Que el dirigente del PSOE pretenda gobernar España con el apoyo de quienes quieren verla rota y humillada es una indignidad propia del personaje, y es un hecho no menos grave que su búsqueda del apoyo de la franquicia española de las dictaduras de Venezuela e Irán. Pero más grave aún es el hecho de que Pedro Sánchez no haya tenido la decencia de anunciar públicamente qué clase de compromisos ha alcanzado con sus aliados en esta moción de censura, y qué efectos van a tener para España. Por las intervenciones de Pedro Sánchez hoy en el Congreso, nos podemos hacer una idea: nuevas cesiones a los separatistas, indultos para los golpistas en prisión y un posible gobierno de coalición con Podemos. Dije aquí en 2016 que es preferible un PSOE roto a una España rota por culpa de un PSOE sin escrúpulos. Algunos insistían entonces en afirmar lo necesario que les parece ese partido para España, olvidando tal vez que el PSOE tiene una larga tradición de pactos con lo más hediondo del mapa político, unos pactos en los que siempre ha demostrado que España le importa un pimiento, y que lo único que le preocupa es ostentar el poder para tratar a nuestra Nación como su cortijo particular. Es precisamente eso lo que el PSOE lleva haciendo casi 40 años en Andalucía, que es hoy la región española con más casos de corrupción.
Cuando importan más Venezuela o Irán que España
De Podemos, ¿qué decir que no haya dicho ya en todos estos años? El de Pablo Iglesias es un partido interesado en que haya inestabilidad para pescar en río revuelto. De hecho, no podemos olvidar que en 2013 Iglesias reconoció que se dejó usar por Irán para desestabilizar España. En línea con ese propósito, Podemos ha estado jaleando el golpe separatista con una total desvergüenza, incapaz siquiera de aparentar ni una pizca de respeto por España incluso después de que Pablo Iglesias haya salido presumiendo de patriotismo unas cuantas veces. No debemos olvidar que Podemos gobierna con Bildu en Navarra, incumpliendo la promesa de Pablo Iglesias de que sólo gobernaría con ellos si condenaban el terrorismo de ETA. Lo que el partido de ultraizquierda está dispuesto a hacer por llegar al poder ya nos lo demostró en 2015, cuando Podemos ofreció la ruptura de España como pago al apoyo del separatista Beiras en Galicia. Digámoslo sin rodeos: a Podemos le importa España mucho menos de lo que le importa Venezuela e Irán. El de Pablo Iglesias es el típico partido comunista: totalmente apátrida y dispuesto a obedecer las órdenes de sus amos extranjeros con la misma docilidad con la que los comunistas franceses obedecieron a Stalin en 1940, incluso boicoteando el esfuerzo de guerra de su país contra la Alemania nazi.
Jugando a la ambigüedad y el oportunismo
Mención especial se merece Ciudadanos. Esta moción de censura ha tenido lugar tras el ultimátum de Ciudadanos a Rajoy la semana pasada, tras dar por “liquidada” la legislatura por la sentencia sobre el caso Gürtel. El argumento del partido naranja tendría lógica si no fuese por un hecho: es el mismo Ciudadanos que sostiene al PSOE en Andalucía, cuna de uno de los mayores escándalos de corrupción de nuestra democracia, el caso de los EREs. Al final, el órdago le salió mal a Albert Rivera y a los suyos, de tal forma que sus diputados resultan irrelevantes ante el pacto con el separatismo y la ultraizquierda urdido por Pedro Sánchez. Ciudadanos ha jugado las cartas de la ambigüedad y del oportunismo, intentando captar votos de centro-derecha para hacer políticas de centro-izquierda, con espectáculos tan penosos como el ofrecido con la prisión permanente revisable, a la que primero criticaron para luego apoyarla. Lo mismo hicieron en Cataluña: primero rechazaron la aplicación del Artículo 155, para al final pedir que se prolongase su aplicación. ¿Qué seguridad puede tener un votante ante un partido veleta como éste?
¿Qué salida hay?
Hoy, ante este penoso espectáculo, me queda muy claro que España sólo podrá levantar cabeza si somos cada vez más votantes los que nos liberamos de las ataduras partidistas y decidimos apostar por una opción que piense ante todo en España, que profese un patriotismo sincero y que combata a los separatistas con firmeza y sin tapujos, y que no se someta a los dictados del pensamiento único progre, esa ideología que comparten esos cuatro grandes partidos en mayor o menor medida, y que es la que ha llevado a España a este callejón sin salida en el que se encuentra ahora. Va a ser una tarea difícil, pero no es imposible: para llevarla a cabo tendremos que sacudirnos décadas de complejos y estar preparados para una travesía del desierto que no será agradable y que está llena de peligros. Pero al menos esa opción ya está en marcha: se llama Vox.

1 comentario:

jamesfo8376 dijo...

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